27/7/11

“Desaparecido”


La idea que tenía de mi verdadero padre, no era real.

Le he preguntado a Jeno, porque me contó que mi padre era una persona miedosa. Me dijo que estaba en contra de los viajes en el tiempo y en el espacio, y que formaba parte de los llamados “Teóricos de la Catástrofe”.

- Hace meses me dijiste que mi padre fue un hombre con pánico a los cambios y a los avances – Le indiqué, sin apartar mis ojos de su rostro – Y sin embargo, según Roberto me abandonó para que no sufriera… ¿Qué tengo que creer?

Mi amigo me miró durante un largo rato, y apenas sin pestañear, me respondió de forma tranquila:

- Tu padre fue alguien difícil de conocer, Serena… Lo que yo sé de él, son las historias que se contaban en la torre. Se decía que era uno de los iniciadores del miedo a lo desconocido. Un verdadero “Teórico de la Catástrofe”. Vaticinaba el fin de los días sin remordimiento alguno.

- Me abandonó porque estaba huyendo… ¿De qué huía? – Pregunté con la necesidad de escuchar una respuesta aceptable.

- Sabes que no lo sé, Serena. Roberto es la persona con la que tienes que hablar. Él lo conoció… yo no.

Algo enfadado, el maestro que casi nunca se alteraba, terminó la conversación y se alejó en silencio.

Roberto no aparece. Desde hace días, que nadie sabe nada de él. Es como si nunca hubiera existido.

Toda esta situación me incomoda y me pone nerviosa. No entiendo cómo es posible que alguien desaparezca sin dejar rastro. Incluso hay muchas personas de la aldea, que dicen no haberlo visto nunca (y eso que se supone que habló con todos ellos, la primera vez que teóricamente llegamos a la aldea).

Jota y Estrella están más alejadas de mí que antes. Ambas siguen convencidas de sus pensamientos. No son ellas mismas. Jota ha dejado de cantar y de hacer malabares. Estrella apenas habla con nadie y con cara de pocos amigos, se pasea por las calles de la ciudadela, con intención de irse pronto.
  
- No es nuestro lugar. Hemos de irnos ya – Grita sin descanso – Hoy convenceré a los maestros.

Todas las noches se repite la misma escena, como si viviéramos en un bucle en el tiempo: Estrella habla con Josué y Jeno, y les dice el peligro que corremos si nos quedamos en la aldea. Jota la acompaña con la mirada perdida. Yo observo la escena, mientras que los dos maestros, sin prestar atención a las dos chicas, cenan con calma.

El Norte parece estar restableciéndose sin problemas. Las gentes de aquí, viven una vida medio normal y cada vez con menos miedo.

Sin embargo a nosotros, estas tierras, nos están cambiando. Cada uno de nosotros, vivimos aferrados a una idea de la que no podemos deshacernos.

La situación se está volviendo insostenible. Esta noche hablaré yo también con los maestros, junto a Estrella. 
 Alguno de nosotros tendrá razón… digo yo.

Espero que Roberto aparezca de la nada. Necesito saber la verdadera historia del hombre que me abandonó.

Os seguiré contando.






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20/7/11

“Comprendiendo Mi Historia”



“En el corazón de la selva, un hombre joven, caza animales.


A su lado, una niña pequeña, le sonríe y no para de cantar a viva voz, canciones inventadas por ella misma.


- Compro cosas, muy valiosas, y me llaman la más graciosa…


- Calla Serena – Le susurra su padre tranquilo – Esta noche no tenemos cena. Si nos escuchan, los animales no vendrán y estaremos hambrientos.


- No me importa. Me gustan los animales. No quiero que se mueran. Prefiero cantar – Le responde una inocente Serena.


- Te comprendo hija – Le responde el padre sin resuello – Pero, no podemos comer más que estos animales. Tienes que ser una niña buena… ¿vas a ser una niña buena?


Serena mira a su padre, al que adora, y asiente.


En la lejanía un joven adolescente, se acerca sigiloso:


- Tenemos que irnos – Le dice al cazador – Nos han encontrado.


Con la cara desencajada por el miedo, el joven padre, coge en brazos a su pequeña hija, y la lleva en volandas, mientras corre desesperado.


- Esto no es vida para ella – Le dice al muchacho que le ha avisado del peligro – He de hacer algo…


El joven muchacho mira a Serena y sonríe al verla reír y cantar:


- Corremos con prisa, saltamos el árbol, nos gustan las pisadas de los seres fantásticos.


- ¿Qué seres? – Le pregunta el joven adolescente a la niña – ¿Los conocemos? ¿Son mágicos?


Serena mira con incredulidad al chico, y no responde.


