24/11/10

“El Arco”

- ¡Atraviesa el arco! – En mi sueño, la voz de Jeno grita con fuerza – Atraviesa el arco y lo comprenderás.


Después de despertar del sueño de las sombras, lo último que me apetecía era volver a dormir. Pero algo dentro de mí, insistía en que lo hiciera.

Era, como si todavía, tuviera que entender quién soy para seguir avanzando…

- Ya no me moveré de la realidad… - Me dije – No necesito tener más “pesadillas” para saber quién soy.

Sin embargo, el sopor que me ha acompañado durante tantos días, volvió.

No conseguía mantenerme despierta por mucho tiempo.

Abría los ojos, claro. Y me alimentaba e incluso hablaba con Jeno y Valentín, pero no conseguía recordar quién era.

- ¡Serena! – Exclamó contento Jeno cuando me vio abrir los ojos – Nos tenías preocupados. Desde que te dimos aquel mejunje de los chicos del patio, no has tenido ni un momento de lucidez…

- Amigos… - Susurré – Tengo que atravesar el arco, ¿ahora?

- No sé de lo que hablas Serena – Respondió con calma el maestro - ¿Estás aquí?

Mis ojos se volvieron a cerrar, tan pronto como escuché aquellas palabras.

Parece ser, que no estaba allí del todo…



Este fue mi sueño:

El arco es de fría piedra. Yo estoy de pie, delante del arco. Aquí, solo hay oscuridad y hace mucho frío. Al otro lado hay un paraje hermoso, lleno de árboles muy verdes, y mucha luz.

Mi deseo es avanzar hacía ese paisaje, pero mis pies me lo impiden. Tengo algo pesado en los pies. Son como losas en mis zapatos.

Quiero hacerle caso a Jeno y atravesar el arco. Necesito hacerlo para comprender.

Pero no lo consigo. En lugar de eso, la oscuridad, se cierne más y más sobre mi cabeza.

La voz del maestro, no deja de gritar una y otra vez:

- Atraviesa el arco Serena. Tú estás allí.

Consigo distinguir una silueta a lo lejos. Parece una chica joven de cabello largo. No la reconozco… sin embargo, recuerdo la frase del maestro: “¡al otro lado estás tú!”.

- ¿Soy yo? – Me pregunto en voz alta.

Es posible que así sea, ya que la chica está sola al otro lado.

La observo, intentando aprender de ella y de lo que hace.

Pero no hace nada especial.

Tan solo está ahí. No parece tampoco, esperar nada.

Cierro los ojos desde el lugar gélido en el que me encuentro y pido un deseo:

- Deseo estar en el otro lado del arco. Deseo atravesarlo y encontrarme con esa chica, que soy yo.

En ese momento, siento mis pies ligeros. Ya puedo andar.

Como si fuera un bebé que está aprendiendo a dar sus primeros pasos, me tambaleo y me agarro a la fría pared del arco.

Consigo moverme con mucho esfuerzo.

Por fin, atravieso el arco.

El arco detrás de mi, se cierra instantáneamente por un gran ramaje. Observo como sigue la oscuridad detrás de las ramas.

Avanzo y respiro con energía.

- Ya estoy donde tenía que estar. Ya he llegado. Ahora solo me queda encontrarme con la chica…

Después de pensar aquello, un gran golpe en medio del bosque de mi sueño, me saca de él.



Abrí los ojos, con la esperanza de volver a dormirme pronto. Pero no lo conseguí. El sopor se fue y con él los extraños sueños que me persiguen desde hace semanas.

Dicen Jeno y Valentín, que intentaron por todos los medios despertarme, pero que no lo consiguieron. Comentan que estuvieron a los pies de mi cama, durante muchos días, deseosos de que aquello que me dieron de los chicos del patio, no fuera veneno.

- Teníamos que confiar en ellos, Serena – Me han confesado – Era nuestra única opción para sacarte de este futuro.

