30/8/11

"Acercamiento"



- Yo sé que tú eres alguien muy especial – Me dijo mi verdadero padre – Te conozco desde hace mucho…

No quise escucharle…

Ya nos hemos ido de la cueva y yo sigo teniendo sueños reales sin descanso.

Jeno sigue a mi lado. Sin preguntas y sin apenas hablar.

- No te preocupes Serena… si no quieres saber nada de ese hombre, no importa. Tienes que estar tranquila. Todo ocurrirá según lo previsto.

Tan misterioso como casi siempre, mi amigo me dejó una hora sola, para que pudiera pensar.

Al cabo de ese rato, mi primo se acercó a mí:

- Serena… Tu padre me ha dado esto – Me enseñó una hoja arrugada en su mano – Yo le he dicho que no quería saber nada, pero ha insistido…

Me entregó la carta.

- Me ha dicho que él no la ha escrito, que cuando se despertó la otra noche la tenía al lado… - Dijo Josué con cara de no entender.

- De acuerdo primo – Le respondí – La leeré… no pasa nada.

Dice que no la ha escrito él… ya todos sabemos que ese hombre es sonámbulo y que es capaz de hacer muchas cosas mientras duerme… los discursos que dio en la cueva, lejos de esclarecer las dudas de quién es esa persona, las han acentuado.

- Somos seres sin grandes ideas – Gritaba el anciano con los ojos cerrados – Volvamos a vivir sin prisas y sin miedos… el pasado lo merece.

Sin muchas ganas, me senté al lado de un frondoso árbol y comencé el relato:

La historia se centra en mí. En mis dudas y en mis aciertos. Siempre que miro atrás, compruebo con desanimo como todo lo que ha ocurrido, parecía inevitable que así pasara.


Mis años ya de investigaciones, lo confirman. Somos seres llenos de energía que no pararemos hasta que la hayamos destruido por completo…

Las personas que nos creen y que confían en nosotros, corren serios peligros de ser encarcelados y perseguidos de por vida. Tanto ellos como sus familiares…

Si todo fuera sencillo… si de verdad hubiéramos encontrado la clave de la felicidad y de la dicha…

Pero no. Aquí seguimos llenos de miedos. Las gentes de algunas aldeas, no hacen más que decir que el fin del mundo se acerca. Y es cierto. Así es. Las personas sabias y llenas de miedo se unen en este sentido.

Somos seres llenos de energía destinados a apagarse sin remedio. Los días están contados… ni siquiera las profecías nos dan consuelo… nada puede ser peor… nada es peor…

Las alegrías del nacimiento de maestros, me llegan desde los puntos más remotos. 

Parece que algunas culturas están abiertas a la esperanza… otros sin embargo…

Mis antecesores comprenderán lo que digo si me quieren escuchar. He de regresar al pasado… solo así me entenderán, solo así sabrán que lo que digo es cierto…

Hay una esperanza. Algo que nos mueve a todos a sobrevivir. Somos tan especiales, que ni siquiera nos damos cuenta de ello…

Sé que no todos querrán escuchar. Y sé que volveré a ser perseguido… pero las horas 
pasan y llegan tiempos de necesidad. Es el momento adecuado de hacerlo… no queda más remedio”.

Dejé de leer. Las palabras se juntaban en aquel texto, pero no había lógica en ellas. Si mi padre había escrito eso, hablaba de ir al pasado… y aquel hombre tenía miedo de todo lo relacionado con los viajes en el tiempo y el espacio. O eso creía.

Esta noche voy a hablar con ese hombre que parece loco. Voy a acercarme con cuidado.

Hasta luego.
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23/8/11

“Una Parada”


Hemos parado en la cueva. Nos quedaremos aquí varios días. Ya nadie queda. Pensé que volvería a ver a los viajeros…

En la penumbra de la solitaria cueva, escucho el pasar del tiempo. Apoyo mi cabeza en la roca… la roca que tiene vida, la roca que habla.

Su silencio dice tanto como mis sueños…

He vuelto a soñar. He vuelto a ver sueños reales y llenos de enseñanzas.

Los necesitaba…

Aunque mi verdadero padre me desconcierta y me repele…

No tengo ganas de verlo ni de hablar con él. Josué dice que me acerque. Yo no quiero.

Mis amigas parece que están mejor que antes. Ambas ya ríen y bailan sin miedos.

Jeno está a mi lado. No se mueve de la roca fría. Yo le agradezco su esfuerzo. Me gusta mucho su 
compañía.

Rodeo sus piernas cansadas, cada vez que me levanto para dar una vuelta. Necesito estar sola a pesar de todo. Y de todos.

No entiendo como Josué no me dijo nada de que mi padre vendría… Dice que no quería preocuparme y que debía de ir al segundo encuentro con él.

Aún no sé cómo es posible que mi llamado padre, tuviera de maestro a Lorenzo…

Como digo no quiero hablar con ese hombre taciturno y embustero… no me apetece ni tan siquiera preguntarle.

Los sueños hablan por él y por mí.

