ÍNDICE de la Blognovela La Vida de Serena

29/12/10

“Cerca Del Mar”

- Es otra vida que tuviste, Serena – Me dijo Valentín el otro día, mientras comíamos – Creo que Jeno no quiere contarte más de lo que debe…

- ¿Más de lo que debe? - Parecía que el cocinero también me ocultaba cosas. Sus palabras me intrigaron – ¿Y tú, amigo? – Pregunté - ¿Tú puedes contármelo?

Valentín, alzó la vista de su plato hondo, y me observó pensativo.

- Bueno – Dijo – Yo no soy el maestro, y ni tan siquiera pertenezco a su época… - Se quedó dudando en silencio – Pero…

En esos momentos, uno de los chicos del patio, se sentó a nuestro lado:

- Creo que sé cómo ayudaros – Susurró con precaución – El Maestro Lorenzo quiere veros a los dos… Seguidme sin que se note – Continuó – Y por favor, no le digáis nada de esto a Jeno.

Valentín y yo, nos miramos confundidos.

¿No decirle nada al maestro? ¿Ayudarnos? Valentín tomó la iniciativa:

- Chico – Dijo – Nos tienes que decir algo más. Jeno es nuestro amigo y del Maestro Lorenzo, nos fiamos poco…

Roberto se quedó callado un rato, con el ceño fruncido. Parecía pensar en voz alta.

- De acuerdo – Respondió – El Maestro dijo que diríais algo así. Bien, lo justo es que os explique mejor.

- Sí – Dijo el cocinero con la voz ronca – Es lo justo.

- Esta mañana – Comenzó el chico – El Maestro Lorenzo me ha llamado a su habitación de estudio. Soy el único de los chicos del patio, que se relaciona con los demás inquilinos de la torre, así que, cuando he recibido la llamada, no me ha sorprendido.

Valentín se estaba poniendo nervioso.

- Vale… Al grano. ¿De qué se trata?

Roberto prefirió sacar unas fotos de su mochila:

- Mirad. Estas fotos me las ha dado el Maestro como prueba.

Me quedé anonadada cuando las vi.

- Pero… - Titubeé – Son las imágenes del sueño real que tuve hace dos noches – Miré al cocinero – Compartí el sueño con Jeno, y juntos descubrimos que ya nos habíamos conocido…

Valentín me miró con seriedad e hizo un gesto para que me callara.

- No creo que sea así, Serena – Dijo Valentín – Aquello no era más que un sueño. Y nosotros no tenemos nada que ver con el Maestro Lorenzo. Por favor, dile que no iremos.

Con sorpresa y algo de enfado, miré a mi amigo, que ya despedía sin remordimientos al chico.

Cuando se fue, dijo:

- Vamos a ver a Jeno, Serena… No debiste darle tanta información a Roberto.

- ¿Por qué? – Pregunté inocentemente – Es cierto que tuvimos ese sueño. Yo vivía con Jeno, cerca del mar. El paisaje de una de las fotos, era justo el que se veía desde mi hogar. Pescábamos para comer y no necesitábamos grandes cosas…

- Lo sé Serena – Respondió más calmado el cocinero – Jeno me lo ha contado. Estoy al tanto de vuestra vida pasada… pero se te olvida que aquí no estamos seguros y que no debemos fiarnos de nadie…

Apesadumbrada por los acontecimientos, opté por callarme y seguir a Valentín.

- Pero, no te preocupes Serena – Dijo expresivamente el cocinero – No pasa nada. Todo esto lo que nos dice, es que están espiando lo que hacemos… tendremos que tener más cuidado.

- Sí – Respondí – Vayamos a ver a Jeno. Tenemos que contárselo.

Con parsimonia, fuimos a la sala de Jeno, pero no lo encontramos. Lo buscamos por todas partes y no apareció.

Aún, no sabemos dónde está. Estamos muy preocupados…

Esperemos que no le hayan hecho nada…

Hasta pronto. votar

22/12/10

“Lengua Desconocida… Sueño Compartido”

Han pasado los días sin pausa.

Estuve hablando con Jeno sobre el hombre que me entregó en Tierra Opaca:

- Pienso que esa persona, no forma parte de mi actual vida… no creo que se haya relacionado conmigo…

- Yo pienso igual que tú, Serena – Respondió Jeno, con tono tranquilo – De hecho, es posible que esa persona ya no exista…

Miré a Jeno con interés. Él parecía saber muchas más cosas de las que me contaba.

- Cuándo tuve la ensoñación el otro día…- Dije, esperando encontrar respuestas – Acerca de aquel que se parecía a ti, te sonreíste… ¿qué significado tiene?

Jeno volvió a sonreír. Tranquilamente se levantó de la silla, y se acercó a una de las estanterías de su habitación, donde estábamos:

- Mira – Dijo relajado – Este libro está redactado en otro idioma. La mayoría de las personas de este futuro, no lo pueden leer… ¿Tú puedes?

Cogí el libro con intriga, y lo hojeé con ganas:

- Claro… entiendo perfectamente el libro ¿Por qué? ¿No está en nuestra lengua?

- No Serena – Respondió el maestro – Es otra diferente como te he dicho. Es una lengua poco conocida, porque nadie ha podido decir de qué época es…

- ¿De qué época es? – Pregunté – Entonces, si nadie la reconoce ¿por qué la entiendo?

- Es algo que estoy seguro que descubrirás esta misma noche. Cena temprano y acuéstate pronto. Nos veremos en tus sueños.

Con aquellas palabras, Jeno se despidió de mí y yo me fui a mi dormitorio.

- Una lengua desconocida… un sueño compartido – Dije en voz alta – Cada día me sorprende con algo nuevo…

Aquella noche hice lo que Jeno me había recomendado.

Nada más cerrar los ojos, sentí una presencia en la sala. Quise preguntar si había alguien, pero mi cuerpo estaba totalmente inmóvil.

La oscuridad del cuarto se fue. En su lugar, una claridad casi invisible, me rodeó.

Escuché palabras sin sentido y distorsionadas, hasta que una de ellas la oí claramente:

- Serena… Soy Jeno. Tienes que dejarte llevar. Vamos a encontrar al hombre que te dio a tus padres… respira profundamente.

Hice lo que Jeno me dijo. En un segundo estaba fuera de mi cuerpo, y volaba entre las nubes de la noche.

A mi lado, con una luz azul muy fuerte, Jeno me acompañaba.

- Tus padres no fueron precavidos en ocultártelo todo… eso es bueno, porque así, podremos llegar fácilmente a esa parte de tus recuerdos que has difuminado con los años…

Me agarré fuertemente a él, y llegamos a una especie de torre elegante.

- ¡Es aquí! ¿Verdad Serena? Aquí es donde naciste.

- Es la torre… pero no puede ser. Nada es como tiene que ser.

- ¿Es el futuro o el pasado, Serena? Tienes que saberlo.

Mi mente vagó por el lugar con dudas y miedo. Jeno se dio cuenta de aquello y me miró con los ojos muy abiertos:

- El miedo te hace regresar… el miedo te hace regresar…

La voz y las imágenes desaparecieron. Y de nuevo estaba en mi habitación…

Conmovida aún por la experiencia, intenté dormirme sin éxito. Pero después de mucho rato, lo hice. Hasta esta mañana. Creo que he dormido días enteros…

Os seguiré contando.

Hasta luego. votar

15/12/10

“La Voz”

Los días han ido pasando sin prisa. Desde que tengo el libro mágico, mis recuerdos y sueños reales, se han multiplicado.

Saber ya, quién era la chica del sueño del Arco, o como regresar a nuestro presente, me llenan de energía para seguir con la aventura.

He tenido que ser precavida a la hora de escuchar y leer el libro, porque como me dijo el maestro, hay mucho contenido en él y no puedo abarcarlo todo.

Aún no nos vamos de este futuro, ya que el libro pertenece a este mundo, y hasta que no estudie todo lo necesario, no nos moveremos.

La chica del sueño me habló a través del libro, y gracias a ello, pude saber más acerca del misterioso hombre que me entregó a mis padres:

- Serena… yo soy tú misma y sin embargo no soy tú. Cuando el hombre te dejó en Tierra Opaca, una parte de ti, se dividió en dos. Yo soy la que te ha acompañado en las tinieblas de la noche y en las penumbras de tu habitación. Era yo, la que te animaba desde pequeña, a dejar la oscura aldea en la que vivías.

La voz se hacía más clara a medida que pasaban los días:

- Tu benefactor era un pobre hombre, a pesar de ser una de las personas más ricas del lugar. Las tierras que te vieron nacer, son tierras de luz y de silencio. El mar lo abarca todo y el constante ir y venir de las olas, marcan el día a día de las gentes de allí.

El cielo comenzó a tornarse rojo, cuando escuché como la voz de la que no era yo misma, continuaba su historia:

- Las estrellas te han guiado siempre. En esta realidad y en la pasada. También en la futura. El mar ha pertenecido a tu mundo, aunque no lo conozcas. Tus sueños reales se han encargado de que lo veas, tal y como es. Tu vida en aquel lugar habría sido como la que yo tengo…

Valentín llegó a mi habitación con un gran plato de comida:

- Serena… Llevas días sin salir de aquí. El maestro Jeno, me ha dicho que te traiga estas delicias. Las he estado haciendo toda la mañana. Dice que, es lo que ahora necesitas…

Sin más, el cocinero abandonó el cuarto, y yo me dispuse a comer.

En cuanto vi la comida, tuve un recuerdo no real en mí pasado: un hombre con una larga capa y pelo cano, me ofrecía esas empanadillas rellenas de verduras, mientras me decía:

- Mi querida y adorada esposa… Tomate esto. Lo necesitas para continuar tu viaje. Yo vendré mañana a verte. No te preocupes por nada. Sé que lo conseguirás.

El hombre me dejó sola en aquel recuerdo, y yo comencé a comer con mucho placer. Cerré los ojos y di un primer mordisco, que me llenó de tranquilidad y de olores familiares. El mar estaba cerca en aquella ensoñación y la luz de las estrellas, comenzaban a aparecer tintineantes. El grito de las gaviotas, el de las olas golpeando las rocas y el del viento, hicieron que continuara en aquel mágico lugar.

Todo pasó, cuando Jeno entró en mi habitación:

- ¿Sabes ya quién es el hombre? – Me preguntó con énfasis.

- No – Respondí aún hipnotizada – Pero acabo de ver a alguien que me recuerda a ti y que me ha llamado esposa… ¿lo entiendes?

Jeno sonrió.

- Está bien – Dijo – Es un gran paso. Ahora tienes que descansar Serena. Mañana será otro día.

Con mucho cuidado y atención, Jeno me ayudó a meterme en la cama y cerró las cortinas.

- Vendré a verte pronto. Que tengas muchos sueños…

Hasta pronto. votar

8/12/10

“El Libro Mágico”

En pocos días he conseguido averiguar todas las dudas y preguntas que tenía.

Me ha ayudado mucho el maestro Jeno, que con su peculiar modo de enseñar, me ha abierto los ojos y me ha introducido en un nuevo recuerdo real, sin apenas esfuerzo.

Ya sé quién es el hombre que me entregó a mis padres, quién es la chica del sueño del Arco, como regresar a mi presente y quién es en realidad el Maestro Lorenzo.

Mi intuición me decía que debía de confiar más en Jeno que en Lorenzo, pero mi lado más racional me hacía seguir al Maestro del futuro, con muchas ganas de aprender de nuevo de él.