¿Entonces, sigo en el futuro?

Pero yo vi a mis padres en mi pasado de niña.

Sé que estuve allí. Lo recuerdo.

Hasta pronto. votar

17/11/10

“Tan Solo Sombras”

La luz cegadora de la mañana, me despertó.

Los pájaros se escuchaban cantar a lo lejos.

Abrí lentamente los ojos para ver una sombra a los pies de mi cama:

- ¿Quién eres? – Pregunté sin temor - ¿Qué quieres?

La sombra esbelta y algo gruesa, no me respondió. Se quedó inmóvil en el mismo lugar.

Volví a preguntar:

- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?

Mis parpados me obligaban a cerrar los ojos, pero yo luchaba contra ellos.

- No puedo dormirme, no puedo… - Repetía una y otra vez, intentando despertar por completo.

Una voz profunda me habló entonces:

- Serena, dime. ¿has recordado ya quién eres?

Me sentía como en una pesadilla. Deseaba tener mis ojos abiertos, pero el sopor no me dejaba. Apenas podía articular palabra:

- Sí, sé quién soy – Respondí – Pero, por favor, cuéntame quién eres tú y dónde estoy.

La sombra se entremezcló con la penumbra de la habitación.

Dejé de escuchar a los pájaros.

Y mi cuerpo fue despertando poco a poco.

Al abrir los ojos por completo vi donde estaba: en la habitación de la torre.

Sorprendida ante los acontecimientos, balbuceé:

- ¿Jeno? ¿Valentín? ¿Sois vosotros?

Nadie me respondió, así que observé con mayor detenimiento la sala: fuera parecía de nuevo de noche y estaba sola en mi habitación.

Sin comprender muy bien la pesadilla que acababa de tener, decidí levantarme rápidamente. Cuando fui a hacerlo, algo me lo impidió.

Miré… observé mi cuerpo… y nada había.

- ¿Qué me ocurre? ¿vuelvo a soñar?

Con la esperanza de que alguien me escuchara, intenté gritar pidiendo ayuda, pero no pude.

Otra sombra se apareció a los pies de mi cama. Esta vez, había más sombras a su lado. Escuché que decían:

- Serena no se habría ido sola.

- Es cierto. A mi me habría dicho algo.

Que bien. Las sombras, parecían conocerme. Yo sin embargo, no reconocía sus voces. Pero no me preocupé.

- Estoy aquí – Pensé – No me he ido a ninguna parte. De hecho he regresado del pasado ¿Amigos?

Un grupo de sombras más pequeñas, entraron en la habitación:

- Te están buscando – Dijo una de las nuevas sombras, a la figura más alta y gruesa de todas ellas – Tienes que ir rápido. Es por Serena…

Todos salieron corriendo de la sala, dejándome sola.

Intenté restregar mis ojos con mis manos, pero me di cuenta de que no tenía manos, ni tampoco ojos…

- ¿Qué soy? – Me pregunté – ¿Ya no soy nada ni nadie? Me están buscando en el lugar equivocado. Yo sigo aquí…

Sentí un leve soplido y caí de nuevo en los sueños.

Hasta esta mañana…

Besos para todos. votar

10/11/10

“Recordando Quién Soy"

La acogedora cocina de la posada de mis padres, parecía gritarme.
- ¡Serena! ¡Eres tú! La chica que no es una niña, y que vive en este pasado, lleno de secretos familiares. Recuérdalo. Recuerda quién eres.

Con el paso lento, entré en la cocina y me senté junto a mi madre.

- Mamá – Le dije - ¿Quién es el hombre, que ha venido a vernos desde tan lejos?

Mi madre me miró con compasión. Mientras me tocaba la mano, que tenía puesta encima de la mesa, me dijo:

- Eres de lo que no hay, Serena, hija mía. Como te gusta preguntar.

