26/1/11

“El Despertar Está Cerca“

 Me ocurrió a mí…

A mí y a nadie más…

A la mañana siguiente, me miré al espejo con mucho cuidado.

Mi cara parecía seguir siendo la misma y mi cuerpo también.

Dije unas palabras:

- El silencio y las horas pasan más lentas desde ayer.

Mi voz parecía ser la misma.

Observé mi cuerpo.

“Sigo siendo la misma” – Pensé – “Ya lo decía yo” “Son los demás los que están locos”.

Después de aquellos pensamientos ensimismados, un fuerte ruido y una gran luz, envolvieron mi habitación.

La noche llegó de nuevo. Mi cuarto seguía siendo el mismo, pero yo…

Me miré al espejo, más asustada que sorprendida.

La vi. Vi a aquella mujer que mis amigos veían.

Alguien sin ganas de vivir, cansado y triste.

“¿Esa soy yo?” – Pensé, mientras intentaba comprender lo que estaba pasando.

- Serena – Creí escuchar – Ha llegado la hora de que regreses a tu futuro. Eres lo que fuiste y necesitas ser lo que serás.

Sin más sonidos, la luz blanca lo envolvió todo.

Cuándo abrí los ojos, casi nada me rodeaba. Tan solo una fina capa de niebla.

- Serena, te estábamos esperando – La voz ronca y agradable del cocinero me ayudó a abrir los ojos – Llevas sin despertar un largo tiempo. Desde que conseguimos salir de mi futuro, has estado como hipnotizada.

- Si – Intervino Jeno – De vez en cuando nos hablabas, nos decías que nosotros no éramos nosotros, y cosas así. Tienes una sorpresa en la mesita.

Jeno señaló con alegría un paquete que había encima de mi mesita de noche:

“De tus padres del futuro, con mucho amor”.

- ¿Dónde estamos? – Conseguí preguntar - ¿Acaso estoy soñando de nuevo?

- No Serena – Dijo el cocinero con su aspecto de siempre – Intentamos regresar al pasado y lo conseguimos…

- ¿Lo conseguimos? – Pregunté asombrada.

- Si… - Dijo el maestro – Pero estuviste tan dormida durante días, que todos los maestros de la torre, decidimos, que era la hora de llevarte a tu casa.

- Es cierto – Indicó Valentín – En ocasiones decías que estabas muy cansada. “Necesito volver a casa”. Gritabas.

- Entonces… ¿todo ha sido un sueño?

- No exactamente – Dijo Jota desde la puerta.

- ¡Jota! – Grité fuerte – Te he echado de menos.

- Hace ya unos años que no me ves – Dijo la chica con la cabeza agachada – Lo siento amiga.

- ¿Años? Pero… contadme. ¿Dónde estamos? ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Jeno, Valentín y Jota se miraron en silencio.

- Ya no eres la que eras Serena – Se atrevió a decir Jota – Has estado en coma mucho tiempo. Tu mente… naufragó.

Sin poder creerme nada de lo que oía, seguí hablando sin parar y sin sentido, durante minutos:

- Y mis recuerdos me dicen mucho de lo que ha pasado. Somos seres sin edad, sin cuerpo, sin nada. El amanecer es lo más lleno de esperanza que hay. Si tú lo ves, yo lo veo.

- Para ya – Me exhortó Jeno con pena – Deja de hablar amiga. Las horas pasan lentas desde que tú no estás con nosotros. Al final del túnel siempre estabas tú, esperándonos. Ya no… y te necesitamos.

- Te necesitamos – Dijeron los tres al unísono.

Las palabras se quedaron martilleantes en mi cabeza, aún después de haberse ido mis amigos.

Me dormí.

Cuando abrí los ojos esta mañana, seguía en el futuro.

“Pero, ¿qué futuro?”, me pregunté.

Llamé a Jeno con insistencia.

Cuando llegó lo vi. Era él. El Jeno de siempre.

- ¿Te has mirado al espejo? – Me preguntó el maestro.

Parecía recordar la conversación en la cena.

- Sí… - Dije – Bueno, no. He soñado que lo hacía, pero…

- ¿Has estado soñando? Eso es muy bueno – Me dijo – El despertar está cerca.

- Gracias amigo – Le respondí con la voz calmada – Gracias por seguir conmigo.

Sigo aquí. Todo han sido fantasías de mi mente.