Por fin llegan a las tiendas de campaña, escondidas en la maleza:


- Tienes que guardarme el secreto Roberto – Le dice el joven padre al muchacho – Serena tendrá que quedarse en la aldea cercana. Mañana buscaré a sus nuevos padres…


Roberto no comprendía, porque aquel hombre quería deshacerse de su pequeña:


- No quiero ayudarte… Serena es una niña especial y llena de vida. Trae felicidad y bondad en donde está… no puedes abandonarla…


El joven padre no responde, se da media vuelta en su improvisado colchón de hojas, y da unas silenciosas buenas noches al chico. Éste lejos de dormirse, decide coger a la niña y salir corriendo de allí.


Pero el padre los ve.


- Roberto… No hagas eso – Le grita – Tienes que comprenderlo… Serena es muy niña aún… nunca me recordará. Nunca sufrirá mi perdida. Es el momento de hacerlo… tiene una labor que cumplir…


Pero Roberto no lo comprende… piensa que ese hombre se ha vuelto loco. Quiere a Serena y no desea que sufra, pero… ¿abandonarla? No. Eso nunca.


El chico sigue corriendo con la niña dormida en brazos, hasta que tropieza y cae.


La niña se despierta asustada y llora desconsolada:


- Papá – Protesta - ¿Dónde estás?


Su joven padre llega a su lado y la recoge delicadamente:


- Estoy aquí Serena – La tranquiliza – Ven, vamos a un lugar maravilloso y lleno de comida y calor… Seguro que te gusta.


Serena sonríe cansada y se queda de nuevo dormida, sintiendo la protección de su padre:


- Esta noche dormirás en una cama… Y mañana, y el otro y el otro… nunca dejaré de pensar en ti, te seguiré cuidando hija mía… aunque no estemos juntos…”


Este relato lo encontré la otra noche debajo de mi almohada.

Lo firma Roberto… El joven adolescente.

No lo he visto hoy en todo el día y nadie sabe dónde está.

En vez de resolverme las dudas que tenía, esta historia, no ha hecho más que acentuarlas…

Mi padre huía de algo… No sé por qué…

Vivíamos felices…

Me abandonó…

Sigo perdida…

Os seguiré contado.

Hasta pronto.

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13/7/11

“El Hombre De La Capa”





- Yo conocí a tu verdadero padre – Me dijo Roberto, el hombre alto de la capa – Era algo huraño, pero sabía bien lo que se hacía.

Comenzamos la conversación por la tarde, en la posada de mis queridos padres, y se extendió hasta altas horas de la madrugada.

- No entendía como alguien tan capaz, era tan insensato de dejar abandonada a su propia hija.

¿Mi padre capaz? No era la historia que yo conocía de él. Se lo dije:

- Era una persona miedosa y llena de ideas preconcebidas… Eso es lo que yo conozco.

- No era así para nada, Serena – Me dijo Roberto – Antes de que decidiera dejarte en la posada, tu padre era una persona muy aceptable – Concluyó, mientras torcía la boca.

Desde que nos encontramos con ese hombre, las cosas en la aldea, creo que han ido a mejor, a pesar de algunos detalles de mis dos amigas, algo preocupantes.

Hemos visto a más habitantes de la ciudadela, que salían de sus casas, con algo de recato.

- No pasa nada – Decía Roberto – Todo ha pasado ya, amigos. Ellos – Nos señalaba – Han regresado y ahora todo estará bien.

- No lo comprendo – Le decía Estrella con la actitud firme – No tiene ningún sentido lo que dices.

El hombre se reía sin descanso, sin responder a la perdida Estrella.

Roberto, ríe a carcajadas. Desde que los vimos la primera vez, no para de sonreír y de reírse con ganas. Su rostro lleno de arrugas en las comisuras de los labios y en los ojos, denotan que la risa forma parte de él desde siempre.

Sin embargo a Estrella eso no le gusta.

- No tiene gracia. Nada de gracia. Que hombre más extraño… - Me dice cuando hablamos de él – Pero claro, que te voy a decir a ti, si estás todo el día pegada a sus pantalones…

Estrella ha cambiado. Y también Jota. Ésta sigue como en un mundo de fantasía. Continúa creyendo que Roberto es alguien malo y deseoso de venganza:

- Los maestros son sus cómplices – Dice sin remordimientos – Creo que es hora de que nos vayamos las tres de la aldea, Serena…

Este viaje está resultando algo curioso.

Al principio no sabíamos bien lo que pasaba en el Norte.

La destrucción era total, decían.

Una vez aquí, observamos que la desolación de la aldea es silenciosa.

Parece un pueblo abandonado y de la noche a la mañana, comienzan a salir personas de sus casas, con el rostro algo desencajado y sin muchas ganas de hablar.

- Mis padres ayudaron a los desconocidos… nos ayudaron a nosotros… - Susurré cerca de Jeno.

- Serena – Me respondió con su calma habitual – Tus padres han cumplido con su labor. Ellos sabían lo que tenían que hacer, desde que te aceptaron en su posada.

