25/2/10

“Aún En La Torre”

He estado toda la semana ocupada.
Jeno, me encomendó una de las clases de vivencias personales. En ella, hablamos a los recién llegados a la torre, de nuestras experiencias en este lugar mágico.
Una de las nuevas alumnas, es una niña de unos 12 años. Llama la atención, no sólo por su aspecto, sino por las preguntas que hace. Marina, lleva aquí solo unos días, pero ya la conocemos todos. No es muy habladora (solo pregunta), y su aspecto hace pensar que tiene unos 9 años. Tiene el pelo rubio y rizado, cosa muy rara por estas tierras. Dice que su padre (al que no conoció), era un aventurero de otra época…

Le conté a Josué, mis ganas de irme de aquí. Él, estuvo escuchándome durante horas.
Después de explicarle mis razones y de pedirle su opinión, me dijo:
- Serena, ha llegado el momento de que seas tú la que decidas. Como me constaste cuando conociste a la anciana, tienes una meta que cumplir, pero eres tú la que decide los pasos a dar.

La verdad, es que lo que Josué me dijo, yo ya lo sabía. Pero creo, que necesitaba que una persona querida, me lo dijera.

En la torre, desde que ya no está Lorenzo, los días son más largos.
Mariana estuvo con nosotros, muchos días. Las excavaciones están siendo muy fructíferas, y desde que encontró rastros de aquel pasado en que vivimos Lorenzo y yo, no descansa.
Sus investigaciones han hecho, que muchas de las clases de la torre, se modifiquen. Por supuesto, la muerte de Lorenzo también.

No he soñado con él en todas estas noches. Me parece muy extraño, ya que tengo el firme propósito de verlo en mis sueños reales…
Aunque aún continúa, la sensación de una presencia de alguien a mí alrededor.
No sé si es Lorenzo, pero me siento muy a gusto sintiéndolo.

He quedado con Marina en el patio (quiero que me cuente cosas de su padre… no sé a que se refiere cuando dice que su padre era de otra época… Me intriga…).
Ha estado lloviendo (otro hecho extraño) desde que murió el anciano, y los colores de la vegetación que rodea la torre son muy intensos. Eso me gusta.

Yo por ahora, voy a seguir por aquí, ayudando en lo que pueda a Jeno y enseñando mis experiencias (como me dijo la anciana).
Hasta pronto.
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18/2/10

“Lorenzo Se Fue”



He caminado deprisa por los recovecos de la torre.

He llevado las palabras de la anciana a todos los que aquí habitan.

Me he dado cuenta de algo:
He de regresar a mi aldea. Necesito dar a conocer a las personas que allí viven, las cosas que he aprendido.

Lorenzo me dijo, que siempre estaría conmigo… siempre…
Lo siento tan cerca de mí estos días…

Parezco cuerda y loca a la vez.
Las palabras que hoy salen de mi, no me convencen ni tan siquiera a mi misma.
Estoy desconcertada por lo que ha ocurrido, pero también lo entiendo.

Todo está cobrando un significado.
Desde las vivencias antes de conocer a Lorenzo, hasta las que he podido tener con él, en las últimas semanas.

Algunos en la torre, para animarme, me dicen, que Lorenzo ha regresado de nuevo al pasado. A aquel pasado lleno de juventud y de despreocupación…

Yo sé que no es cierto.
Lo sé, porque siento al anciano maestro a todas horas. Es como si estuviera a mi lado sin estarlo…

No he llegado a deciros aún lo ocurrido…

Lorenzo regresó muy cansado y envejecido del pasado.

Sus ropas, al igual que su mirada, estaban llenas de trozos de vida desubicadas.
Me dijo antes de marcharse:

- Serena, la realidad no es como aparece ante nuestros ojos. Es tan distinta cuando ya lo has visto todo… Cuando ya has comprendido…

Después de aquello, Lorenzo se fue…
Dejó de respirar hace ahora dos días y varios minutos.

Desde entonces, camino rápido por todas partes, sin llegar a encontrar el lugar que me corresponde…
Estoy inquieta.
No sé si regresaré a casa con mis padres…
Os dejo.
Hasta pronto.
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11/2/10

“De Regreso Al Ahora”

Desde hace tres días, por las mañanas,  me despierto nerviosa.
He regresado a mi presente, sin ninguna motivación.

Después de las palabras de la anciana, me dirigí a hablar con Lorenzo. Éste, con su cara más envejecida, me animó:
- ¡Serena! – Exclamó – Lo que me cuentas es muy bueno. Tus antepasados cuidan de ti. No debes de olvidar que tú, al igual que yo, no pertenecemos realmente a esta época.
- ¿Pero que dices maestro? – Pregunté muy extrañada - ¿Cómo es posible que digas eso, si hasta hace unos días, no querías saber nada del presente?

El anciano con una pequeña sonrisa, me convenció:
- Eso que dices no fue del todo cierto. Lo que he hecho en este pasado, es absorber todo lo posible. He deseado experimentar cosas que nunca había sentido y me he esforzado en ser otra persona, para llegar a comprender.
- Llegar a comprender ¿qué? – Miré a los ojos al anciano maestro, y vi en su rostro, la imagen del anciano Lorenzo, maestro de la torre.

La respuesta me llevó al ahora con tal ímpetu, que todas las enseñanzas de esos días en el pasado, pasaron a segundo plano.

- Comprender las vidas de las personas de este pasado. Como te he contado muchas veces en clase, el tiempo es relativo. El pasado, presente y futuro se entremezclan en ocasiones, dando lugar a situaciones que parecen irreales. Es habitual, que esos pasados y futuros, sean más de uno. Todo es en función, de la persona que observe esa época.