Todo parece estar bien.

Os seguiré contando.

Hasta pronto. votar

19/1/11

“La Cena”

He dejado de hablar con Jeno y con Valentín.

Desde hace dos noches ya no les veo como les veía.

Jeno es un hombre más mayor, con canas en el pelo y expresión cansada.

Valentín, es un chico delgado y alto, con voz suave.

Los evito y evito hablar con ellos, pero ayer el cocinero me abordó en el comedor:

- ¿Qué te pasa Serena? ¿Por qué no hablas conmigo?

“Extraño” – pensé – “Una pregunta muy curiosa, viniendo de alguien que me ha hecho el vacío durante días…”.

- No es por nada – Contesté intentando ofrecerle una actitud calmada.

- Ya… Y por eso, no me miras ni a la cara cuando me hablas – La voz sonora del cocinero, a la que estaba acostumbrada, pareció salir de su boca- Estoy muy enfadado y preocupado Serena – Dijo Valentín.

- No pasa nada – Respondí sin ganas – No te preocupes.

Después de aquello me fui corriendo.

Esta mañana he visto a Jeno. Estaba con el Maestro Lorenzo en clase. Los dos se han quedado mirándome, cuándo he pasado por la ventana de la sala en la que estaban.

- Serena es un ejemplo a no seguir – He creído escuchar que le decía el Maestro a sus alumnos – Es alguien sin motivaciones, sin ideales. Alguien lleno de penas y recuerdos olvidados.

- No puedo más – He susurrado con la voz rota – Tengo que salir de aquí, ya.

Sin pararme a pensar, he ido hacía una de las salas blancas y me he quedado allí durante horas… pensando.

Una de las ideas que he tenido ha sido provechosa: Acompañar a Jeno y a Valentín en la cena.

“Los dos son de nuevo amigos” – he pensado – “Si estamos los tres juntos, tal vez todo vuelva a ser como era antes”.

La cena esta noche ha sido muy pronto:

- Hay que irse pronto a la cama – Han dicho algunos estudiantes – Las horas se están haciendo cada vez más largas y el cansancio llega antes. Tenemos que tener cuidado en que no pase lo del pasado…

Intrigada ante las palabras, he intentado averiguar más:

- ¿Qué pasa esta noche? – He preguntado a uno de los chicos del patio.

- Nada – Me ha respondido desganado – Muchos en la torre creen en tonterías. Piensan que si nos dormimos temprano, las horas se harán cada vez más cortas… Una estupidez por cierto. Las horas no cambian nunca.

- Y entonces… ¿por qué dicen que pasó en el pasado?

El chico del patio dejó de mirarme y se concentró en la música de sus auriculares.

- Vale – Dije en voz muy alta – Lo he entendido. No quieres que te molesten.

No he podido averiguar nada más, pero por lo menos he llegado a buena hora para cenar con el cocinero y el maestro.

Cuando me han visto, se han hecho los despistados.

- Hola – Les he dicho - ¿Puedo sentarme con vosotros?

- Hola Serena – Me ha respondido el cocinero con su voz suave – No te habíamos visto. Siéntate por favor.

Valentín me ha hecho un lado, pero Jeno ha ladeado la cara, con expresión de hastío.

- Creo que tenemos que volver a estar juntos, ¿no os parece? – He preguntado con inocencia.

- No lo creo Serena – Ha dicho el maestro – Ya no eres un ejemplo a seguir. Ya no eres la Serena que conocíamos. Tu cara, tus manos, tu cuerpo… tu voz…

- ¿Qué le pasa a mi voz?

- Eres la que nunca se atrevió a avanzar para llegar al futuro y ayudarnos a todos – Comentó Valentín sin respirar.

- ¿Cómo?

- Lo que has oído Serena – Dijo Jeno – Ya no eres la que fuiste. Ya no eres la joven con ilusiones e iniciativas. Ya no eres nuestra salvación. Ha pasado demasiado tiempo y ya no creemos en ti.

- No puedo ser – Dije para mis adentros – Estas dos personas se han vuelto locas.

- Sé que estás pensando que estamos locos… - Dijo el cocinero – Pero ¿te has visto a ti misma? ¿Hace cuánto que no te miras en el espejo? ¿Un mes? ¿Un año?

- No… - Respondí – No llevo tanto tiempo en esta época. Sigo siendo Serena…

- Si te miras al espejo, comprenderás… - Apuntilló el maestro.