- No es la misma persona – Me decían una y otra vez Valentín y Jeno – Créenos amiga. Nosotros conocíamos bien al Maestro, y esta persona no es él…

Al principio, no entendía porque decían todas aquellas cosas. No podía comprender como era posible que estuvieran tan seguros.

Todo cambió hace dos noches, cuando el Maestro Lorenzo vino a verme a mi habitación:

- Ya estás hecha toda una mujer Serena – Dijo con tono de sorpresa – Recuerdo la última vez que te vi… eras tan pequeña…

Aquellas palabras me despertaron:

- Maestro, pero si me viste hace pocos meses. Sigo siendo la misma Serena ¿No me recuerdas?

Lorenzo se quedó mudo y abrió muchos los ojos:

- Sí, sí… te recuerdo – Consiguió articular.

Después de aquello, fui a ver a Jeno y se lo conté. Éste me dijo que tenía que confiar en él y que debíamos de trabajar juntos, para conseguir irnos de ese futuro.

- ¿Quién es ese Lorenzo, Jeno? Parece que me conoce de hace mucho, pero no recuerda quién soy.

- Es así como tenía que ser, Serena… -Dijo el maestro – Lorenzo murió en el pasado siendo anciano y su esencia, aunque siga con nosotros, no es la de este Maestro del futuro.

- Ayúdame – Supliqué a Jeno – Necesito saber que pasa y como cambiar las cosas.

Jeno me observó, como otras veces había hecho e hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

- Claro que te ayudaré Serena – Respondió – He estado esperando a que te acercaras a mí, para pedirme ayuda. Ese era mi cometido en esta aventura al futuro. Ven – Dijo, mientras, se acercaba a uno de las estanterías de la sala – Aquí tengo todo lo necesario para comenzar…

Jeno cogió una gran llave que guardaba en uno de los cajones de la cómoda, y abrió un compartimento cerrado de la estantería:

- Este libro te ayudará a entender. Tienes que tener cuidado, ya que es un libro mágico, y en él se encierran muchos misterios. Tan solo tienes que descubrir los tuyos, sin ir más allá ¿Has comprendido?

- Si, maestro – Dije con poco convencimiento – Intentaré no ir más allá de mis dudas, pero…

- Ya lo sé – Prosiguió mi amigo – Eres una gran curiosa y te va a resultar difícil, pero tienes que hacerlo… de ello depende nuestro destino en esta realidad…

- De acuerdo – Afirmé – No te preocupes Jeno. Lo haré bien.

El libro es un susurro en mi cabeza. Todo el día parece que me habla y me cuenta historias y métodos para conocer más y más, acerca de mi misma.

- Si todo fuera así de fácil – Le he dicho a Valentín esta mañana.

- Todo es así de fácil – Me ha respondido el cocinero – Lo es, si tú lo deseas.

Todas las dudas parecen estar despejándose. Os seguiré contando.

Besos para todos. votar

1/12/10

“La Fábula De Las Baldosas”

“Las baldosas son todas iguales y no hay una que no dependa de la otra”.

Así comienza una fábula que el Maestro Lorenzo, nos ha enseñado.



Desde que desperté de mis sueños o pesadillas, ya no he vuelto a recordar ninguno.

Los chicos del patio, dicen que no entienden como no ha surtido efecto sus brebajes.

- Es lo más potente que hay en este lugar. Si eso no te ha ayudado a regresar… no sabemos que está pasando.

Jeno y Valentín, siguen cada día que pasa, mis recuerdos.

- Y entonces – Me dicen - ¿Hoy tampoco has visto nada?

- No – Respondo con pereza – Ya os he dicho que el sopor se fue y que no recuerdo ningún sueño, amigos.

Los dos siguen preocupados, con ganas de volver a nuestro presente. Pero siguen pensando, que soy yo la responsable de que sigamos aquí.



- ¿Has estado en tu casa de niña, no? – Me preguntó ayer Jeno.

- Sí. Y vi a mis ancianos padres más jóvenes, y “descubrí” que les fui entregada por un hombre, que…

- Sí, vale – Me interrumpió el maestro – Todo eso ya lo sé, pero lo que necesito es que me digas, si sabes quién es el hombre.

- Nunca lo vi, Jeno. Y tampoco sé si realmente eso ocurrió de verdad… recuerda – Le dije, mientras le miraba fijamente a los ojos – Que me disteis aquel menjunje… y que seguramente nada de lo que recuerdo sea verdad.

Jeno se quedó callado por un rato.

- Te hemos pedido ya disculpas de todas las maneras, amiga – Dijo con pena – Lo sabes. Lo sentimos mucho. Nos equivocamos. Pero conseguimos dos cosas muy provechosas, ¿no crees?

- ¿A qué te refieres? – Pregunté.

- Has estado en tu pasado y has podido tener un sueño revelador, Serena.

- No creo que haya estado en mi pasado, Jeno. Y el sueño… se quedó ahí. Después de atravesar el arco, solo recuerdo la luz cegadora y el fuerte ruido en mitad del bosque… por lo demás… no he sacado nada en claro.



Parece que después de esa charla con el maestro Jeno, éste y Valentín, me han dejado tranquila por unas horas.

Esta mañana he ido a clase con el Maestro Lorenzo. Allí he aprendido la fábula de las baldosas. Es ésta:

“Las baldosas son todas iguales y no hay una que no dependa de la otra.

Todas están hechas de un material delicado.

Si conseguimos poner uno de nuestros pies por encima de una de ellas, sin que nada cambie, el siguiente paso es avanzar hacía la baldosa contigua.

Pero si una de las baldosas se rompe, las que la rodean, se fragmentarán también en miles de trozos.

Hay que tener cuidado en el primer paso que demos. Si es con delicadeza conseguiremos avanzar por las baldosas, sin romperlas. Pero, si no tenemos cuidado, todas las baldosas se romperán.

Sabrías decirme tú ahora, ¿Cuál es el siguiente paso?”.


Hasta luego. votar

24/11/10

“El Arco”

- ¡Atraviesa el arco! – En mi sueño, la voz de Jeno grita con fuerza – Atraviesa el arco y lo comprenderás.


Después de despertar del sueño de las sombras, lo último que me apetecía era volver a dormir. Pero algo dentro de mí, insistía en que lo hiciera.

Era, como si todavía, tuviera que entender quién soy para seguir avanzando…

- Ya no me moveré de la realidad… - Me dije – No necesito tener más “pesadillas” para saber quién soy.

Sin embargo, el sopor que me ha acompañado durante tantos días, volvió.

No conseguía mantenerme despierta por mucho tiempo.

Abría los ojos, claro. Y me alimentaba e incluso hablaba con Jeno y Valentín, pero no conseguía recordar quién era.

- ¡Serena! – Exclamó contento Jeno cuando me vio abrir los ojos – Nos tenías preocupados. Desde que te dimos aquel mejunje de los chicos del patio, no has tenido ni un momento de lucidez…

- Amigos… - Susurré – Tengo que atravesar el arco, ¿ahora?

- No sé de lo que hablas Serena – Respondió con calma el maestro - ¿Estás aquí?

Mis ojos se volvieron a cerrar, tan pronto como escuché aquellas palabras.

Parece ser, que no estaba allí del todo…



Este fue mi sueño:

El arco es de fría piedra. Yo estoy de pie, delante del arco. Aquí, solo hay oscuridad y hace mucho frío. Al otro lado hay un paraje hermoso, lleno de árboles muy verdes, y mucha luz.

Mi deseo es avanzar hacía ese paisaje, pero mis pies me lo impiden. Tengo algo pesado en los pies. Son como losas en mis zapatos.

Quiero hacerle caso a Jeno y atravesar el arco. Necesito hacerlo para comprender.

Pero no lo consigo. En lugar de eso, la oscuridad, se cierne más y más sobre mi cabeza.

La voz del maestro, no deja de gritar una y otra vez:

- Atraviesa el arco Serena. Tú estás allí.

Consigo distinguir una silueta a lo lejos. Parece una chica joven de cabello largo. No la reconozco… sin embargo, recuerdo la frase del maestro: “¡al otro lado estás tú!”.

- ¿Soy yo? – Me pregunto en voz alta.

Es posible que así sea, ya que la chica está sola al otro lado.

La observo, intentando aprender de ella y de lo que hace.

Pero no hace nada especial.

Tan solo está ahí. No parece tampoco, esperar nada.

Cierro los ojos desde el lugar gélido en el que me encuentro y pido un deseo:

- Deseo estar en el otro lado del arco. Deseo atravesarlo y encontrarme con esa chica, que soy yo.

En ese momento, siento mis pies ligeros. Ya puedo andar.

Como si fuera un bebé que está aprendiendo a dar sus primeros pasos, me tambaleo y me agarro a la fría pared del arco.

Consigo moverme con mucho esfuerzo.

Por fin, atravieso el arco.

El arco detrás de mi, se cierra instantáneamente por un gran ramaje. Observo como sigue la oscuridad detrás de las ramas.

Avanzo y respiro con energía.

- Ya estoy donde tenía que estar. Ya he llegado. Ahora solo me queda encontrarme con la chica…

Después de pensar aquello, un gran golpe en medio del bosque de mi sueño, me saca de él.



Abrí los ojos, con la esperanza de volver a dormirme pronto. Pero no lo conseguí. El sopor se fue y con él los extraños sueños que me persiguen desde hace semanas.

Dicen Jeno y Valentín, que intentaron por todos los medios despertarme, pero que no lo consiguieron. Comentan que estuvieron a los pies de mi cama, durante muchos días, deseosos de que aquello que me dieron de los chicos del patio, no fuera veneno.

- Teníamos que confiar en ellos, Serena – Me han confesado – Era nuestra única opción para sacarte de este futuro.

¿Entonces, sigo en el futuro?

Pero yo vi a mis padres en mi pasado de niña.

Sé que estuve allí. Lo recuerdo.

Hasta pronto. votar

17/11/10

“Tan Solo Sombras”

La luz cegadora de la mañana, me despertó.

Los pájaros se escuchaban cantar a lo lejos.

Abrí lentamente los ojos para ver una sombra a los pies de mi cama:

- ¿Quién eres? – Pregunté sin temor - ¿Qué quieres?

La sombra esbelta y algo gruesa, no me respondió. Se quedó inmóvil en el mismo lugar.

Volví a preguntar:

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?

Mis parpados me obligaban a cerrar los ojos, pero yo luchaba contra ellos.

- No puedo dormirme, no puedo… - Repetía una y otra vez, intentando despertar por completo.

Una voz profunda me habló entonces:

- Serena, dime. ¿has recordado ya quién eres?

Me sentía como en una pesadilla. Deseaba tener mis ojos abiertos, pero el sopor no me dejaba. Apenas podía articular palabra:

- Sí, sé quién soy – Respondí – Pero, por favor, cuéntame quién eres tú y dónde estoy.

La sombra se entremezcló con la penumbra de la habitación.

Dejé de escuchar a los pájaros.

Y mi cuerpo fue despertando poco a poco.

Al abrir los ojos por completo vi donde estaba: en la habitación de la torre.

Sorprendida ante los acontecimientos, balbuceé:

- ¿Jeno? ¿Valentín? ¿Sois vosotros?

Nadie me respondió, así que observé con mayor detenimiento la sala: fuera parecía de nuevo de noche y estaba sola en mi habitación.

Sin comprender muy bien la pesadilla que acababa de tener, decidí levantarme rápidamente. Cuando fui a hacerlo, algo me lo impidió.

Miré… observé mi cuerpo… y nada había.

