29/10/09

“La Torre Se Hunde”

He tenido un sueño.
O tal vez fuera real… no lo sé.

Lorenzo no ha dado señales de vida en toda la semana.
Josué, Mariana y un grupo de investigadores de la torre, han ido en su busca.

Después de un cuidadoso análisis de los escritos encontrados, han llegado a la conclusión de que es imposible y totalmente irracional que el oeste no exista (tal y como pone en los escritos). Sin embargo, han analizado el dibujo y han visto que sí tiene miles de años…
La verdad, es que no se que pensar.
Lorenzo nos dice en sus clases, que el pasado, presente y futuro están unidos de cierta forma… así que…

Estoy bastante preocupada por todos ellos. Más después del “sueño” que he tenido esta noche.
No se parecía mucho a los sueños reales que ya he tenido, pero aún así, me ha dejado muy confundida.

El sueño es el siguiente:
Estaban Josué, Mariana y Lorenzo en el camino cercano a la torre. Allí, me los he encontrado. Lorenzo tenía una expresión de terror en su cara. Mariana y Josué lo cogían cada uno de un brazo, con la intención de llevarle a la torre (imagino que para curarle, ya que andaba con mucha dificultad).
Les he saludado, como si Lorenzo nunca se hubiera ido y como si fuera normal aquella escena.
El sueño ha dado un salto, y de repente, estábamos los cuatro en una de las habitaciones de la torre. Todo parecía curiosamente tranquilo, hasta que hemos comenzado a escuchar unos ruidos en el patio. Como Mariana y Josué estaban ocupados escuchando algo que Lorenzo les tenía que decir, salí sola a ver que pasaba.
Y aquí viene lo terrible del sueño.
La torre entera, ha comenzado a sumergirse en la tierra. Se ha abierto un gran agujero y literalmente la torre ha sido tragada por él. Han debido de pasar muchos minutos, mientras yo observaba como la torre caía hacía el fondo de la tierra, ya que se me ha hecho eterno.
Entonces, Josué ha contactado conmigo por telepatía. Me ha dicho, que estaban allí encerrados. Que no sabían lo que estaba ocurriendo, y que no tenían ni idea de cómo salir de aquella situación.
Lo raro de todo esto, es que no ha sido una telepatía “normal”, sino que he estado allí abajo con ellos en la torre, en aquel profundo agujero, y he sentido la asfixia y el horror que ellos estaban sintiendo.

Me he despertado antes de que Josué acabara su mensaje y me he convencido desde el principio, de que ese sueño no ha sido un aviso ni nada real.
Un sueño tan absurdo…
Creo que tengo miedo a que no regresen mis amigos, y por eso he soñado esta asombrosa historia.
También pienso que si Josué quisiera contactar conmigo, lo haría de algún modo más práctico y no encerrada en una pesadilla.

De todas formas, si es cierto que están en peligro, yo no puedo hacer nada.
Esperaré acontecimientos…
Besos para todos. votar

22/10/09

“El Oeste No Existe”

Lorenzo partió hace tres días, y aún no sabemos nada de él.
Emprendió su marcha, con muchas ganas e incertidumbre.
Josué quería acompañarlo (ya que yo decidí no hacerlo), pero esta semana, es muy complicada para él, ya que tiene muchas clases.

Lo cierto, es que el Lorenzo. No tendría que haberse ido tan pronto al oeste, porque lo que ocurrió hace unas horas, le habría resuelto muchas de sus dudas.
Os explico.

Esta mañana, Mariana, llegó con grandes nervios a la torre.
Sin embargo, caminaba despacio, como si algún lastre la sujetara de los pies.
Cuando vio que el maestro Lorenzo no estaba, cayó aún más en la desesperación.
Le conté porque se había tenido que ir y alzando la voz, me dijo:
- No puede ser Serena. Necesito a Lorenzo. Él es único capaz de comprender lo que está pasando en los restos.
- ¿Qué está ocurriendo Mariana? ¿Ha habido algún nuevo hallazgo? – Le respondí.
Mariana, sin parar de caminar de un lado a otro, me miró con terror en sus ojos.
- Sí amiga. Después de lo que me has contado de los niños del oeste, sí, ha habido un nuevo y espeluznante nuevo hallazgo…
Sin poder aguantar más su misterio, dije con un leve grito:
- ¡Dime Mariana! Cuéntamelo. ¿Es necesario que organicemos un viaje para localizar a Lorenzo?
Mariana no me respondió. Su mirada perdida y sus incesantes cambios de lugar, me estaban poniendo muy nerviosa a mí también.