- Claro – Respondí – Soy una niña…

A pesar de mis preguntas, nadie me respondió. Ninguno de los adultos de la sala, sabían como desvelar lo oculto.

- ¿Quieres unas patatas asadas, cariño? – Me dijo mi padre, con las manos tintadas de negro.

Respondí que sí, ya que las patatas, son uno de mis platos favoritos. Gracias a eso, dejé de pensar en mis preguntas y me centré por completo en devorar dos patatas asadas y sazonadas con mucha pimienta.

La noche llegó tan deprisa, que apenas tuve tiempo de recordar quién era, y porque estaba en aquel lugar. De hecho, mi pequeño cuerpo estaba muy cansado y me quedé dormida en los brazos de mi madre.



A la mañana siguiente, mi primo del oeste, llegó a la posada muy temprano.

Mis padres creían, que seguía en la cama, pero yo ya estaba en pie y escondida en uno de los recovecos de la posada. Así, pude escuchar decir a mi primo:

- Lo siento tíos – Dijo – No va a venir. Me ha indicado que os diga, que si a vosotros no os importa, regresará en un tiempo, cuando Serena tenga unos veinte años.

- ¿Importarnos? – Exhortó con alegría mi padre – Para nada, para nada…

- Bueno… - Intervino mi madre – Un poco sí. Me habría gustado volverle a ver. He hecho tantos preparativos…

- ¡Bien! – Exclamó mi primo con fuerza – Pues nos vamos tíos. Yo vendré antes a veros. Dadle muchos besos a la pequeña.

Con el rostro aliviado, mis padres, lo acompañaron hasta la puerta.

- Entonces… - Susurré en mi escondite – Por eso, cerraron la posada, y por eso no pusieron impedimentos en que marchara de la aldea…

Mi madre entró de nuevo a la posada. Con un hilo de voz, dijo:

- Estoy contenta de que Serena no se haya enterado de nada… No sé si nos perdonaría las mentiras…

- Tienes razón – Le dijo mi padre, mientras le daba un gran abrazo – Ella no lo entendería. Por lo menos, no ahora. Cuando sea mayor… entonces, tal vez sea el momento.

Algo entristecida, por las palabras de mis ancianos padres, me escabullí de mi escondite hasta mi dormitorio. Allí, me tumbé en la cama, e intenté recordar, como había llegado hasta aquella situación.

- ¿Quién eres Serena? – Me preguntaba mientras miraba la cara de la niña de diez años, en el espejo - ¿Dónde están mis amigos? ¿Por qué no puedo recordar quién era?

Un silbido muy fuerte, me despertó de mis dudas.

- Serena – Gritó alguien fuera de la posada – Tienes que regresar, tienes que recordar quién eres.

La familiar voz de Jeno, me ayudó a salir de mi pena.

- Poco a poco – Me dije – Poco a poco sabré quién soy y volveré a mi presente. Hay más cosas que aprender en este pasado. Lo descubriré.

Mis ojos se cerraron como si tuvieran plomo y caí en un profundo y agradable sueño.

Hasta pronto. votar

3/11/10

“De Regreso A Casa"

-  ¡Serena! – La potente voz de mi anciano padre, me despertó la otra mañana – Serena, es hora ya de que te levantes, o llegarás tarde a clase.
- ¿Papá? – Susurré, mientras me destapaba – Estás más joven...

Me froté los ojos para poder abrirlos, y observé anonadada que mi habitación de la torre, ya no era tal.

- Serena – Repitió mi padre – Recuerda que tienes que llegar hoy pronto de la escuela, ya que abrimos la posada unas horas antes.

- ¿Por qué? – Pregunté en voz baja.

- Vaya memoria que tienes hija… Hoy llega a la aldea, tu primo de las tierras lejanas, acompañado del jefe de su ciudad… Tu madre está preparándolo todo. Vamos – Insistió – No hay tiempo que perder pequeña.