- ¿Qué me ocurre? ¿vuelvo a soñar?

Con la esperanza de que alguien me escuchara, intenté gritar pidiendo ayuda, pero no pude.

Otra sombra se apareció a los pies de mi cama. Esta vez, había más sombras a su lado. Escuché que decían:

- Serena no se habría ido sola.

- Es cierto. A mi me habría dicho algo.

Que bien. Las sombras, parecían conocerme. Yo sin embargo, no reconocía sus voces. Pero no me preocupé.

- Estoy aquí – Pensé – No me he ido a ninguna parte. De hecho he regresado del pasado ¿Amigos?

Un grupo de sombras más pequeñas, entraron en la habitación:

- Te están buscando – Dijo una de las nuevas sombras, a la figura más alta y gruesa de todas ellas – Tienes que ir rápido. Es por Serena…

Todos salieron corriendo de la sala, dejándome sola.

Intenté restregar mis ojos con mis manos, pero me di cuenta de que no tenía manos, ni tampoco ojos…

- ¿Qué soy? – Me pregunté – ¿Ya no soy nada ni nadie? Me están buscando en el lugar equivocado. Yo sigo aquí…

Sentí un leve soplido y caí de nuevo en los sueños.

Hasta esta mañana…

Besos para todos. votar

10/11/10

“Recordando Quién Soy"

La acogedora cocina de la posada de mis padres, parecía gritarme.
- ¡Serena! ¡Eres tú! La chica que no es una niña, y que vive en este pasado, lleno de secretos familiares. Recuérdalo. Recuerda quién eres.

Con el paso lento, entré en la cocina y me senté junto a mi madre.

- Mamá – Le dije - ¿Quién es el hombre, que ha venido a vernos desde tan lejos?

Mi madre me miró con compasión. Mientras me tocaba la mano, que tenía puesta encima de la mesa, me dijo:

- Eres de lo que no hay, Serena, hija mía. Como te gusta preguntar.

- Claro – Respondí – Soy una niña…

A pesar de mis preguntas, nadie me respondió. Ninguno de los adultos de la sala, sabían como desvelar lo oculto.

- ¿Quieres unas patatas asadas, cariño? – Me dijo mi padre, con las manos tintadas de negro.

Respondí que sí, ya que las patatas, son uno de mis platos favoritos. Gracias a eso, dejé de pensar en mis preguntas y me centré por completo en devorar dos patatas asadas y sazonadas con mucha pimienta.

La noche llegó tan deprisa, que apenas tuve tiempo de recordar quién era, y porque estaba en aquel lugar. De hecho, mi pequeño cuerpo estaba muy cansado y me quedé dormida en los brazos de mi madre.



A la mañana siguiente, mi primo del oeste, llegó a la posada muy temprano.

Mis padres creían, que seguía en la cama, pero yo ya estaba en pie y escondida en uno de los recovecos de la posada. Así, pude escuchar decir a mi primo:

- Lo siento tíos – Dijo – No va a venir. Me ha indicado que os diga, que si a vosotros no os importa, regresará en un tiempo, cuando Serena tenga unos veinte años.

- ¿Importarnos? – Exhortó con alegría mi padre – Para nada, para nada…

- Bueno… - Intervino mi madre – Un poco sí. Me habría gustado volverle a ver. He hecho tantos preparativos…

- ¡Bien! – Exclamó mi primo con fuerza – Pues nos vamos tíos. Yo vendré antes a veros. Dadle muchos besos a la pequeña.

Con el rostro aliviado, mis padres, lo acompañaron hasta la puerta.

- Entonces… - Susurré en mi escondite – Por eso, cerraron la posada, y por eso no pusieron impedimentos en que marchara de la aldea…

Mi madre entró de nuevo a la posada. Con un hilo de voz, dijo:

- Estoy contenta de que Serena no se haya enterado de nada… No sé si nos perdonaría las mentiras…

- Tienes razón – Le dijo mi padre, mientras le daba un gran abrazo – Ella no lo entendería. Por lo menos, no ahora. Cuando sea mayor… entonces, tal vez sea el momento.

Algo entristecida, por las palabras de mis ancianos padres, me escabullí de mi escondite hasta mi dormitorio. Allí, me tumbé en la cama, e intenté recordar, como había llegado hasta aquella situación.

- ¿Quién eres Serena? – Me preguntaba mientras miraba la cara de la niña de diez años, en el espejo - ¿Dónde están mis amigos? ¿Por qué no puedo recordar quién era?

Un silbido muy fuerte, me despertó de mis dudas.

- Serena – Gritó alguien fuera de la posada – Tienes que regresar, tienes que recordar quién eres.

La familiar voz de Jeno, me ayudó a salir de mi pena.

- Poco a poco – Me dije – Poco a poco sabré quién soy y volveré a mi presente. Hay más cosas que aprender en este pasado. Lo descubriré.

Mis ojos se cerraron como si tuvieran plomo y caí en un profundo y agradable sueño.

Hasta pronto. votar

3/11/10

“De Regreso A Casa"

-  ¡Serena! – La potente voz de mi anciano padre, me despertó la otra mañana – Serena, es hora ya de que te levantes, o llegarás tarde a clase.
- ¿Papá? – Susurré, mientras me destapaba – Estás más joven...

Me froté los ojos para poder abrirlos, y observé anonadada que mi habitación de la torre, ya no era tal.

- Serena – Repitió mi padre – Recuerda que tienes que llegar hoy pronto de la escuela, ya que abrimos la posada unas horas antes.

- ¿Por qué? – Pregunté en voz baja.

- Vaya memoria que tienes hija… Hoy llega a la aldea, tu primo de las tierras lejanas, acompañado del jefe de su ciudad… Tu madre está preparándolo todo. Vamos – Insistió – No hay tiempo que perder pequeña.

Tardé en comprobar que mi aspecto ya no era el de una joven. Ahora, volvía a ser una niña de diez años.

Recordaba el día en que mi primo llegó a Tierra Opaca. Casi todo el pueblo, salió a recibirlo:

- Dicen que viene, con la persona más importante de todas las ciudadelas conocidas – Comentaban los aldeanos.

- Yo sé de quién se trata – Presumían otros – Lo conocí hace años, cuando viajé a las tierras del oeste.

Después de aquella escena en mi dormitorio de la posada, una imagen vivida llegó a mi mente: era yo, de joven y en la torre del futuro. Los chicos del patio, nos mandaron instrucciones precisas para abandonar su presente. Tumbada en mi cama, dije a Jeno y a Valentín:

- No me miréis así amigos. Ya sabéis que yo no voy a ninguna parte. No por ahora. Mañana he quedado con Lorenzo.

- Claro – Escuché decir al cocinero, dirigiéndose al maestro – No es normal, pero se puede intentar.

Las palabras se repitieron una y otra vez, como si de una grabación se tratase.

- No es normal, pero se puede intentar.

¿A qué se refería con aquello? ¿Estaban hablando en clave?

Sin dejar pasar mucho tiempo, Jeno se aproximó a mi cama.

- Toma Serena – Me dijo – Esta infusión de té, te hará descansar.

Recuerdo que me incorporé, dándole las gracias a mí amigo.

Tuve entonces una gran somnolencia.

- Ya está – Creí escuchar – las instrucciones de los chicos eran claras. Si no quiere ir por su cuenta, lo haremos sin su consentimiento.

Cuándo desperté, lo hice en mi aldea y en aquel instante de la visita de mi primo.

Al darme cuenta de aquello, lo primero que pensé, fue que se habían equivocado y me habían mandado de regreso a casa, pero… al recordar en persona los acontecimientos, dudé mucho de que no fueran premeditados.

Aquella tarde, no se produjo tal y como creía rememorar.

Mi primo del oeste, llegó solo a la posada:

- Lo he dejado en la pensión tíos – Dijo sonriente a mis padres – Estaba muy cansado el hombre. Hemos hecho un viaje muy largo.

- No pasa nada – Dijo mi madre entre dientes – Que le vamos a hacer hijo… Ya vendrá mañana.

Mi madre decidió no sacar los aperitivos y demás preparativos, que llevaba días haciendo.

- Lo siento de verdad tía – Dijo mi primo – Este hombre tiene muchas ganas de veros, ya que no puede olvidar lo amables que fuisteis al acoger a su hija.

- ¿A quién? – Pregunté de modo inocente - ¿Qué hija?

Mi madre y mi padre abrieron mucho los ojos y llevaron cuchicheando, a mi primo a la cocina:

- Calla muchacho, calla. Serena no lo sabe.

La niña que fui y que era, tenía mucha curiosidad de saber aquella historia, que nunca le habían contado, así que me escondí detrás de la puerta. Atentamente escuché:

- ¿Cómo que no lo sabe, tíos? Habíais quedado que se lo diríais cuando fuera mayor.

- ¿Mayor? – Exhortó mi apreciado padre – Pero si mi Serena es todavía una chiquilla.

- Vamos querido – Le tranquilizó mi madre – No pasa nada. Todo será un malentendido. El jefe vendrá mañana y nos dirá el motivo de su visita.

De repente, la voz de mi padre, me hizo dar un respingo:

- Serena hija, ¿Qué haces detrás de la puerta? Anda entra. Ven con nosotros a la cocina. ¿Qué te apetece comer?

Mi padre me acarició la cabeza y me empujó suavemente, hacía la habitación.

- Aquí está la pequeña – Dijo mi padre, a mi primo y a mi madre, los cuales quedaron callados al llegar yo.

- Venga Serena – Prosiguió mi madre – Siéntate con nosotros.

Os seguiré contando.

Besos para todos. votar

27/10/10

“Aprendiendo Del Futuro"

Hoy ha sido un día fructífero.

Me he levantado muy temprano, y he ido a clase. Más tarde, he estado intercambiando opiniones con algunos estudiantes de la torre.

Jeno y Valentín, me miran desconcertados.

- Pero Serena – Me reprochan – No puedes unirte a las personas, que nos quieren mantener en este presente.

- Ya lo sé, amigos – Les respondo – Pero, he de seguir aprendiendo. Sea aquí o en mi presente. No puedo desaprovechar la oportunidad de conocer cosas nuevas…

Parece que no me entienden…

Por más que les explico que las clases de este futuro, son muy interesantes, no me oyen. Ellos tan solo desean regresar por cualquier medio. Incluso Valentín desea salir de aquí para no volver nunca.

- Sé que suena raro – Me comentó ayer – Pero no puedo seguir viviendo en este presente. No comprendo a las gentes del lugar. No parece que hayan evolucionado en años de enseñanza.

Jeno, con su particular idea de los acontecimientos, le apoya:

- Es así, Serena. Este futuro, no es el más halagüeño. Creo que hay otros futuros, mucho más avanzados. Recuerda que tenemos que ir a aquel futuro de tu escrito…

Lo que yo pienso ahora mismo no les importa mucho.

No comprenden que lo interesante de estar aquí, es aprovechar hasta el último resquicio de sabiduría que haya. Cualquier cosa es bienvenida. Los chicos del patio, tampoco comprenden que hago yendo a clases y hablando con el maestro Lorenzo.

- ¿Por qué aprender? ¿Por qué creer en que eso te ayudará en algo?

Todas las noches, se acercan hasta nuestra ventana, y nos lanzan unas instrucciones para los sueños de esa velada.

- Tenéis que ser muy precisos – Nos dicen – Si queréis salir de este presente a través de los sueños reales, no podéis dejar de practicar.

Jeno y Valentín siguen intentándolo, a pesar de los malos resultados.