He regresado de la cena con el corazón en un puño. Con muchas ganas de llorar y también con mucho miedo. No quiero mirarme al espejo. No sé lo que me voy a encontrar en él. ¿Y si tienen razón? ¿Y si la que está loca, soy yo?

Lo veré mañana.

Hoy tan solo quiero descansar.

Hasta luego. votar

12/1/11

“Como Un Balancín”

Jeno se asomó, muy sonriente, por la puerta de mi dormitorio:

- Os he estado buscando como loco – Dijo sin apenas expresión – No sé ni cuantos días llevo haciéndolo…

- Jeno – Dije – Nos vimos ayer, ¿no lo recuerdas?

- ¿Ayer? – Preguntó el joven y olvidadizo maestro – No. No recuerdo nada de ayer. Tan solo sé que te he estado buscando hasta en mis sueños…

- Eso fue así amigo – Le respondí tranquila, al darme cuenta de que ya no era el chico del día anterior – Pero ayer nos vimos y tú no parecías tú mismo…

Jeno me miró con sorpresa.

- No tengo memoria de nada, Serena. Nada de nada. Estos últimos días han sido como un sueño o como una pesadilla.

- Tal vez lo que crees que eran sueños, no lo eran. Dime, ¿Qué recuerdas?

Jeno se acercó a mi cama y se quedó inmóvil durante un rato, mirando por la ventana, ensimismado:

- Mis sueños han sido raros. Yo mismo estaba en ellos. Y vivía como Jeno, pero…

- ¿Te acuerdas de haberme visto en tus sueños? – Pregunté confiada en que la respuestas fuera afirmativa.

- No – Respondió.

Me quedé perpleja.

- Y entonces, ¿qué hay en tu cabeza?

- Sombras. Tan solo sombras. Mi pasado se ha mezclado con el presente y con el futuro. Ya no sé quién soy, ni por qué estoy aquí.

- ¡Jeno! – Gritó fuertemente Valentín desde el patio – ¿Ya te has encontrado? Voy para allá ahora mismo. Esperadme ahí.

Jeno dio un respingo y puso cara de interrogación.

- Ya – Me adelanté – Quieres saber que significa lo que ha dicho el cocinero, ¿no?

- No… ¿Desde cuándo Valentín es tan pequeño?

Jeno no dejaba de mirar por la ventana con cansancio.

- Valentín siempre ha sido un hombre grande, amigo – Le dije con paciencia – Acaso, ¿no has visto al verdadero Valentín?

El cocinero llegó rápido al dormitorio:

- Ya estamos los tres de nuevo juntos… Por favor, dime que es Jeno, dime que es Jeno – Valentín me miraba, mordiéndose el labio inferior muy nervioso.

Miré al cocinero, que para mí, aún tenía su aspecto de siempre:

- Ya no lo tengo claro – Le respondí – Hasta que tú pasaste por debajo de la ventana, todo parecía ir bien.

- ¿Y ya no? – Dijo alegre el cocinero.

- Díselo tú Jeno… dile lo que has visto… o lo que aún ves.

Jeno tocó el brazo de Valentín con cautela.

- ¿Eres realmente tú? – Le preguntó el maestro con voz de niño – No te reconozco. No te veo como te recuerdo.

La primera reacción del cocinero fue curiosa. Se puso muy serio y apartó la mano del joven maestro de su brazo:

- ¡Soy yo! – Sonrió perturbado el cocinero - ¡Tú amigo Valentín, con ganas de que te pongas bien!

- No lo creo – Murmuró Jeno.

Yo seguía viendo al mismo Valentín de siempre. Eso estaba claro. Pero… ¿acaso Jeno tenía un problema para ver la realidad?

- Amigo – Le dije a Valentín – No te preocupes. Jeno ha venido diciendo que no se acuerda de nada de lo ocurrido desde hace varios días. Tampoco recuerda lo de ayer.

Valentín agachó la cabeza y puso una excusa para irse.

- Ya lo sé amiga – Dijo – No pasa nada. Pero he quedado con los chicos del patio en dos minutos. Nos vemos a la hora de comer. Jeno – Le dijo al maestro, dirigiéndose a él – Por favor, no te pierdas. Te necesitamos.