- De acuerdo maestro… eso quiere decir que existen muchos pasados paralelos al nuestro, pero… ¿cómo puede ser que hayan dos personas iguales viviendo tiempos o épocas diferentes?

- La anciana de este pasado eres tú, como ella dice Serena. Me lo contó al poco de llegar, y me dijo que una persona que era yo, había cuidado de ella desde muy niña. Aunque en estos momentos del presente de la anciana, “yo” ya no existo – Quedó en silencio y continuó – Serena… hemos de regresar. Tenemos que ir a la torre. Aquí ya no tenemos nada que hacer. Tú has de llegar a comprender y tienes que hacer lo que yo acabo de hacer en este pasado…

- ¿Cómo? No entiendo maestro. Las dudas que tengo son muchas, y cuanto más hablas, menos comprendo. ¿Ir a ese otro pasado que me dice la anciana, para estar en la piel de esas personas? ¿Pero de que servirá?

- Eso es lo que has de comprender por ti misma. Lo que sí puedo decirte, es que yo voy a estar contigo si me necesitas. Sea más joven o más anciano, yo siempre estaré a tu lado.


Le sonreí y le di un gran abrazo. Después de aquello, fuimos a despedirnos de la anciana y de las gentes del lugar. Nuestra aventura en aquella época, había terminado (por el momento).
Besos para todos.
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4/2/10

“La Anciana Soy Yo”


Como os dije, la anciana regresó hace una semana.
Desde entonces, he podido averiguar muchas cosas relacionadas con ella.
La principal duda que tenía desde que llegué al pasado era, si Lorenzo y yo, estábamos haciendo lo correcto o por el contrario, debíamos volver a nuestro presente, junto a los maestros y alumnos de la torre.
Después de mis primeras inquietudes, el pasado me absorbió de tal forma, que ni siquiera tenía ocasión de pensar en nada. Y lo digo en serio… no sé como, mi mente dejó de pensar y dejó de preocuparse. Ya no era la misma persona que antes… y poco a poco, los recuerdos de mis ancianos padres y de los habitantes de la torre, se iban desvaneciendo dentro de mí.
Pero uno de los acontecimientos de esta semana, justo después de que la anciana volviera, me hicieron despertar por completo.
Me reuní con ella unas pocas horas después de su regreso.
Todas las personas con las que me cruzaba a menudo, me observaban de modo analítico y severo… o eso sentía yo.
Cuando llegué a la habitación de la anciana, ésta tenía un aspecto mucho más cansado y mayor que la primera vez que la vi. Ella entonces, me dijo:
- Eres la esperanza, Serena…
Con mucho tacto, me acerqué a ella, la acaricié el hombro y le pregunté:
- ¿Qué quiere decir con eso anciana?
La mujer, con dificultad para respirar, continuó:
- Yo soy tú, Serena… tienes que llegar a comprenderlo, por que sino, nada de lo que está pasando tendrá sentido.
Con mirada de atención y ya preocupada por sus palabras, decidí coger el libro que me enseño la anciana en la anterior visita, e indagar:
- Esa imagen que me enseñó… en la que dice que salgo yo, en otro pasado… ¿Qué significa?
- Bien Serena, escucha – La anciana, se levantó de la silla en la que se encontraba, y comenzó a caminar despacio por la habitación – Tienes que estar muy atenta a lo que te voy a narrar. De ello, dependen muchos acontecimientos pasados y futuros…
Con gesto tranquilizador en mi cara, le dije a la anciana:
- Hable, no se preocupe por nada. Estoy atenta.
Con una mirada fugaz hacía donde yo me encontraba, la anciana comenzó su relato:
- Hace ahora 50 años, cayó en mis manos este libro que te he enseñado. En él, se relatan sucesos pasados, que la historia de la humanidad, nunca ha vivido… Momentos históricos, con imágenes y hechos veraces, que nunca, nunca, han pasado… por lo menos, no en esta realidad.
Con la cara desencajada y algo pálida, la anciana continuó:
- En este libro, descubrí escenas que corroboraron la autenticidad del hallazgo… - Suspiró – En él, salían imágenes de mi misma en circunstancias que yo nunca viví. Al pie de la imagen se hablaba de mí, como una de las personas más influyentes en ese siglo, con virtudes y habilidades, que en esta vida, nunca he poseído… alrededor de mí, un grupo de niños y de seres sobrevolaban la escena…
Impactada ante sus palabras, interrumpí a la anciana:
- Pero… - Levanté la voz algo ofuscada – Usted me dijo el otro día, que yo era la de esa imagen, en un pasado diferente… ¿qué está diciendo?
Con la mirada perdida, la anciana continuó:
- Serena, como te he dicho, yo soy tú. Tú en otro pasado, en otra vida diferente, pero enlazada con tú yo de ahora.
Sin poder comprender sus palabras, una sensación conocida me invadió por completo.
- Yo… - Balbuceé – No logro imaginar lo que me estás contando anciana… Dices que he de volver a la torre, a ese otro pasado que nunca viví y que tú y yo, somos la misma persona en tiempos diferentes… No lo entiendo.
- Recuerda las enseñanzas de Lorenzo. Él también estuvo en mi pasado desde el principio. Me enseñó y me ayudó mucho a comprender… tienes que abrir más tu mente Serena… el futuro depende de ti.

Con intranquilidad, decidí dejar la conversación con la anciana para otro momento.
Necesito aclarar todo lo que me ha contado.
Aún necesito comprender lo que está pasando.
Hasta luego.
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