Yo, como digo, prefiero vivir en este presente. Descanso por las noches y estudio por el día… Lorenzo viene a por mí, cada mañana con un horario de actividades, acompañado de una estudiante de la torre. Cada día es una diferente.

- Tienen que aprender que hay otros “mundos” Serena – Me dice el Maestro – Intenta que comprendan quién eres y de donde crees que vienes.

Al anciano sigue convencido que no soy de mi presente…

El Maestro piensa que la posada y todos mis recuerdos no son del todo reales.

- ¿Dices que mis padres nunca han existido realmente, Lorenzo?

- Exactamente no… - Me dijo – Creo que tus padres te recogieron cuando eras un bebé… creo que alguien del futuro te abandonó en la posada y que tus llamados padres, se inventaron tu vida.

Así que, según el Maestro, parece que nunca nací en mi ciudadela. Él cree que mis padres me han mantenido engañada durante años…

Pero yo no puedo pensar eso. Ellos nunca me ocultarían algo tan importante…

Soy su hija, aunque como opina Lorenzo, no sean realmente mis padres…

- Dudo mucho que tus padres de la posada, sepan que vienes de otra época… - Me ha dicho el Maestro – Tan solo decidieron acogerte y darte una vida… sin más.

Sin más…

Hasta luego. votar

20/10/10

“Atrapados”

No hemos conseguido salir de este futuro…
Un grupo de estudiantes nos delató, cuando nos acercábamos al patio:

- ¡Allí están! – Escuchamos gritar – Que alguien dé la voz de alarma. Se escapan.

Valentín cargado de bolsas y otros bártulos, sudaba sin parar.

El maestro Jeno, no hacía más que repetir una y otra vez:

- No puede ser… no me lo creo.

Yo, por mi parte, intentaba ayudar con un leve:

- No pasa nada, todo se arreglará
El grupo de jóvenes, llegó hasta nuestro lado, y nos rodearon.

Uno de ellos, con larga melena y aspecto de líder, gritó:

- Es una vergüenza, que estemos pasando por esto. No habría ocurrido cosa semejante si el maestro Lorenzo, nunca hubiera abandonado su presente.

Un murmullo de afirmaciones se enredó en el ambiente:

- Si, si, eso es verdad.

- Si no hubiera ido…

- Sí, es cierto, muy cierto.

De repente una enérgica voz, inundó la torre:

- ¡Vamos, separaros chicos! – Dijo el maestro Lorenzo con voz firme – Es hora de que me dejéis a solas con los tres.

El líder de los estudiantes, le impidió el paso:

- No Lorenzo – Dijo – No podemos permitirlo…

El grupo de estudiantes y maestros, que se habían reunido alrededor, quedaron en silencio. Solo es escuchó a una niña susurrar:

- Le ha levantado la voz al Maestro…

El chico mantuvo su mirada fija en la de Lorenzo por un rato, hasta que se dio cuenta del poder del anciano, y lo dejó pasar:

- Es así como tiene que ser – Dijo el maestro – Y vosotros – Prosiguió, mientras miraba hacía nosotros tres – Seguidme.



Todo el mundo se apartó para que pudiéramos seguir a Lorenzo.

Cuándo lo hicieron, pude ver a los chicos del patio, que sin apenas inmutarse, seguían escuchando música.



Lorenzo nos llevó hasta su habitación. Ésta, era exactamente igual que la del pasado. Lo único que no cuadraba en la escena, era él, el maestro.

Nos observó de uno en uno.

El desasosiego se notaba en el lugar.

Jeno habló:

- Maestro… - Dijo – Tienes que dejar que nos vayamos. Tú sabes que éste no es nuestro sitio.

Lorenzo asintió.

- Lo sé… Pero – Continuó – Las cosas son así. Sois vosotros los que habéis venido hasta aquí. Y ahora, dependéis de nosotros, para continuar vuestro viaje.

- Maestro… – Murmuré.

- Serena – Dijo él, mirándome fijamente a los ojos – ¿Has visto? Hay algo más… siempre hay algo más.

- Maestro – Repetí con la voz rota – Has dudado de mí. Tú, que me dijiste que…

Lorenzo me cortó:

- Te dije muchas veces, que el pasado, presente y futuro están en una misma línea temporal… y te lo dije, convencido de que tú, formabas parte de algún lugar de ese tiempo.

Agaché la cabeza, en vista de que no podía decir con palabras, lo que sentía en ese momento, de mi querido amigo y maestro.



Algo se ha quebrado en mí esta semana. En mí, y en mis compañeros de viaje. Menos mal que estamos los tres juntos. Sin Jeno y Valentín, todo estaría siendo más difícil.

Los chicos del patio, nos ayudan todos los días. Intentan acceder a nuestro encierro desde el patio, pero parece imposible.

A uno de ellos, se le ha ocurrido hacerlo a través de los sueños.

Tal vez así, salgamos.

Así lo deseo…

Hasta pronto. votar

13/10/10

“Los Chicos Del Patio”

Después de unos días sin recibir visitas, Valentín vino a verme:

- Serena… Siento la espera. No me dejaban venir a verte… - Dijo el cocinero con voz triste y una bandeja llena de comida en las manos.

- No pasa nada – Dije – Ya casi estoy acostumbrada a los encierros, Valentín…

- Tienes razón amiga – Continuó el cocinero – No entiendo que les pasa a las personas de este presente… siempre había pensado que eran más avanzadas que los que viven en tu presente… pero, veo que me equivocaba.

- Eso parece - Repliqué con fastidio – ¿Soy una amenaza o algo así, Valentín? ¿Por qué no ha venido Lorenzo a verme? ¿Y dónde está Jeno?

- El maestro Lorenzo… Es un erudito en esta época. Casi nadie se atreve a llevarle la contraria…

- Pero…- Interrumpí - ¿Por qué no me contaste que el maestro formaba parte de tu presente?

El cocinero se quedó callado y con la mirada pérdida.

- ¡Dime! – Exclamé - ¿Por qué?



Valentín, se levantó despacio y se aproximó a la puerta, cerrándola.

- Serena – Dijo suavemente – No es el Lorenzo que conoces… no puede ser. El maestro falleció en el pasado. Y esta persona, apareció a los pocos días del suceso, diciendo que había regresado. Todo el mundo piensa que es el maestro Lorenzo… bueno, casi todo el mundo…

Valentín, señaló por la ventana, a un grupo de jóvenes que escuchaban música en el patio.

-¿Los ves? – Preguntó.

Yo asentí.

- Son incrédulos. Aquí, catalogamos a las personas por lo que piensan solamente. No nos fijamos en quienes son. Ellos, no creen en casi nada. Por supuesto que tampoco en Lorenzo.

- ¿Por qué? – Pregunté con ganas de saber.

- Si me preguntas por qué no creen en nada, te diré que ellos mismos lo decidieron, después de darles a elegir entre varias formas de pensar. Y si me preguntas que por qué, permanecen en el patio durante horas…

Sorprendida ante la respuesta, volví a preguntar:

- ¿Qué ocurre en este futuro? No entiendo a la gente… tantas historias contadas, tanto que saber, y ¿hay personas que no quieren creer en nada? Pasan ahí su tiempo, no me digas más… en mi presente había seres así. En mi aldea, muchos eran así… no tenían ganas de saber de nada, ni se interesaban por nada. Tan solo vivían… siempre ofuscados…

- No creo que sea lo mismo, Serena. Date cuenta, de que aquí se les ha dado a elegir. Ellos saben que hay otras opciones…

Callé y miré a los chicos del patio, que reían y cantaban, despreocupadamente.



De repente, unos golpes en la puerta, nos sacaron de nuestra conversación.

- Serena – Susurró el cocinero – Abre la puerta, pero hazlo muy lentamente.

Sin mediar palabra, me levanté de mi cama, y me acerqué a la puerta.

Al abrirse chirrió como un grito, en toda la sala.

- ¡Serena! – Gritó el maestro Jeno, empujando la puerta, para abrirla por completo – Por fin te veo…

- Maestro, que alegría – Dije, mientras abrazaba a mi amigo.

- Tenemos que irnos ya – Dijo Jeno – Este presente no es seguro. Por eso te han traído Serena… Tenemos que ir hacía el futuro de los escritos que encontraron.



Observé la cara redonda del cocinero, que miraba a Jeno con expresión de asombro.

- Sí – Dijo – Nos vamos. Busquemos a los chicos del patio. Ellos nos ayudarán a partir.

Sin conocer nada más de Jeno ni del porque de nuestra huida, seguí a ambos hacía el patio.

Jeno se acercó a uno de los chicos:

- Sí, claro… - Escuché decir a uno de ellos – Nosotros os ayudaremos. Venid aquí en tres días y lo tendremos todo preparado.

Ha llegado el día.

Hasta luego. votar

6/10/10

“El Futuro Del Cocinero”

Después de una larga y movida noche, llegamos al futuro de Valentín.

- ¡No entiendo por qué nos ha costado tanto llegar a mi presente! – Exclamó el cocinero exhausto.

- Creo que hay una razón para ello – Dije.

Valentín se quedó pensativo.

- Es cierto, Serena… Tiene que haber una razón… busquemos al maestro Jeno. Tal vez, él sepa que ocurre…


La luz de ese presente parecía apagada, a pesar de ser ya mediodía.

Los ruidos normales de la torre, no se oían.

Apenas se veían pasar estudiantes.

Valentín se apresuró a una sala y entró sin esperarme.

- Aquí está – Gritó – He traído a la soñadora.

- ¿La soñadora? – Susurré.

- Que bien que hayáis llegado – Dijo una mujer mayor, de aspecto enérgico – Vamos, sentaros, por favor. Ha llegado el momento.

Sin dar más explicaciones, la mujer se sentó, en una de las sillas del centro de la sala.

Las pocas personas que había en la habitación, nos miraban con curiosidad, de pie alrededor del lugar.

- Serena – Dijo una voz masculina, escondida entre las estanterías – No podíamos imaginar que llegarías tan pronto.

- ¿Pronto? – Preguntó Valentín – Pero, si hemos tardado en llegar toda la noche…



La sombra alargada del hombre que acababa de hablar, salió de su escondite.

- Pero amigo – Dijo el maestro Lorenzo – Me resulta sorprendente que aún no sepas, que el tiempo es diferente según quién lo mide… y según dónde lo hace…

- Maestro – Grité con alegría – Estás realmente aquí…

Lorenzo me miró pacientemente, con su sonrisa burlona.

- Serena… No pensé que nos veríamos en estas circunstancias… pero ven – Dijo, señalando tres sillas al lado de la mujer que había hablado en primer lugar – Sentémonos juntos. Tienes que contarnos muchas cosas…

¿Contarles yo muchas cosas? Pero… ¿qué podía yo contarles, si lo que yo necesitaba era saber que hacía el maestro Lorenzo en ese presente? Si era yo, y no ellos, los que debían de darme explicaciones…

- Queremos que nos digas, como es posible que llegues a estar en un futuro que nadie conoce ¿Quién eres y de dónde vienes realmente? – Preguntó sin descanso la mujer, que se había presentado como Noelia.

- Yo… - Balbuceé – No soy nadie. Tan solo una chica del pasado… que se crió en una posada y que tuvo la fortuna de salir de allí para encontrarse con seres extraordinarios…

Valentín interrumpió la escena:

- ¿Qué os pasa? ¿Para esto he traído yo a la chica? No es nuestra enemiga. No podemos tratarla como si así lo fuera…

- Tienes razón amigo – Dijo Lorenzo – Pero es que no podemos entender…

- Maestro – Dije – Tú me conoces… sabes quién soy y de dónde vengo. Porque… ¿eres tú? ¿Verdad maestro?