- ¿Y mi verdadero padre? Roberto dice que era muy listo y para nada insensato… ¿Qué le llevó a abandonarme? Creía que había sido por culpa de la magia y sus ideas extremistas.

- Tal vez lo sepa Roberto… - Me dijo mi amigo – Me ha comentado que conoció a tu padre. Dice que creció con él…

Le miré con dudas.

- Eso no lo sabía – Respondí en murmullos – La otra noche no me lo dijo… Acabamos de madrugada y tuvimos muchas horas para hablar... – Dije decepcionada.

- Te lo dirá, Serena – Me tranquilizó Jeno – Roberto nos va a ayudar a cada uno de nosotros. Estoy convencido de ello.

Con aquellas palabras misteriosas, Jeno se fue a buscar frutos junto a mi primo.

- Recuerda amiga – Me dijo desde la lejanía – Los desconocidos traen la dicha al pueblo. Nosotros somos mágicos.

Sigo desconcertada por los acontecimientos.

Parece como si todos mis amigos, se estuvieran volviendo algo locos. Cada uno a su manera, eso sí.

¿Estaré yo igual de ida que ellos?

Voy a buscar a Roberto.

Necesito saber más.

Besos para todos. votar

6/7/11

“Los Desconocidos Somos Nosotros”



Josué ha podido comunicarse telepáticamente con el Maestro Lorenzo.

Le ha explicado que la desolación de mi aldea, se debió a los miedos de sus habitantes.

- Siempre han pensado que el fin del mundo estaba cerca… - Me dijo mi primo ayer – Al final, sus previsiones se han hecho realidad…

- ¿La profecía autocumplida? – Preguntó Jeno – No sabía que fuera cierta.

- Lo es amigo – Le respondió Josué – Lo es.

Me quedé mirando a los dos maestros, esperando sus explicaciones, cuando Jota llegó corriendo a donde nos encontrábamos:

- He visto a alguien del pueblo – Dijo asustada – Un hombre alto con una larga capa… Me ha dado miedo.

- ¿Has hablado con él? – Pregunté.

- No. He salido corriendo – Respondió Jota apenas sin respiración.

- No os preocupéis – Intervino Josué – Vamos todos juntos.

Hizo un gesto con la mano, para que lo siguiéramos.

Jeno comenzó a andar, pero Jota me agarró del brazo y me paró en seco:

- No os he dicho otra cosa… - Susurró – Esa figura me resultaba muy familiar. Creo que lo conocemos.

Sin esperar a que terminara de hablar, tiré de mi amiga para emprender la marcha.

- No pasa nada Jota – La tranquilicé – Es todo más fácil si nos dejamos llevar.

Cuando llegamos al lugar señalado, Josué hablaba amigablemente con el hombre alto:

- No entiendo como han llegado sin mis indicaciones – Me dijo mi amiga entre dientes - ¿Estás segura de que tu primo sigue siendo tu primo?

Miré a Jota, que parecía haber perdido la cordura:

- ¿Por qué piensas tanto? – Le dije – No estés tan nerviosa… Seguro que todo tiene una explicación racional.

Llegamos a donde estaban los maestros y el hombre alto. Éste me miró con la expresión de reconocerme:

- Y esta es Serena – Dijo mi primo al hombre.

- Ya la conozco – Respondió – Tenía ganas de volverte a ver.

Aturdida ante aquellas palabras, intervine con un tono algo alto:

- No creo que nos conozcamos – Le dije – Nunca le he visto.

El hombre asintió.

- Dice – Comenzó a explicar Jeno – Que hace unos meses, antes de que el Norte sucumbiera, una chica con un grupo de jóvenes, vinieron a la aldea.

- Fue el principio del fin – Reconoció el hombre – Pero os diré algo… Es lo mejor que podía haberle pasado a la ciudadela. Tantos miedos y terrores… así no se podía vivir.

- ¿Qué quiere decir? – Pregunté más calmada – Yo llevaba más de dos años, sin venir aquí. Se ha debido de confundir.

- Eso me dijiste que dirías – Explicó divertido el hombre – “Los desconocidos volverán para saber lo ocurrido”, me dijo uno de los viajeros. Y así ha sido…

No entendía aquellas palabras, hasta que Jeno y Josué, me revelaron algo que yo no sabía:

- El Maestro Lorenzo me dijo la otra noche, que había aquí un hombre con la habilidad de la telepatía – Dijo mi primo.

- Ese hombre sabe quienes somos, porque dice que ya nos ha visto – Continuó Jeno – Fuimos la clave del inicio.

No parece muy coherente todo lo que está pasando.

Dicen que los desconocidos somos nosotros.

Que si no hubiéramos llegado hace unos meses aquí, el Norte nunca se habría derrumbado.

No lo entiendo.

Todo vuelve a parecer un sueño…

¿Es posible que esté soñando?

Os seguiré contando.

Hasta luego. votar