Por fin, Mariana hablo:
- Serena… - Dijo despacio - ¿Recuerdas que cuándo estuviste en la excavación, encontramos algún artilugio extraño, que no es propio de ésta era y varios escritos?
- Claro – Respondí con entusiasmo – Fueron los mejores días de mi estancia en aquel lugar. Hasta que enfermé…

- Bien – Continuó Mariana – Esta misma tarde, hemos encontrado otros restos parecidos. Pero esta vez, sí hemos podido determinar de cuándo son, ya que…
Mariana enmudeció. Su cara pálida y sus ojeras, le hacían parecer más mayor.
- Creo que Lorenzo está en serio peligro Serena… el oeste no existe. Hace tiempo desapareció, según los escritos que hemos encontrado esta tarde en los restos, hace ahora dos mil años.

Después de escuchar aquello, comprendí lo que pasaba. Mariana había caído en el mal del excavador. Sus ideas no eran más que reflejo de su falta de comida y agua.
- Sé lo que estás pensando amiga – Me dijo Mariana como si me hubiera leído el pensamiento – No estoy loca. Tienes que venir a verlos. Los escritos son reales… incluso hemos encontrado algo mucho más extraño…
¿Algo más extraño?, pensé con desazón.
- Al lado de los escritos – Continuó Mariana – Había una especie de dibujos de niños en una aldea muy parecida a la torre.
Lo inexplicable de todo lo que está ocurriendo, me ha hecho estar todo el día atenta a los acontecimientos.
Voy a acompañar en un rato a Mariana a los restos. Josué y otros maestros también van a ir a investigar.
Si lo que dice Mariana es la verdad, algo que se escapa de la lógica, hemos vivido todo el tiempo que estuvimos con Sergio y sus compañeros.
Os sigo contando.
Hasta luego. votar

15/10/09

“Los niños”

Esta semana, un grupo de niños han venido a algunas de nuestras clases.
Son chicos de unos nueve años, con muchas ganas de aprender.

Ellos vienen de las profundas tierras del oeste.
Apenas si tienen para vivir, pero son muy felices (están todo el día riendo. Son estupendos).

Yo, he hecho especial amistad con un niño.
Se llama Sergio y me ha contado muchas cosas de su vida.

Dice, que desde que nacen ellos ya saben que serán y como vivirán.
Muchos de sus amigos supieron a muy corta edad, que no tendrían futuro.

- En casa – Me contó casi nada más llegar – Mis hermanas y mi madre, están todo el día fuera. Siembran y van a por agua. Apenas si tienen descanso y yo… aún no puedo hacer nada, ya que no soy una niña ni un hombre…
- Vaya – Le respondí – ¿No puedes ayudar a tu madre y a tus hermanas?
- No… Está totalmente prohibido. Mis mayores dicen que si un futuro hombre se implica en labores de mujer, terminará la maldición por llegar a su familia.
- Es curioso Sergio – Le dije – hace pocos días, tuve una clase con Lorenzo y habló de las personas que vivieron aquí antes que nosotros.
- ¿Y? – Preguntó el chico con desgana.
- Pues que contó las costumbres de un pueblo que vivió cerca de aquí, hace miles de años. Y sus costumbres eran iguales que las que me cuentas. Parece que no hayan cambiado muchas cosas, ¿no?

Sergio se quedó mirándome con sus grandes ojos, y con la expresión de alguien que ha vivido mucho, me respondió:
- No, Serena. Mi pueblo no sabe de otros como nosotros. Creemos que somos los primeros que han instaurado esa forma de vida. No sé si deberías creer a ese tal Lorenzo…

Sorprendida ante sus palabras y sus gestos, opté por callarme y planear un encuentro fortuito con Lorenzo aquella misma tarde.

Justo a las ocho de ese día, invité al niño a dar un paseo conmigo por los bosques cercanos (sabía que Lorenzo estaría allí, como todas las tardes, antes de cenar. Con una especie de misterio en su caminar).
Fue entonces, cuando Lorenzo se dio cuenta de lo realmente especial que era Sergio.
Me separó del chico, y me dijo:
- Es como una persona muy vieja, encerrada en un cuerpo de un niño pequeño. Parece que sabe más cosas de las que habla. Gracias por traérmelo Serena.

Después de aquello, el anciano maestro me hizo un gesto de despedida, y se quedó con el chico.

A la mañana siguiente, cuando ya todos lo niños se habían ido, Lorenzo me llamó a su cuarto:
- Serena… Ha pasado algo muy extraño y que queda fuera de mi compresión – Me contó Lorenzo – Ese niño parece haber salido del pasado más remoto. No sabe nada del pasado, ni tiene las habilidades que tenemos ya nosotros en esta era. No sé exactamente como Serena, pero ese chico proviene del pasado…

Me quedé sin palabras.
Aún ahora estoy sin creérmelo.
Lorenzo me ha dicho que va a ir a ver a estos niños donde viven. Saldrá en pocos días. Me ha preguntado si quiero ir con él, pero no lo tengo claro.
Ya lo pensaré.
Hasta luego. votar

8/10/09

"De excursión"

Ayer salimos muy temprano de excursión.
Fue un evento planeado por Lorenzo, con la intención de aprender a explorar nuestro interior.
Decidió que fuéramos Isabel, él y yo, a unos acantilados de dentro de la torre.