Lorenzo se quedó mudo durante un rato:

- Sí Serena, soy yo. Nunca pertenecí a tu pasado, tan solo era una especie de “viajero en el tiempo”. Agoté todos los límites y cuándo los sobrepasé no me quedó más remedio que morir allí…

- Entonces… - Intervine nerviosa.

- Entonces… - Continuó el maestro – Yo solo te conozco por Josué. Él me dijo que venías de una aldea oscura y de una posada, pero yo nunca lo vi… de hecho, nunca lo creí por completo.

Asustada y triste por las palabras del anciano, miré alrededor de la sala.

No podía creerlo… Lorenzo estaba allí y no confiaba en mí…

- Terminemos con esto – Dijo Noelia – Si no quieres hablar, estarás en tu habitación, hasta que lo decidas…

Sin más palabras, me llevaron a mi habitación del futuro.

- Serena – Me dijo el cocinero – No te preocupes… yo te ayudaré. Ahora descansa…


Sigo en el futuro del cocinero. En mi habitación.

No sé que ha pasado.

No sé que quieren que diga o que haga…

Os seguiré contando. votar

29/9/10

“El Diario de una Soñadora”

Valentín ha venido a verme hoy muy temprano. Todavía no había abierto los ojos, cuando el cocinero, con mucha prisa, ha llamado a mi puerta:

- ¡Serena! Tienes que ver esto.



Dice, que en su futuro han encontrado una gran cantidad de escritos.

- Parece – Ha dicho – Que no son de mi época. En el futuro en el que estoy, tenemos muchas ideas nuevas, muchos descubrimientos, y muchos libros, contando el pasado, pero nada como una parte de los escritos encontrados…

Intentando prestar atención a mi amigo, pregunté:

- ¿Y por qué me buscas tan pronto? Dime, ¿qué es lo que no puede esperar?

El cocinero mantuvo el silencio un par de minutos, que se hicieron eternos:

- Mira… He traído esa parte de los escritos, de la que te hablo…



Miré sus manos, y en ellas, sostenía una pequeña hoja de papel, con unas letras en grande que ponía: El Diario de una Soñadora.

- Serena… - Continuó – Creo que es un escrito del futuro. Un escrito que…

- ¡Dime! – Exclamé impaciente.

- Está firmado por alguien llamado Serena…

- Una casualidad – Dije sin darle muchas vueltas – Alguien de un futuro lejano, se llama como yo ¿Cuál es el misterio?

Valentín me señaló el final del escrito:

- Éste…

Miré sin esperar nada impactante, cuando leí la frase:


UN MUNDO EN PAZ, ES UN MUNDO LLENO DE VIDA.



Me quedé quieta y callada un buen rato, hasta que Valentín rompió el silencio:

- Eres tú Serena. Esa persona que ha escrito esto, eres tú. No puede ser una coincidencia.

- Vale – Respondí – Porque yo diga esa frase a menudo, no significa que…

- Sí – Interrumpió el cocinero – Sí que significa eso. En algún momento de tu vida, irás a ese futuro lejano Serena. Y escribirás esto.

Valentín me acercó el escrito y me dejó leerlo:



“Por fin podía ver ese mundo deseado por la mayoría. Estábamos vivos, realmente vivos.

Vivíamos en un mundo en paz. Todo estaba en equilibrio. Las energías se compensaban.

El apego, el odio, el rencor, el sufrimiento, habían desaparecido de todas las mentes. Sabíamos que eran, pues convivimos con ellos por mucho tiempo, y nuestra huella pasada aún seguía presente, pero ya no ganaban ellos.

Ya nadie ganaba. No había nadie, ni ganadores, ni perdedores.

Por fin comprendimos. Estudiábamos el pasado como una asignatura ya superada. Pero lo mirábamos a menudo. Sin miedo a que se volviera a repetir. Ya nada podría impedir nuestra evolución.

Era el momento y los acontecimientos adecuados. Vivíamos sin miedo”.



- ¿Un mundo sin nadie? ¿Qué significa Valentín? – Pregunté sin querer meditar en la respuesta yo sola.

- No estamos seguros. En mi época, están analizando si verdaderamente significa un final o realmente, un principio… Lo que está claro, Serena, es que has de venirte conmigo a mi futuro. Jeno ya está de nuevo allí. Te estamos esperando.



He quedado con Valentín para esta noche.

Me voy a su futuro, a seguir indagando.

Hasta pronto. votar

22/9/10

“Igual Que Un Puzzle”

Mariana ha tenido que irse. Después de conocer, que los huesos eran de ella misma, entró en una especie de locura.
Todas las mañanas, venía a verme, convencida de que no me había contado toda la historia de los huesos:

- Y no comprendo como han llegado hasta ahí… - Me decía todos los días.



Yo, por más que le he contado lo que Jeno y Valentín me dijeron, no llega a escucharlo por completo.

- Que si amiga – Me decía – Las historias esas de fantasía están muy bien, pero te estoy diciendo, que creo que tenía una hermana gemela… ¿No me oyes? – Exasperada y confundida, mi amiga, se movía de un lado a otro de la habitación sin parar – Espero que prestes mayor atención en clase Serena… Espero…

La madre de Mariana murió hace años, y su padre las abandonó cuando ella era una niña. Con su mente centrada en sus conjeturas de una hermana gemela, Mariana decidió hace tres días, ir en busca de su padre.

Todos en la torre, intentaron que recapacitara, mientras que el cocinero y yo, la buscábamos para recontarle lo que no quería escuchar:

- Los huesos son tuyos – Le decía Valentín con expresividad – No tienes más que ver lo que has hallado…

- Mis huesos… – Murmuraba la chica con algo de desprecio – Yo solo sé que lo que cuentas, son relatos de fantasía y que nada de eso es verdad. Lo real es lo que veo, y lo que veo es que esos huesos podrían ser de mi hermana gemela…

- No te preocupes Valentín – Interrumpí – Ella lo descubrirá… cuando vea a su padre y le confirme que nunca tuvo una hermana igual que ella…

- No es eso lo que me preocupa – Dijo el cocinero – Lo que realmente me preocupa, es que Mariana no regresé de su largo viaje… o peor, que no regrese de su mente analítica y cerrada…

Bastante enfadado por la situación que se escapaba de sus manos, Valentín, dejó de hablar y no volvió a buscar a Mariana hasta el día de su marcha:

- Mariana – Le dijo entonces – Ten cuidado con tus pensamientos. Es posible, que seas tú misma la que te pongas trabas a tus descubrimientos… mira más allá de lo que tienes delante y… no tengas miedo en cambiar de opinión. Nosotros estaremos aquí… esperándote…


Por otro lado, la historia del cocinero y Jeno, sí han sido aceptadas a nivel general, por toda la torre. Muchos maestros, han dicho, que algo habían indagado al respecto, y algunos estudiantes han enseñado sus proyectos de investigación acerca del tema.

- Yo estuve con esa idea en mi mente, durante años – Dijo Rosa, una de las maestras de física cuántica – Pero no sabía que hacer para comprobarlo…

- Yo hice un trabajo de clase – Comentó uno sus alumnos – en el que explicaba un experimento con una hoja de un árbol…


La marcha de Jeno y de Mariana, me ha dejado algo sola.

Aunque, por lo menos, sé que la torre está ya despierta y con ganas de trabajar y de investigar.

Eso me tranquiliza y me hace sonreír.

Yo misma continúo escribiendo mi libro del sueño real.

Imagino la torre igual que un puzzle de mil piezas, y que, cada una de esas piezas, forma parte de un pasado, de un presente y de un futuro parecido, pero distinto a éste…

Hasta luego. votar

15/9/10

“El Lento Despertar”

Todo está pasando según la historia de Jeno.
El maestro, no sólo me contó su aventura fuera de la torre, sino que además se adelantó a los acontecimientos en ella.

Cuando Jeno despertó de un profundo sueño, lo hizo con mucha hambre.

Juntos, fuimos hasta el comedor, donde el cocinero nos recibió con alegría:

- Hola amigos – Gritó – Veo que ya estás aquí Jeno. Y tú Serena… ¿desde cuándo no nos vemos?

- Hola – Le respondió el maestro – Como sabes ha sido un largo camino de regreso Valentín, pero sí, al final ya estoy aquí.

Mirando a ambos, con el ceño fruncido y con un gran interrogante en mi cabeza, yo también respondí al cocinero:

- Hola Valentín… - Dije – Pues… desde hace días… desde hace varios días. Cada vez que te he buscado, no he conseguido encontrarte… ¿Dónde estabas?

El cocinero si prestar atención a mis palabras, continuó hablando con Jeno:

- Cuándo te dejé en el claro del bosque, pensé que no serías capaz de regresar a la torre de tu presente.

- Es cierto amigo – Dijo Jeno – Yo también me perdí en mis dudas un buen rato. Hasta que apareció la señal.

Sin poder resistirlo más, interrumpí:

- ¿De qué estáis hablando? Por favor, contádmelo.

- Tienes razón Serena – Dijo amablemente el maestro – Sentémonos y comamos algo primero – Jeno sonriente, miró a Valentín – Yo quiero el desayuno completo de siempre.

- ¡Eso está hecho! – Exclamó el cocinero aparentemente contento - ¿Qué quieres tú Serena?

- No tengo mucha hambre, la verdad – Respondí – Pero un plato de fruta, estaría bien. Gracias amigo.

Valentín se alejo tatareando una canción, que no conocía.

- Será del futuro – Murmuré en voz baja.

Mientras tanto, Jeno se había acomodado en su silla, que se había transformado en una de las sillas más confortables que había podido ver en el comedor.

- Pues sí Serena – Dijo el maestro echando su cuerpo hacia el mío – Valentín y yo, estuvimos en el futuro del cocinero…

- ¿En el futuro?

- Sí. El cocinero me ayudó, ya que yo solo no podía hacer lo que tenía que hacer – Dijo Jeno, que ya disfrutaba de su gran desayuno.

- Cuando regresaste de tu futuro – Continuó Valentín, sentándose a nuestro lado – tuve que irme al mío, ya que un gran problema acuciaba a la torre. Para ello fui en busca del maestro, que agotado (no sé bien porqué), me pidió ayuda.

Sin apenas comprender, decidí seguir escuchando el relato:

- La ayuda que le pedí… – Dijo el maestro Jeno - Fue ir con él a su futuro. Al saber que habías regresado, me temí lo peor.

- ¿Por qué? – Interrumpí.

- Como sabes, tanto Valentín como yo, somos de la opinión de que aunar presente, pasado y futuro, nos ayudará a todos a evolucionar.

- Sí… - Dije – Eso pensaba, hasta que me has dicho…

- Sí, lo sé, Serena – Dijo el maestro – Te he dicho que no quiero saber nada del futuro… ya que esa persona no soy yo…

- En mi futuro (que está más avanzado que el tuyo) – Intervino Valentín – Acabamos de descubrir algo que lo cambia todo. Y eso incluye la noción que tenemos del pasado, presente y futuro.

- ¿Qué es? – Me atreví a preguntar.

- No existe un solo pasado, ni un solo futuro Serena – Dijo el maestro en voz baja- Hay miles de ellos. Tantos como personas hay en el universo y como posibilidades de elección en sus vidas…

- Eso significa… – Hice una pausa – ¿Que lo que he vivido en el futuro no tiene por qué ocurrir?