Cuando el cocinero se fue, Jeno se abrazó a mí con ganas:

- No le dejes que se acerque más a nosotros – Expresó con miedo – No me gusta. No es la persona que yo recuerdo.

Estoy mareada por los acontecimientos. Mis amigos parecen estar jugando a algún juego, en el que yo solo soy el balancín… Valentín no me habla desde esa mañana… a pesar de que nos vemos a menudo por los pasillos y en el comedor. Y Jeno… bueno, Jeno sigue en su mundo. Parece que a veces se despierta, pero la mayoría del tiempo está absorto.

Quiero volver a casa. Necesito regresar a casa…

Hasta pronto. votar

5/1/11

“El Chico Jeno”

Al final Jeno apareció en la habitación del Maestro Lorenzo.

- He estado esperándoos aquí… ¿Qué ocurre?

Jeno nos miraba al cocinero y a mí, con sorpresa:

- Me dijo Lorenzo que viniera, que vosotros me buscaríais… - El maestro, hablaba muy lento y su expresión parecía la de un muñeco – Pero, por favor, pasad y sentaros, Lorenzo no tardará en llegar.

Valentín me asió del brazo con fuerza:

- Serena, ten cuidado. Creo que algo le pasa a Jeno.

- Ya veo, amigo… - Respondí en susurro – Veremos que nos cuenta.

Nos sentamos al lado del maestro, y éste comenzó una fantástica historia, en la que él era el protagonista:

- Llegué a las cascadas de noche. El frío que hacía se metía entre los huesos. De repente, no os puedo decir cuándo, escuché un sonido que no reconocí.

- Jeno… - Le interrumpí - ¿Qué te pasa?

Jeno me observó con detenimiento.

- No, ¿qué te pasa a ti? ¿Quién eres? ¿Por qué me llamas maestro?

Valentín se percató al instante de la situación, e intentó comunicarse conmigo en voz casi inaudible:

- Serena… este no es Jeno. Tiene su misma cara, pero no es él.

- Las cataratas estaban llenas de agua limpia – Continuó el chico – Yo creo que el sonido provenía de dentro de las rocas…

- Y entonces, ¿Qué ocurrió? – Preguntó el cocinero.

- Entonces, llegaron a mi memoria unos ruidos, que se parecían mucho a aquel que escuchaba… provenía de otra época, de otro modo de vida, de otros habitantes del lugar…

¿Estaba hablando Jeno de otra vida, de nuevo? – Pensé para mí.

- No comprendía nada – Continuó – Hasta que Lorenzo me lo dijo: Jeno, tú no eres tú y tienes que descubrir quién eres. Si no lo haces, te quedarás atrapado en tus pensamientos para siempre… ¡Abre tu mente! Me ordenó el anciano.

- ¿Y lo hiciste? – Pregunté.

Jeno no respondió. Miró hacía Valentín, y continuó su relato:

- Sí, claro que lo hice. Lorenzo es el más sabio del lugar y nunca me ha mentido. Creo que es como un padre para mí… aunque realmente no recuerdo cuando lo conocí…

Todo parecía ir de mal en peor. Ahora el Jeno, que ya no era Jeno, no me hablaba y además, creía en el maestro Lorenzo.

- Quiero deciros algo importante… ya sé porque no os vais a vuestra época… vosotros y yo mismo, pertenecemos a este mundo…

Valentín asintió.

- Claro. Yo soy de este lugar, pero Serena… ¿Y tú?

- Yo el primero. No recordaba muchas cosas de mi infancia… y ya sí. A Serena la conocí, cuando éramos niños. Desde entonces, la he seguido en mis sueños… hasta ahora.

Algo asustada, dije, sin ninguna expresión en mi rostro:

- Eso no suena nada bien amigo… No puedo creer que seas la misma persona de hace unos días… y si eres tú ¿Qué te han hecho? ¿Qué te has hecho?

Jeno no respondió. Yo miré al cocinero con prisa:

- Valentín nos tenemos que ir ya. Dejemos a Jeno que recuerde… volveremos más tarde.

- De acuerdo – Respondió – Pero Jeno, recuerda quién eres de verdad… sé tú mismo. No te enredes en historias de las que tal vez no puedas salir. Te estaremos esperando en la habitación de Serena.

Todo esto ocurrió ayer. Estamos esperando pacientemente a que Jeno regrese… ojalá lo haga pronto.

Besos para todos. votar