Caminamos despacio. Siempre con la precaución de poner un pie delante de otro, con seguridad para no resbalar.
Lo que me apeteció hacer, cuando observé el camino tan complicado, fue volver a la escuela.
Pensé que no sería capaz de pasar por esos recovecos. Era tan de madrugada, que la noche aún caía sobre nosotros.
Entre el sueño que tenía (el día anterior tuve un día muy ajetreado… Estuve haciendo varias clases de control mental y físico, y terminé agotada), y lo de noche que era, lo único en lo que pensaba era en mi cama.

- Isabel – Le decía a mi nueva compañera de cuarto - ¿Cómo haces para estar tan risueña? Es tan pronto, que ni tan siquiera los pájaros están despiertos.
- Fácil – Me respondía ella – Sólo tienes que desear estar bien, y no fijarte en que es de noche o de día. Tan sólo disfrutar del momento.

“Disfrutar del momento… Claro. Es lo más sencillo…”, pensaba al principio de la travesía con gran ironía.

Poco a poco, el camino difícil fue convirtiéndose en un paseo.
Lorenzo iba siempre delante, con su paso ágil y juvenil.
A veces se volvía a mirarnos, y sonreía con ganas (Parecía contento. Su risa era burlona. O eso pensaba yo en esos instantes).

Después de mucho andar en silencio, caminar ya no era un problema. Ni tan siquiera la noche que aún nos acompañaba. Todo estaba muy tranquilo, fuera y dentro de mí.

El acantilado se hizo gruta y entramos en su interior.
Lorenzo nos dio entonces una clase sobre la excursión.

Lo cierto, es que apenas si habló. Lo hicimos más Isabel y yo, y sinceramente aprendí mucho.
Lo importante de esa clase, fue lo que mi compañera y yo dijimos. Como habíamos afrontado cada una la situación.

Isabel contó muchas cosas en las que yo no me había fijado. Dijo que por el camino, había visto muchos insectos y animales variados. Que le había gustado observar como caminaban las orugas (tan despacio) y que había decidido que por la mañana de otro día, volvería a verlas de nuevo.
Yo por mi parte, apenas tuve que contar.
No había visto nada de todo aquello que había maravillado a Isabel.
Mi mente estaba en otra cosa. Sólo en que tenía sueño, en que estaba cansada, en que no podía más.
La de experiencias que me perdí…

¡Lección aprendida!
O eso creo.
Volveré con Isabel otro día a ver a las orugas. Y aunque sea de noche y esté cansada, disfrutaré del momento.
Besos para todos.
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1/10/09

“Tierra Opaca”

Después de mi “aventura” en la sala blanca, he estado muy tranquila y feliz esta semana.

Mis compañeros de clase, me han apoyado mucho y hemos unido más nuestros lazos.
Lo cierto, es que aquí, apenas se habla. Solo se mira, se observa… no se suele necesitar más. Pero no tienen miedo de acercarse a darte un abrazo o un beso. Aunque no te conozcan, aunque sea la primera vez que los has visto. Llena de paz y de alegría, el sentirse tan acompañado.

Como sabéis, vengo de una aldea oscura (Tierra Opaca), en la que cualquier contacto físico o no, son excepciones. Hasta con la familia, solemos tener especial recato. Sobre todo si vamos andado por las calles de la ciudadela.
A veces, yo me sentía apartada y extraña en ese lugar, ya que siempre he sido una persona muy cariñosa y abierta con todos (es lo que tiene trabajar desde pequeña en una posada. He conocido gente de todas partes, aventureros o viajeros, de casi todos los lugares. Y muchos de ellos, sí eran diferentes y para nada silenciosos. He tenido mucha suerte de trabajar en la posada con mis padres).

Otra cosa por la que estoy mucho mejor, es que, desde hace unos días, mi cuarto (donde descanso), ha cambiado de color de nuevo. Y ha sido a causa de Isabel.
Creo que Josué y Lorenzo hablaron de mí por mucho rato, después de mis tristezas, y llegaron a la conclusión de que una compañera de habitación, me haría mucho bien (aunque es cierto, que me han felicitado también, por salir tan rápido de la sala. Dicen que tengo una gran capacidad y que tengo que aprender a controlar mis pensamientos y sentimientos. Que si lo consigo, podré controlar pronto mi mente).

Isabel está todo el día feliz. Ríe mucho y me contagia… la habitación desde que llegó, es casi blanca.
Ya os contaré más cosas de ella. Entro a clase con Lorenzo en poco rato (espero que siga hablando de los restos…).
Hasta luego. votar