- ¡Exacto Serena! – Exclamó Jeno – Es por eso, por lo que acompañé a Valentín a su futuro. En mis escritos e investigaciones, había empezado a descubrir lo que en el futuro del cocinero, ya han confirmado, y yo… necesitaba conocer más.

- Además los huesos que han encontrado… - Interrumpió el cocinero, cambiando de tema – No son de vuestro pasado ya que… los huesos son de…- Hubo un largo silencio - De la propia Mariana…

Abrí mucho los ojos y de modo instintivo me levanté con la intención de ir en busca de mi amiga. Valentín me paró.

- No Serena. No vayas. Mariana está a punto de descubrirlo. Todavía no lo sabe. Pero cuando lo sepa… tendrá una gran disonancia… que te contará y te pedirá tu opinión… y tú Serena…

- Tú – Continuó el maestro – Debes contarle lo que te hemos descrito hoy. Tienes que ayudarla a comprender.


En ese momento, en la puerta del comedor, apareció Mariana con la cara desfigurada.

Me levanté despacio y les dije en voz baja a Jeno y a Valentín:

- Tenéis que seguir contándome lo ocurrido, ¿de acuerdo?

El maestro y el cocinero asintieron.

Yo fui en busca de mi amiga, que casi llorando, me agarró fuertemente del brazo.

- Ya sé de quién son los huesos, Serena - Dijo.

- Lo sé amiga – Le respondí, tocando su hombro con mi mano – No te preocupes.


Poco a poco, más personas en la torre, van conociendo la historia de Jeno y Valentín.

Yo no me cansó de repetirla a quién me quiera escuchar. Y todos los que lo hacen, parece que van despertando.

Eso está bien.

Hasta pronto. votar

8/9/10

“Y Jeno Regresó”

En más de una ocasión, durante la semana, he tenido que preguntarme en voz alta, si estaba soñando.

Los acontecimientos que se produjeron después de la reunión, así me lo han hecho creer.



La noche de la reunión, el maestro Jeno llegó a la torre.

No fue solo curiosa su llegada, sino que también me sorprendió el recibimiento que le hicieron los habitantes de la torre.

Todos continuaban muy felices y pocos se dieron cuenta del alegre retorno:

- ¿Qué te ha pasado? – Le preguntó Josué – Nos tuviste algo intranquilos durante unos días. ¿Estás bien? – Dijo el maestro despreocupadamente.

Jeno no abrió la boca. Miraba a todos con los ojos perdidos.

- ¡Bien está lo que bien acaba! – Gritó la maestra más anciana de la torre – Vayamos a descansar. Ha sido un día muy largo.

- Eso – Respondieron varios estudiantes al unísono – Ya podemos dormir tranquilos. La torre ya no se desmorona…

Yo miraba la escena desde una distancia prudente. No entendía la frialdad con la que actuaban con Jeno, y casi todos parecían seguir hipnotizados.

- Veré a Jeno más tarde – Pensé – Cuando se hayan ido los demás.



A los pocos minutos, ya estábamos los dos solos. Jeno, aún no había dicho nada. Ni tan siquiera a Josué, que ya se alejaba de su lado, silbando una melodía alegre.

- ¿Qué ha pasado aquí Serena? – Me preguntó el maestro - ¿Cuántos días he estado fuera?

- Muchos maestro. Desde que me ayudaste en el futuro a regresar…

- No sigas Serena. No era yo. No debo de saber lo que pasará – Dijo el maestro con preocupación.

- ¿Por qué Jeno? ¿Desde cuándo te inquietan esas cosas? – Pregunté incrédula ante lo que escuchaba.

- Desde que… Mejor será que comience desde el principio. Vayamos a tu habitación.



Mientras caminábamos hacía mi cuarto, Jeno me volvió a preguntar lo mismo:

- ¿Qué ha pasado aquí Serena? Ya no hay nadie en los pasillos y los estudiantes y maestros, no parecen ellos mismos.

Miré a Jeno con los ojos muy abiertos, mientras me mordía el labio inferior, evitando responder a esa pregunta:

- Pues… - Dije.

- Venga Serena, dímelo. No te creas, reconozco esos síntomas. Y creo que sé que lo ha provocado.

Aliviada ante la respuesta y despistada ante esas palabras, me encontré de repente con la puerta de mi habitación:

- Ya estamos aquí – Balbuceé intentando dar signos de normalidad – Pasa maestro. Creo que me ibas a contar una historia, ¿no?

Jeno andando tranquilo, llegó hasta mi cama y se sentó:

- Si Serena. Una historia que te concierne. No vas a creer lo que ha pasado.

En esos momentos pensé que sí, ya que lo ocurrido en la torre los días pasados, había sido bastante raro.

- Aún están como hipnotizados – Dije en voz baja.

Miré a Jeno, que yacía en mi cama totalmente dormido.

- Está tan cansado – Pensé - Ha tenido que vivir muchas aventuras.



Jeno me detalló su historia, y se marchó de la torre hace un día.

Mariana, ha conseguido descifrar de quién son los huesos del acantilado. Y todo coincide… la historia de Jeno, los huesos…

Os seguiré contando.

Besos para todos. votar

1/9/10

“La Reunión”

Seguí a Jota con muchas preguntas en mi cabeza.
Si estaba en el futuro, ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Y como era posible que estuviera Jota?

Llegamos al comedor. Allí estaba Valentín con su ropa de cocinero:

- Serena – Dijo – Menos mal que Jota ha conseguido traerte. Venid – Hizo un gesto con su mano – Sentaros conmigo.

Con mi cuerpo totalmente frío e inmóvil, me acerqué a una de las mesas del comedor a trompicones.

- ¿Cómo es que Jota ha conseguido traerme? Yo estaba soñando y…

- Si Serena, ya lo sé – Dijo la voz grave del cocinero - ¿Conseguiste leer el libro?

Atónita ante la pregunta, respondí:

- Solo el principio – afirmé – Pero… ¿cómo sabes lo del libro?

- Es la clave para la reunión de hoy Serena – Respondió Valentín - Es importante que las gentes de tu presente, sepan que la torre aún sigue en pie años después.

- ¡Claro! – Exclamé – Es eso.

- No es solo eso amiga – Dijo Jota – ¿Recuerdas la portada del libro?

- Sí – Respondí entusiasmada – Había un dibujo de la torre y …

Jota me interrumpió:

- ¿De quién era el libro? ¿Te acuerdas?

- Pues… No – Dije sin pensarlo mucho.

- Haz memoria Serena – Apuntó el cocinero – Recuerda…

Intenté ver la portada del libro en mi mente. Unas pequeñas letras en negro, bailaban en mi cabeza.

e n S a r e …

- ¡Serena! – Grité con asombro.

- Bien – Continuó Valentín – Es hora de que traigas el libro, Jota.

Jota miró al cocinero y asintió:

- Lo tengo aquí – Dijo.

Jota sacó, de la bolsa que llevaba colgada, un libro.

- Toma Serena. Página 33…

Cogí el libro con mis manos, sin poder creer lo que veía. Era el manuscrito de mi sueño real. Allí estaba la portada con el dibujo de la torre, y justo debajo… mi propio nombre en letras negras.

Sin esperar, abrí el libro por la página que me había dicho Jota.

- Página 33 – Dije en voz baja – Capítulo 6: “El problema está resuelto”.

Con un pequeño brinco, solté el libro en la mesa.

- ¡Pero…! – Exclamé – Si está en blanco.

- Genial – Dijo Jota – Regresemos entonces.

Un fuerte ruido me asustó y perdí el conocimiento.



- Hola Serena – Dijo Jota a los pies de mi cama – Ya está todo preparado. Todos en la torre, están listos para la reunión.

Abrí los ojos muy despacio. Jota con el ceño fruncido, me siguió hablando:

- Es la hora Serena. Estamos impacientes. ¿Has encontrado la solución?

Me levanté rápidamente y moví la cabeza en gesto afirmativo.

- Parece que sí amiga – Le dije – El problema está resuelto.

Jota muy contenta, me acompañó hasta el patio de la torre. Todos los habitantes estaban allí y parecían inquietos.

- Creo que aceptarán cualquier cosa que les diga – Pensé – Siguen como hipnotizados.

Así fue. La reunión fue breve.

Lo único que tuve que hacer, fue explicar mi sueño dentro de mi sueño.

- ¡La torre sigue en pie en el futuro! No hay nada que temer. Es el miedo el que nos para, el que nos pone las barreras.

Un suspiro unitario, se escuchó en el patio.

- Lo ha conseguido – Dijo un estudiante.

- Sabía que lo haría – Dijo una maestra.

- Nunca perdí la confianza…

Observé las caras de estudiantes y maestros. Todos sonreían aliviados.

Desde ese día, la torre ha vuelto a la normalidad.

No sé bien cómo ni por qué, pero todo está en calma.

Me he puesto a escribir un libro de todo lo ocurrido. Porque… quién sabe. Tal vez el sueño, no lo fue tal.

Hasta luego. votar

25/8/10

“Antes De La Reunión”

La noche anterior a la reunión, tuve un sueño real.

En él, seguía a Lorenzo, que con su peculiar modo de caminar y su risa burlona, me animaba a ir más deprisa:

- Venga Serena… Parece que eres más mayor que yo… Vamos.

El camino se fue estrechando y llegó un momento, en que desapareció:

- Ya hemos llegado – Afirmó el viejo maestro – Ahora te toca a ti.

Lorenzo, con el aspecto juvenil con el que le recordaba en el pasado, se dirigía a un anciano Jeno:

- De acuerdo – Respondió éste – Ya es hora…

Ambos parecían obviar que yo estaba con ellos.

- No entiendo nada – Dije en voz alta – Sé que estoy soñando maestros, pero no sé cuál es el significado…

De repente, me encontré en el bosque de mi primer sueño real. Me sentía sola y perdida. Todo estaba en silencio. La niebla envolvía la noche.

Escuché una voz familiar:

- ¡Serena!

Comencé a ver pequeñas luces, que se acercaban a mí.

- Los trabajos en la cueva han dado sus frutos – Dijo Josué – Creo que ya sabes hacía donde dirigirte.

Todo parecía estar desconectado. Todo en el sueño carecía de lógica… Bueno, excepto por una cosa…


Los paisajes eran siempre los mismos. La cueva en la que estuve con Josué en mi camino hacía la torre, aparecía una y otra vez.

Escritos de otras eras, iban saliendo de la cueva, como si un hechizo mágico los moviera.

Uno de ellos, me llamó mucho la atención. Se llamaba: “Como hacer entrar en razón a la torre”.

El dibujo de la torre en su portada, aún lo conservo en mi mente. Abrí el libro por la primera página, y pude leer:

“Este es uno de los escritos más poderosos que existen. Cada una de las personas que lo lean, comprenderán rápidamente como resolver el problema. No importa de qué problema se trate. Cada uno leerá lo que más le convenga”.

- ¡Bien! – Grité sin querer – Por fin leeré la solución…

Después de decir aquellas palabras, una voz me despertó:

- Serena… ¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? ¿Por qué gritas?

Entreabriendo los ojos, no podía creer que ya no estuviera soñando.

- Jota – Susurre sin fuerzas - ¿Qué pasa?

Mi amiga, algo entretenida con unas mariposas de tela que llevaba en las manos, dijo:

- Estabas gritando desde hace un buen rato… No sabía que estabas dormida… Pensé – Continuó – Que te pasaba algo terrible… al fin y al cabo… la torre se derrumba… ¿no?

