27/6/09

“La cremación”


Estamos muy cerca de nuestro destino.
Hemos llegado a la entrada de la aldea a la que nos dirigíamos.
Pero aún no hemos pasado.

En el Sur hace bastante calor. Esto no se parece en nada a mi frío pueblo.
Ya no tengo que llevar esa gran capa que Josué me dio los primeros días.
Ni tampoco tenemos que encender una hoguera todas las noches, ya que no hace falta para calentarnos y ni tan siquiera hay animales salvajes que nos puedan atacar (el fuego ha sido un gran aliado durante la travesía. Gracias a él, no hemos tenido que vigilar durante la noche oscura, ni hemos tenido encuentros con las bestias de las montañas).

Lorenzo ha querido volver sobre nuestros pasos, para enseñarme una cremación.
Hemos llegado a un gran círculo de tierra blanca. En él hay una especie de mesa alta hecha con troncos de árboles viejos. Sobre esa mesa, yace una persona muerta.
Parece ser que aquí no tiran a los muertos (como sí hacen en mi aldea y en los alrededores que yo conozco), sino que les hacen una fiesta con música y bailes, y su cuerpo es quemado rodeado de flores y guirnaldas de vivos colores.

Estoy viendo la escena y apenas si puedo entenderlo. ¡Queman y veneran a los muertos! No tienen miedo de que les persiga la muerte y la desdicha en sus hogares. Parece gente muy valiente.

Josué ha venido a hablar conmigo. Dice que no me asuste. Que tengo cara de terror. Yo le he dicho que es más bien de sorpresa. Nunca había visto nada parecido. Él ya me había contando algo, pero verlo es diferente. Sé que las costumbres de mi pueblo son supersticiones, pero al final son cosas que se meten muy dentro de ti, y es difícil de deshacerse de ellas.

Seguiré observando detenidamente.
Besos para todos.
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21/6/09

"El maestro"


Aún no hemos llegado al Sur. Parece ser, que ya no queda muy lejos.

Todos estos días y mientras caminábamos, el maestro de Josué ha estado enseñándome.
Lorenzo me ha contado la manera de hallar el silencio mientras caminamos.

Le dije a Josué, que estaba algo malhumorada por los acontecimientos… fue entonces, cuando llamó a su maestro. Éste todo veloz, llegó hasta donde estábamos nosotros (Lorenzo siempre va unos metros por delante. Es muy difícil alcanzarle). Y desde ese momento no se ha separado de mí.

La verdad es que estoy mucho mejor y bastante contenta. El desánimo que tenía se ha evaporado… ahora sólo tengo ganas de llegar al Sur y de seguir descubriendo cosas nuevas.

Lorenzo habla muy despacio. Medita todas sus palabras y sólo con estar a su lado, ya te tranquiliza. Josué también ha estado a nuestro lado, escuchando al maestro. Dice, que a pesar de haberlo oído miles de veces, nunca se cansa de escucharlo.

- ¡Vamos Josué! – Exclama a menudo Lorenzo – Ya mismo estaremos en nuestro destino y hemos de acabar de enseñar a Serena todo lo previsto…
- Sí maestro – Le responde Josué muy risueño – El camino no se acabará si no terminamos de enseñar.

Quieren ayudarme a llegar al Sur, con muchos conocimientos. Yo les he dicho, que mi mente tiene un límite y que es posible que la mitad de las enseñanzas se me olviden. Muy optimistas, me dicen los dos al unísono: “- Serena, todo lo que escuchas está en tu mente. No se te olvidará. Tu mente no tiene límites”.
Bueno, yo ahora mismo creo que sí que los tiene… ya no recuerdo lo que hace tres días me enseñaron… de lo que sí me acuerdo es de cómo “discutían” entre ellos, queriendo llegar a un acuerdo de qué era lo mejor para mí… parecían niños… la verdad es que estoy muy entretenida…

Voy a seguir con la lectura de uno de los manuscritos de la gruta…
Dicen que más tarde me preguntarán sobre ello…
Así que os dejo.
Hasta pronto.
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13/6/09

“Esperando el Sur”


Ha sido triste dejar el cementerio y a Lucila y Samuel.
He estado muy a gusto con ellos, y he aprendido muchas cosas.


Antes de irnos, Samuel vino a despedirse de mí, muy tranquilo:
- Hasta la vista Serena. Sé que estarás bien y que siempre nos llevarás en tu corazón.
- No lo dude Samuel… - Le respondí – De regreso a casa pasaré de nuevo por aquí y les haré una visita.