Tardé en comprobar que mi aspecto ya no era el de una joven. Ahora, volvía a ser una niña de diez años.

Recordaba el día en que mi primo llegó a Tierra Opaca. Casi todo el pueblo, salió a recibirlo:

- Dicen que viene, con la persona más importante de todas las ciudadelas conocidas – Comentaban los aldeanos.

- Yo sé de quién se trata – Presumían otros – Lo conocí hace años, cuando viajé a las tierras del oeste.

Después de aquella escena en mi dormitorio de la posada, una imagen vivida llegó a mi mente: era yo, de joven y en la torre del futuro. Los chicos del patio, nos mandaron instrucciones precisas para abandonar su presente. Tumbada en mi cama, dije a Jeno y a Valentín:

- No me miréis así amigos. Ya sabéis que yo no voy a ninguna parte. No por ahora. Mañana he quedado con Lorenzo.

- Claro – Escuché decir al cocinero, dirigiéndose al maestro – No es normal, pero se puede intentar.

Las palabras se repitieron una y otra vez, como si de una grabación se tratase.

- No es normal, pero se puede intentar.

¿A qué se refería con aquello? ¿Estaban hablando en clave?

Sin dejar pasar mucho tiempo, Jeno se aproximó a mi cama.

- Toma Serena – Me dijo – Esta infusión de té, te hará descansar.

Recuerdo que me incorporé, dándole las gracias a mí amigo.

Tuve entonces una gran somnolencia.

- Ya está – Creí escuchar – las instrucciones de los chicos eran claras. Si no quiere ir por su cuenta, lo haremos sin su consentimiento.

Cuándo desperté, lo hice en mi aldea y en aquel instante de la visita de mi primo.

Al darme cuenta de aquello, lo primero que pensé, fue que se habían equivocado y me habían mandado de regreso a casa, pero… al recordar en persona los acontecimientos, dudé mucho de que no fueran premeditados.

Aquella tarde, no se produjo tal y como creía rememorar.

Mi primo del oeste, llegó solo a la posada:

- Lo he dejado en la pensión tíos – Dijo sonriente a mis padres – Estaba muy cansado el hombre. Hemos hecho un viaje muy largo.

- No pasa nada – Dijo mi madre entre dientes – Que le vamos a hacer hijo… Ya vendrá mañana.

Mi madre decidió no sacar los aperitivos y demás preparativos, que llevaba días haciendo.

- Lo siento de verdad tía – Dijo mi primo – Este hombre tiene muchas ganas de veros, ya que no puede olvidar lo amables que fuisteis al acoger a su hija.

- ¿A quién? – Pregunté de modo inocente - ¿Qué hija?

Mi madre y mi padre abrieron mucho los ojos y llevaron cuchicheando, a mi primo a la cocina:

- Calla muchacho, calla. Serena no lo sabe.

La niña que fui y que era, tenía mucha curiosidad de saber aquella historia, que nunca le habían contado, así que me escondí detrás de la puerta. Atentamente escuché:

- ¿Cómo que no lo sabe, tíos? Habíais quedado que se lo diríais cuando fuera mayor.

- ¿Mayor? – Exhortó mi apreciado padre – Pero si mi Serena es todavía una chiquilla.

- Vamos querido – Le tranquilizó mi madre – No pasa nada. Todo será un malentendido. El jefe vendrá mañana y nos dirá el motivo de su visita.

De repente, la voz de mi padre, me hizo dar un respingo:

- Serena hija, ¿Qué haces detrás de la puerta? Anda entra. Ven con nosotros a la cocina. ¿Qué te apetece comer?

Mi padre me acarició la cabeza y me empujó suavemente, hacía la habitación.

- Aquí está la pequeña – Dijo mi padre, a mi primo y a mi madre, los cuales quedaron callados al llegar yo.

- Venga Serena – Prosiguió mi madre – Siéntate con nosotros.

Os seguiré contando.

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