Observé la cara aniñada de Jota y respondí:

- La torre no se hunde, ni se derrumba, ni está haciéndose añicos Jota. Tenemos que…

El sonido de unas alarmas, me interrumpieron.

- ¿Qué es eso? – Pregunté conmocionada.

- Pues que va a ser amiga – Dijo Jota muy tranquila – Las luces ya se van a encender. Tenemos que irnos. Vamos…

Jota tiró de mí, hacía fuera de la cama.

Cuando quise darme cuenta, ya no estaba en mi habitación y miraba el patio de la torre del futuro, que estaba llena de luces brillantes.

No sabía si seguía dormida. Jota no vivía en ese futuro… ¿o sí?

- Vamos a buscar a Valentín. Le toca ayudarnos – Dijo una alegre Jota – Por cierto… – Me miró – Bienvenida de nuevo - Una minúscula sonrisa apareció en su rostro.

- No puede ser… - Dije – ¿Estoy en el futuro?

- Claro amiga. Vamos. Te ayudaré a entender.


Os seguiré contando.

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18/8/10

“Sin Tiempo Y Con Miedo”

Las paredes de la torre, se están convirtiendo en arena.

Todo lo que parecía fuerte, se desmorona.

La leyenda de hace veinte años, ha sumido a los estudiantes y maestros en una especie de estado hipnótico.

No están dormidos, pero lo parecen…

- Dadme un respiro – Supliqué a Josué y a Jota el otro día – Ya no sé que más hacer… hemos ido al acantilado varias veces, me he dejado guiar en sueños… estoy cansada.

Ambos me miraron con sorpresa:

- Pero Serena… tenemos que resolver el misterio… desde que Jeno desapareció… pareces otra persona… - Dijo casi en susurro Jota.

- ¿Otra persona? – Pregunté – Pero… ¿vosotros os habéis visto bien? No paráis, apenas si dormís… creo que los que están cambiando sois vosotros… bueno – Continué – Todos vosotros – Señalé con mi brazo extendido, hacía todos los puntos de la habitación.

- Mariana aún no ha podido resolver de quién son los huesos… el tiempo parece agotarse Serena. Todos tenemos que poner de nuestra parte… - Exhortó Josué con energía.

Sonreí débilmente. Las ideas de que no había más tiempo, se extendieron por toda la torre, como un terremoto.

- Y si no se dan prisa en averiguarlo – Decían algunos estudiantes – Lo más probable es que la torre desaparezca por completo…

- ¡No! – Gritaban los compañeros – Y Serena tan tranquila. No la entiendo.

Mariana entró está mañana en mi habitación. Quería hablar conmigo.

- Dime amiga – Le he dicho - ¿Cómo va tu trabajo?

Mariana, que estaba de pie en medio de la sala, de espaldas a mí, giró la cabeza para mirarme:

- Serena… Josué dice que has cambiado, que ya no eres la misma persona que llegó a la torre. No sé si te has dado cuenta pero la torre… la torre desaparece. Las paredes recias y fuertes están llenándose de grietas y los estudiantes y maestros no dejan de suspirar, con miedo de…

- ¡Miedo! – Grité – Ahí está el problema. Todos os habéis llenado de miedo. Creéis que el tiempo se acaba, que las grietas cada día son más grandes, pero… os equivocáis… estáis sumidos en un profundo letargo… y no os dais cuenta de nada…

- ¿De qué nos tendríamos que dar cuenta, Serena? ¿Acaso has conseguido ver más allá?

Con mucha incomodidad, miré a Mariana a los ojos. Éstos, parecían enfermos. Brillaban como el agua del río, cuando le da el sol de la mañana…

- Mariana amiga… - Dije – Quiero que reúnas a todas las personas que viven en la torre. Esto se tiene que acabar. Algo os está pasando… - Continué - Es cierto, ya no soy la misma… porque no os reconozco…

Entusiasmada con la idea de la reunión, Mariana dio un pequeño grito:

- ¡Vale! – Dijo – Mañana mismo tendremos a todos en el patio central… voy a buscar la ayuda de Josué y Jota.

Sin más palabras, Mariana salió de mi cuarto.

Mañana hablaré con todos… tienen que despertar… tienen que darse cuenta de que están hipnotizados.

Aún no sé como lo haré. Tengo toda la noche para pensarlo…

Ojala estuvieran aquí Lorenzo y Jeno. Ellos sabrían que hacer.

Hasta luego. votar

11/8/10

“Los Huesos”

Sin muchas ganas, acompañé a Josué y a Jota al acantilado.
Las supersticiones y leyendas nunca me han gustado.

Las gentes de mi aldea, apenas vivían con sus supersticiones. Creían tantas historias sin sentido…

Muchos daban de lado y se mofaban de los viajeros que llegaban a la posada.

- Mírala – Decían - ¡Dice que es una mujer, y lleva el pelo más corto que yo!

- Que desfachatez – Comentaban – Si esos se quedan en el pueblo, los denuncio por mal vestidos.

Poco a poco las leyendas y ritos de los aldeanos, fue haciendo, que los habitantes de mi ciudadela, se volvieran más oscuros y huraños.

Los viajeros, ya no se atrevían a ir más allá de la posada.

Incluso, muchos de nuestros familiares dejaron de venir a vernos.

Observé los “malos tratos” desde pequeña, y todo por las leyendas que se inventaban:

- Si te cruzas con un montañero, tus hijos dejarán de crecer.

- No les mires a los ojos… dicen que transmiten enfermedades, con tan solo hacerlo…

Con un mal presagio, seguí al maestro hasta el desfiladero.

Sus pasos se hacían cada vez más lentos al andar.

Detrás de mí, con cara de preocupación, iba mi amiga Jota:

- Mariana está ya en el acantilado – Dijo – Ha desenterrado los huesos casi por completo. Es probable que cuando lleguemos estén listos.

- ¿Listos? - Me pregunté - ¿Listos para qué?

Parecía como si los seres más racionales que conocía, se hubieran enredado en historias irreales y sin sentido.

- No me digas – Miré a Jota – Que ahora crees en todo eso…

Jota se paró en seco, y respondió:

- ¡Claro! Las historias que cuentan, muchas veces son reales… Y si Josué las apoya…

- Ah, vale – Dije – Todo esto es porque el maestro ha decidido “creer” en algo irracional. De acuerdo. Es bueno saberlo… - Concluí con tono de enfado.

Jota continuó su marcha, pero esta vez algo más alejada de mí.

Al llegar al acantilado, Mariana nos saludó en la distancia:

- ¡Por fin estáis aquí! Venid. Hay algo que quiero que veáis.

Con diligencia, Josué, llegó primero hasta donde se encontraba la arqueóloga:

- Mira – Continuó Mariana – Estas caderas… El tamaño… está claro que son huesos de mujer.

Una gran sonrisa apareció en el rostro de Josué.

Me pregunté porque estaba tan alegre. Al fin y al cabo, sus teorías sobre la leyenda parecían no ser ciertas.

- ¿Por qué no estás decepcionado? – Le dije.

- Esperaba encontrar los restos de mi amigo… No lo son y eso me da esperanzas. Jeno regresará. Ahora lo sé…

Sin apartar la mirada de los huesos, me vino una gran duda:

Si esos no eran los restos de Jeno… ¿De quién eran? ¿Y qué tenían que ver con la leyenda de hace veinte años?

Yo ya estaba allí y nada había pasado…

Sin hablar, cada uno fue cogiendo una parte de los restos y metiéndolos en un saco.

Como si hubiera leído mis pensamientos, Mariana dijo:

- Los llevaremos a la torre – Suspiró – Pronto sabremos de quién se trata.

Mariana trabaja sin descanso, junto a Jota, para desvelar el misterio.

Besos para todos. votar

4/8/10

“El Acantilado”


Han aparecido unos restos en un acantilado. Parece ser que son huesos humanos.

En la torre, no se comenta otra cosa. Sobre todo, porque hace ahora dos décadas, ya se sabía que ocurriría.

Una especie de leyenda “real” circula por la torre y los pueblos cercanos.
Fue hace veinte años, cuando un lugareño, vivió un extraño suceso, cuando se cruzó en su camino un hombre joven, con el pelo largo.

- Hola – Le dijo - ¿Eres de esta tierra? – Preguntó el joven desconocido.

- Sí – Balbuceó el hombre.

- Bien. Tienes que seguirme. Lo que te voy a enseñar es muy importante.

Sin saber porqué, el campesino siguió al joven.
Cuando llegaron a un gran desfiladero, el muchacho, sonrió y dijo:

- Es aquí. Justo en este lugar. Aquí ha de buscarme la chica. Si no es así, la historia se volverá a repetir. Recuerda… - Apuntilló – Las casualidades no existen. Eres una parte importante de la historia…

El lugareño, lleno de pavor, salió corriendo, al ver como ese joven de pelo largo, se iba transformando poco a poco en una aparición. Su color se fue tornando gris y comenzó a desaparecer.

- Recuerda – Se le oía gritar al joven – Ella tiene que venir dentro de veinte años… veinte años…

El susurro del viento, se fue confundiendo con las palabras del joven desconocido.

Cuando el campesino, llegó a su aldea, lo contó a todo el mundo. Muchas personas pensaron que estaba loco, pero otros tantos (sobre todo, los habitantes de la torre), creyeron sus palabras.

Desde ese día, más de un maestro de la torre, cuenta los días que faltan para el encuentro.

Nadie sabía de qué se trataba. Ni tampoco, quién eran los protagonistas de la “leyenda”… hasta hace dos días.

Josué vino a mi habitación con la noticia:

- Serena… Han encontrado unos huesos cerca de aquí… no sabemos de quién pueden ser, pero… es el acantilado de la leyenda...

El maestro me miró con desesperación, y continuó hablando:

- Creo que es Jeno… es posible que seas tú la chica de la leyenda, vas a tener que...

Sin querer escuchar aquello, interrumpí a Josué:

- ¿La leyenda? ¿Su protagonista? Por favor maestro… no es posible. Eso ocurrió hace veinte años… yo aún era un bebé…

- Serena… tienes que confiar en mí. Llevas días encerrada en tu cuarto, sin querer saber nada de nada. No aceptas quién eres o quién fuiste o en lo que te convertirás. Llevas ocultándote la realidad, detrás de una falsa perdida de memoria, que ya no necesitamos.

- ¿Piensas que estoy fingiendo Josué? – Pregunté algo indignada – Es cierto. No recuerdo quién soy, ni que hago aquí, ni siquiera recuerdo cuánto tiempo llevo encerrada en estas cuatro paredes. Necesito ayuda, y nadie me la brinda. Estoy sola Josué… sola.

- Nunca estás sola amiga – Dijo Jota desde el otro lado de la habitación. Sin saber como, había entrado a mi cuarto, y se incluyó en la conversación – Todos los de la torre, estamos contigo. Desde siempre…

- ¿Siempre? – Dije con sorna – ¿Por qué he de buscar la verdad yo sola? Necesito ayuda. No dejo de solicitarla, y no llega.

Josué, movió una de sus manos, haciéndole un gesto a Jota, para que se callara.

- Vale – Dijo el maestro – Tienes razón Serena. Tenemos que ayudarte. Vamos a acompañarte al desfiladero. Las leyendas no dejan de ser historias fantasiosas que alguien inventa, pero tú, necesitas salir de aquí, y nosotros te ayudaremos…

Jota, miró con los ojos muy abiertos al maestro.

- Sí – Dijo ella – No tardaremos en llegar si vamos juntos. Dentro de un par de días, cuando te sientas más fuerte, vendremos a por ti, junto a Mariana.