Anoche vi a mis ancianos padres llenos de juventud y de risas.

Sentí que estaba en un sueño real, porque mi cuerpo comenzó a moverse sin yo quererlo.

De repente un fuerte ruido me “despertó” dentro del sueño.

Ambos se miraban con amor y se reían mientras charlaban amigablemente en una de las mesas de la posada. Lo raro de la escena, es que ellos estaban allí de invitados y no de dueños.

Yo les observaba desde detrás de una puerta y una chica joven les atendía.

Parecía como si quisieran hablar con aquella muchacha. Se les veían tan contentos…

- Otra ronda – Gritó un hombre rodeado de otros muchos – Mañana es un gran día. Volvamos a brindar.
Entre gritos, ruidos de tazas chocando y aplausos, pude escuchar la conversación que mi querido padre y la muchacha, estaban teniendo:

- Nosotros estamos muy interesados – Le decía mientras la miraba fijamente a los ojos – Necesitamos esta posada. Somos buenos trabajadores… no te arrepentirás.

La mujer miró al hombre que acababa de brindar, e hizo un gesto afirmativo:

- De acuerdo… quedaros con la posada… Yo necesito huir y alejarme de este lugar. No entiendo bien porque desean quedarse aquí, pero ahora vienen tiempos de penumbra… todos nos vamos. Ha llegado el momento.

Mi madre sonreía sin mucho interés en lo que decía la chica. Mi padre concluyó:

- Queremos tener hijos. Nos gusta la tranquilidad de un pueblo silencioso. No nos importa lo que ocurra en el exterior, mientras nosotros estemos bien aquí dentro…

Mi sueño se terminó. Mis amigas vinieron a buscarme con mucha energía:

- Vamos Serena. Es hora de enfrentarte a tus miedos. Vamos a ver a tu padre.

Sorprendida ante las palabras, luego pude saber a qué se referían. El anciano hombre, de pie en mitad de la explanada de la cueva, hablaba en voz alta con los ojos cerrados:

- Es sonámbulo o algo así – Me dijo divertida Estrella – Es mejor no despertarlo.

Con la sospecha de que aquellas palabras sin sentido, tendrían algún significado, decidí quedarme en la cueva, al lado de la fría roca.

Hasta pronto.

Os seguiré contado.


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17/8/11

“A La Torre”






Ha pasado tanto tiempo… y sin embargo, es como si el reloj no se hubiera movido.


Todos los recuerdos vagos que guardaba en mi mente, están saliendo casi sin esfuerzo.

Mi verdadero padre dice que hay fanáticos en todos lados:


- Nos quieren hacer mal, hija – Me dijo con un soplo de aire – Son ratas que viven para hacer sufrir a otros como yo.

Le miré e hice un gesto de incredulidad:

- ¿Quién eres tú? ¿Cuántos hay como tú?

Con la expresión de alguien que tiene muchas ganas de hablar, comenzó:

- Soy un perseguido, Serena… Un tramposo que no sabe como pedir perdón.

Su mirada era clara y llena de sabiduría. Algo que hasta ese momento, no había visto en él.

- ¿A quién? – Pregunté convencida de que la respuesta sería: A ti, hija… ¿A quién más sino?
- A todos los de la torre, a todo el sur, a todo el norte, a todo el este, a todo el oeste… - Tragó saliva – A todos los del pasado, a todos los del fututo, a todos los que una vez confiaron en mí…

- Te perseguían… ¿Eras un fugitivo? – Quise saber, sin apenas haber prestado atención a lo que acababa de decir.

- Mírate hija… eres una chispa de vida, una magia en el universo de la desesperación… todo gira en torno a ti…

No quise mirarlo en todo el encuentro. Esta vez, fui sola. Josué pensó que sería la mejor de las opciones:

- Él no quiere verme… yo tampoco a él… - Me confesó serio mi primo – Es un hombre aciago, lleno de miedos y de penumbras… tienes que hablar con él, pero yo no.

Taciturno, Josué se fue en busca de Jeno, que ya había comenzado los preparativos para regresar a la torre.

- En unas horas me voy – Le anuncié al extraño hombre – Necesito saber solo una cosa… - Guardé silencio - ¿Por qué me abandonaste?

La cara del anciano no gesticuló. Se quedó inmóvil y apenas pudo abrir la boca:

- Yo no te abandoné Serena – Dijo con un hilo de voz – Me obligaron. Si no te llego a entregar en la posada… algo muy malo nos habría pasado.

- ¿Eres quién dices ser? ¿Mi verdadero padre?

- Si hija… Créeme… Lo soy.

Miraba a la nada, mientras decía aquello.

- Me engañaron… me dijeron que te vería, que estaríamos juntos cuando fueras mayor… me prometieron que serías feliz…

- Y lo he sido… - Respondí – Eso es cierto.

- Yo lo he intentado – Dijo  tambaleándose – Apenas lo he conseguido…

Su mirada parecía sincera.