Fue entonces cuando Lucila me dijo algo que me extrañó:
- No hija… no volverás a pasar por aquí… aunque quisieras hacerlo, nunca nos encontrarías.
- No la preocupes mujer… - Dijo Samuel dirigiéndose a su esposa – Serena no es como los demás. Estoy convencido de que si desea regresar al cementerio encontrará el modo de hacerlo…


“Pues claro” – Pensé yo – “¿Por qué no iba a volver? Después de ir al Sur, regresaré a mi casa. Aunque Josué no me acompañe, sé el camino”.
- Sé el camino – Dije en voz muy alta, deseosa de que Lucila viera que Samuel tenía razón.
- No se trata de eso pequeña – Me respondió ella en tono cariñoso – aunque tú sepas el camino, el camino no te reconocerá a ti, y no te dejará volver aquí…


No entendí lo que decía Lucila. Intenté que me lo explicara, pero en ese momento Josué llegó apresurado con su viejo maestro:
- Nos hemos de ir ya – Gritó con la cara sonriente – El camino se hará largo si no salimos antes de que el sol aparezca por el horizonte…Vamos Serena. El Sur nos espera.
El viejo maestro, a pesar de su edad, está muy ágil y ya nos estaba esperando en la gran puerta del cementerio.


- Mi maestro nos ayudará cuando lleguemos – Dijo Josué muy animado.
Josué está muy contento. Su cara vuelve a ser la del principio del viaje, y hace bromas y ríe todo el tiempo. Es una alegría ver que ya no tiene preocupaciones.


Respecto a mí… creo que estos días de camino al Sur, estoy algo más desanimada que cuando comencé esta aventura. No sé bien el por qué. Tal vez porque el hecho de no saber ciertas cosas me deja pensativa y algo enfadada. No sólo es por lo que Lucila dejó en el aire, sino también porque cuando le pregunté a Josué por la sombra de los alrededores del cementerio, me respondió con una especie de acertijo:
- Quien lo ve, es porque quiere. Si lo deseas volverás a encontrártelo. Nunca es tarde para creer.


Pues muy bien. No entendí nada de nada. Y mira que le he estado dando vueltas…
En fin… por ahora seguiré el camino con Josué y su maestro. Tampoco sé si el Sur queda muy lejos de estos bosques… pero la verdad, es que eso no me preocupa. Estar cerca del maestro de Josué es todo un regalo.
Voy a verlos.
Hasta luego.
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7/6/09

Los "vivos"


Ayer llegó Josué al cementerio con su maestro.
Es un hombre mayor, muy delgado, con manos grandes y pelo largo y blanco.
Han llegado muy cansados, por lo que estaremos aquí por lo menos hasta mañana.

Casi no puedo salir a los alrededores, ya que esta semana Lucila ha estado bastante tiempo a mi lado.
Hemos compartido tareas y el cementerio ha estado casi todos estos días, lleno de gente.

He conocido a una mujer de mediana edad, muy vivaracha y llena de sorpresas.
Se ha reído mucho conmigo (y eso que yo no he hecho gran cosa para ello).
Me ha hecho acompañarla a las cercanías del cementerio.
Lucila y Samuel no se dieron cuenta de mi ausencia hasta que pasó un buen rato.
Matilda me llevó a un río cercano a coger agua “sagrada”.
Bueno… eso dice ella, que el agua de ese río da juventud y vida a los vivos y paz eterna a los muertos.
De regreso al cementerio, me cogió del brazo fuertemente y me dijo:
- Serena. Ten cuidado con los vigías de los muertos. No son como nosotros. Se dice que de noche, salen como lobos, a cazar insectos, ratas y niños pequeños.
Por lo visto, ellos no son los únicos, ya que muchos como ellos, se reúnen en el claro del bosque para hacer rituales extraños y peligrosos.

Cuando Matilda terminó de hablar, decidí no responderle.
Asentí y le dí las gracias, ya que estaba tan convencida de lo que decía, que cualquier palabra mía, no la habría cambiado de opinión.
Lo único que añadí fueron unas palabras de tranquilidad:
- Me están tratando muy bien señora. No se preocupe.

En fin… Que los “vivos” piensan que Samuel y Lucila son una especie de monstruos, y ellos piensan lo mismo de los que visitan el cementerio…

No he podido averiguar aún quién era aquella silueta que vi, ni tampoco si lo que me contó Samuel era cierto.
Entre hoy y mañana, hablaré con Josué para ver si él sabe algo, e intentaré salir a los alrededores.
Besos para todos.
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