Estas fueron las últimas palabras que escuché.

Ya han pasado dos días, y hoy tengo que ir con ellos al acantilado.

De Jeno, aún no sabemos nada.

Aunque ayer escuché a unos estudiantes hablar del cocinero. Los chicos pasaron por la puerta de mi habitación, y se quedaron un largo rato, hablando delante.

Parece ser, que Valentín, ha regresado.

Deseo que así sea.

Veremos que sorpresa nos espera en el acantilado.

Hasta luego. votar

28/7/10

“¿Dónde está Jeno?”

- ¡Buenos días Serena!- La risueña voz de Jota, me ha despertado esta mañana – Por fin abres los ojos…

Silbando y sin prestar mayor atención, se ha ido de la habitación, dejando la puerta entre abierta.

Un grupo de niños de los más pequeños de la torre, han asomado sus cabezas, a modo de juego:

- No, yo no le pregunto – Les he escuchado decir – Díselo tú Marina, tú la conocer mejor…

- Serena… - La pequeña niña de rizos rubios, ha seguido hablando - ¿Eres tú? ¿Vienes a jugar a la pelota?

Sin apenas poder moverme, he conseguido articular una frase:

- Marina, tienes que avisar al maestro Jeno o al cocinero Valentín…

La niña, sola, entró hasta mi cama:

- Pero maestra – Me dijo – Ninguno de los dos están en la torre. Desde que tú regresaste, ellos desaparecieron como por arte de magia.

- No puede ser – Respondí.

Asustada y sin saber porque, la pequeña me había llamado maestra, intenté levantarme. Pero mi cuerpo no me respondió y caí al suelo.

Marina gritó:

- ¡Sebastian, ve a buscar a alguien! Serena no está bien – Luego se dirigió a mi – No te preocupes, todo saldrá bien. Has tenido un viaje muy largo.

Josué y Jota, llegaron corriendo al cuarto. Mientras uno me ayudaba a levantarme, el otro, me echaba un vaso de agua.

- Venga Serena, tomate este vaso – Dijo Jota – No has debido levantarte tan pronto.

Aún aturdida por el golpe en el suelo, pregunté:

- ¿Dónde está Jeno y Valentín? ¿Qué ha pasado?

Josué y Jota se miraron con recelo. Parecía que ninguno de los dos, quería contarme lo sucedido.

- Serena – Comenzó a decir Jota – Has estado muchos días en cama…

- No – Le interrumpió el maestro Josué – Déjalo Jota. No tiene que esforzarse. Ahora es momento de que esté tranquila.

Jota miró a Josué y se sentó a mi lado, en la cama. Mientras me acariciaba el pelo dijo:

- Tienes razón Josué, pero ¿y si nunca recuerda lo que ha pasado?

- Eso no ocurrirá – Respondió el maestro con expresión sabia – No hemos de preocuparnos. Vámonos, Serena tiene que descansar.


Jota se levantó sigilosamente de mi cama, y salió con Josué por la puerta aún entreabierta.
Desde entonces, aquí sigo. Sola en mi habitación. He dormido mucho y soñado otro tanto. Gracias a eso, he recordado…

Hace una semana, estaba en el pasado. Era ya vieja y mi vida estaba a punto de acabar. Mi compañero Jeno, también envejecido, decidió ayudarme a regresar a mi presente:

- Nunca es demasiado tarde amiga – Recordé que me dijo – Pero, tienes que despertar. Tienes que regresar a tu presente… y creo que yo sé como hacerlo… iré contigo.

Aquellas dos palabras, resonaban en mi cabeza, como una gran campana: Iré contigo, Iré contigo…

Después de varios días en el pasado sin ver a Jeno, éste llegó en plena noche, a mi habitación algo ahogado:

- Vamos Serena. Este es el momento. Ahora nadie nos vigila. Acompáñame.

Me acuerdo que lo seguí muy despacio. Llegamos juntos al patio de la torre, y allí nos sentamos con dificultad en el suelo.

- No hagas ningún ruido- Me aconsejó el anciano – Nadie debe saber que estamos aquí.

En silencio, esperamos durante una hora aproximadamente. Entonces, una gran luz nos envolvió.

Jeno cogió mi mano, y la apretó con fuerza.

- Nunca te olvidaré amiga – Me dijo con nostalgia – No abras los ojos y confía. Volverás a tu presente, volverás a ser Serena.

Después de aquello, recibí un gran golpe en la cabeza y sentí miles de agujas clavadas en todo mi cuerpo. Perdí el conocimiento.

Lo siguiente que recuerdo, es que Jota, descorría con suavidad, las cortinas azules de mi habitación, y se iba silbando del cuarto.

No sé donde está el Jeno del futuro, y lo que más me preocupa… no entiendo porqué no está el Jeno del presente, aquí conmigo.

Marina ha dicho, que tanto el cocinero como el maestro, han desaparecido…

¿Seguirán vivos? Y si es así ¿En qué época?

Voy a seguir durmiendo.

Los sueños me ayudan a recordar.

Besos para todos. votar

21/7/10

“Sin Saber Regresar”

He descubierto aspectos de mi misma, que desconocía.

Es curioso, ya que pensaba que me conocía perfectamente.

Pero no… en el momento en que “aterricé” en el fututo, hay muchas cosas que cambiaría, y sin embargo una parte de mi yo actual, acepta toda su vida con mucha tranquilidad.

Me sorprendí ayer diciéndole al cocinero:

- Pero Valentín… las circunstancias que he vivido son las que son, y sin ellas, no sería quién soy hoy.

- Serena – Me recordó el chico – No lo olvides. Tú no eres de esta época. Tienes que hacer mayores esfuerzos para regresar a tu presente…

- No me apetece hoy amigo… las luces de este lugar me parecen ahora muy relajantes. Ya no hecho de menos la luz del sol.

- Ese es el primer paso para quedarte aquí… si no eres capaz de regresar sola, tendré que llevarte conmigo a mi presente…

El cocinero, muy preocupado, me agarró del brazo y me zarandeó levemente.

- Serena… Te necesitamos. Todo lo que has vivido no es real… Tú no eres de ésta época…

Las últimas palabras del chico del futuro, no las escuché. Mi mente ya cansada, tatareaba canciones aún desconocidas para mí.

- Voy a llevarte conmigo, Serena – Me gritó – Quieras o no.

El joven cocinero salió de mi habitación, dando un portazo.


Un envejecido Jeno, ha venido esta mañana a verme.

- Serena. Me han dicho que no eres tú… ¿Recuerdas quién eres?

- Hola maestro – Le respondí – Claro que recuerdo quién soy. También recuerdo quién eres tú…

Jeno sorprendido ha seguido indagando:

- Si te acuerdas de toda esta vida, sin ser realmente tú… ¿qué diferencia existe con la Serena joven?

- No lo sé amigo – Dije sin pensar – Es posible que ninguna. Mis clases de todos estos años, han demostrado algo que Lorenzo decía a menudo… pero no sé…

- Yo creo que tienes que irte Serena. Si no lo haces, la joven que eras, es posible que no llegue a ser la anciana que eres hoy… Como dice Valentín… Te necesitamos en el pasado…

- ¿Por qué lo dices Jeno? – Pregunté algo preocupada - ¿Qué sabes que no me has contado?

El anciano maestro conmovido y nervioso, me miró con cariño:

- Daría todo lo que fuera por decirte lo que tienes que hacer ahora… pero está claro, que si no lo sabes, es que no eres la misma anciana que hace tres semanas, era consciente de sus actos y del porque de ellos…

- Jeno… - Susurré – Aún no he descubierto el siguiente paso… ¿Ya es demasiado tarde?

- Nunca es demasiado tarde amiga – Dijo Jeno con expresividad – Pero, tienes que despertar. Tienes que regresar a tu presente… y creo que yo sé como hacerlo… iré contigo.

La sorpresa que me ha dado Jeno esta mañana, aún no se me ha ido.

No puedo entender lo importante que es que regrese.

Pero si el maestro viene conmigo, puede que lo consiga.

Veremos que ocurre.

Hasta pronto. votar

14/7/10

“El Futuro”

Es un futuro ensordecedor…

La torre se ha transformado, en un lugar lleno de extraños aparatos luminosos.

He comprendido mucho en todos los años que he vivido… pero ahora, creo que he llegado tarde.


Esta mañana me he levantado en otro tiempo.

Me miro al espejo y… ya no soy la chica joven de ayer…
Mis ojos, mi cara, mi cuerpo… es distinto.

He estado mucho rato observándome en el espejo de mi dormitorio.
Soy la misma persona, pero por fuera no.

Valentín me advirtió ayer, que algo así podría ocurrir.

- Serena – Me dijo – Ten cuidado… Las luces y las sombras que aparecerán ante ti y que te ayudaran a distinguir las señales, pueden ser erróneas. Tienes que elegir bien… Muy bien.
Y anoche “elegí”… O eso creo.

Un gran relámpago atravesó el patio central de la torre.
Todos los estudiantes y maestros, bajamos corriendo llenos de temor.

- No pasa nada – Gritó Jeno, aún aturdido – Volved a vuestros cuartos, y no salgáis hasta que pase la tormenta…

- ¿La tormenta? – Pregunté en voz baja – Que curioso… Las tormentas en la torre son muy extrañas. ¿Será una señal?

De repente el sonido del trueno me hizo caer. Al hacerlo, mi cabeza golpeó el suelo con fuerza. Escuché:

- ¡Serena! Vamos Josué, hay que llevarla dentro… - Exclamó Jeno.

Después de aquello, solo recuerdo murmullos y un largo ir y venir de sombras sin rostro.

Mis recuerdos se fueron ampliando. Ya no solo “veía” partes de mi vida en la posada, con mis padres, sino que muchas nuevas imágenes se agolpaban ante mí.

Poco a poco, fui sabiendo de más cosas. Cosas que aún no conocía, momentos que aún no habían pasado (como la muerte de mis ancianos padres) o personas que aún no conocía.

Estaba exhausta… sin fuerzas. Casi enferma.
Fue cuando me incorporé de la cama. Lentamente, abrí los ojos y los posé en la habitación en la que estaba: todo estaba casi igual, menos…

Me levanté muy despacio y con mucho esfuerzo, llegué al espejo del cuarto…

Lo único que estaba distinto, era mi cuerpo. Aunque yo, seguía siendo la misma Serena de siempre…

No tardé en salir de allí. Desde que lo hice, una gran luminosidad me cegaba.

- Señora… - Me advirtió una joven – No puede salir sola a estas horas… puede pasarle algo.

- No te preocupes – Dije – Yo no soy lo que ves… Sé lo que me hago.

- No lo dudo maestra… Pero ayer me dijo lo mismo… Y los días anteriores también.

¿Maestra? Pues sí. De eso me “acordaba”… Después de muchos años en la torre, terminé siendo una de las maestras del centro. Mis enseñanzas llegaban a mucha gente, y muchos venían a dar clases conmigo.

- De acuerdo – Le dije a la joven – No iré. Pero los aparatos luminosos no me dejan descansar.

- No se preocupe Serena. Pronto los apagaremos. Ahora, vuelva a su cuarto.
Sigo en mi habitación. Algo preocupada, ya que no sé como regresar a mi presente.

Ya he vivido y no me he dado cuenta de casi nada.
Estoy cansada y encerrada en la torre.

Necesito ayuda del cocinero o de la anciana del pasado…
No sé como, pero tengo que regresar.

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