- Me gustaría ir con vosotros a la torre – Me soltó sin previo aviso – He de hablar con Lorenzo.

Extrañada y algo atemorizada, pregunté:

- ¿Conoces al Maestro?

Mi padre asintió, mientras susurraba:

- También fue mi maestro… hace mucho, mucho tiempo…

Los chicos vinieron a buscarme justo en ese momento:

- Vámonos Serena – Me gritaron desde lo lejos – Está todo en orden.

Miré desconcertada a mi primo que hizo un gesto afirmativo con la cabeza:

“Lo sé prima – Me dijo con telepatía – He hablado con Lorenzo. Tu padre se viene con nosotros…”.

Estamos en el camino de regreso a la torre. Antes pasaremos por la cueva y si tenemos tiempo, descansaremos unos días allí.

Este hombre, me sigue a cada paso que doy. Está feliz…

Yo estoy agotada.

Hasta pronto.

 


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10/8/11

“La Duda”



He ido al encuentro con mi verdadero padre.

Me he topado con un hombre anciano, lleno de miedos y de dudas.

- El tiempo y el espacio no se han roto – Me dijo nada más verme – Los astros tenían razón… estás hecha toda una mujer.


Ante aquellas primeras palabras, tomé precauciones y apenas le abracé:

- ¿Los astros? – Pregunté.

-  Si hija querida. Y las cartas… todo estaba predestinado a que pasara.

La cara de ese hombre desconocido, se iba desencajando por momentos.

-  ¿No sabes nada de lo que te digo? – Preguntó con un hilo de voz.

- Claro – Respondí - Lo enseñan en la torre… todos aprendemos de todo… también la historia de las artes adivinatorias y como ponerlas en práctica.

Josué, al que había pedido encarecidamente que me acompañara al encuentro, me tocó el brazo:

-  Serena tiene muchas preguntas – Dijo dirigiéndose a mi padre – Ella no está muy convencida, de que realmente seas quien dices ser…

Los ojos de aquel hombre se abrieron, llenando su expresión de terror:

- Soy quien digo ser – Afirmó – Y no entiendo porque has tenido que venir acompañada Serena – Me dijo mirándome fijamente a los ojos.

 No hablé casi nada durante todo el encuentro.

La idea que tenía de esa persona, parecía afianzarse con cada segundo que pasaba.

- Los dueños de la posada… - Comenzó a hablar.

- Mis padres – Apuntillé.

- Sí, tus padres… - Dijo el hombre de la voz cansada – Nunca me dejaron ir a verte. Contactaba con ellos todas las semanas, a través de cartas. Y eso, que no era lo convenido…

- No es verdad – Dije – Ellos eran buenas personas. Nunca habrían hecho algo así.

- Créeme hija, es cierto – Respondió titubeante.

- No voy a confiar en ti – Le espeté seria – Mis ancianos padres ya no están para defenderse… y yo confío en ellos.

Josué me vio tan alterada, que decidió acercarse a mi verdadero padre y susurrar algunas palabras cerca de su oído.

- Ya está Serena – Me dijo mi primo cuando acabó de hablar con el desconocido – Nos vamos. Esta mañana he hablado con Jeno y ha llegado el momento de volver a la torre. No tenemos tiempo de nada más.

Es cierto que yo había pedido a Josué que viniera conmigo al encuentro. También es verdad, que le dije que si me ponía muy nerviosa, hiciera cualquiera cosa para poder irnos, pero… aquel modo de cortar la conversación… aún no sabía todo lo que necesitaba… así que reaccioné mal:

- No tienes que protegerme primo. Este hombre tiene mucho que explicar – Indiqué casi gritando – Yo no me voy del Norte hasta que no me diga porque me abandonó.

Ambos se me quedaron mirando, sin abrir la boca.

- Vale. Lo sé… no estoy siendo coherente ni estoy serena – Dije – Pero esta situación va más allá de lo que puedo afrontar.

Josué hizo un gesto afirmativo y me dio la mano.

- De acuerdo Serena – Me tranquilizo – No nos iremos a la torre hasta que tengas todo esto resuelto… pero ahora… no es el momento. Nos vamos a la aldea.

Sin mucho rechistar seguí a mi primo, no sin antes, quedar con mi verdadero padre para otra ocasión.

Hay algo en el ambiente que nos está perjudicando a todos los de la torre.

Jota y Estrella siguen en sus trece. Los maestros no hacen caso. Pero yo creo que llevan razón. Tenemos que irnos pronto. El aire de esta aldea, sigue “contaminado”…

Mañana iré de nuevo a ver a ese hombre que afirma ser mi padre.

Necesito respuestas. Necesito volver al inicio de todo.

Os seguiré contando.

Hasta luego.



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3/8/11

“Un Día Para El Encuentro”




Por dónde empezar, mi querida hija.


Hace tiempo que te busco sin esperanzas.


Esta mañana he visto a Roberto. Él me ha dicho que estabas en la aldea donde te dejé, hace ya tantos años.


Convencido de que no estabas ya entre nosotros, he vivido con la certeza de que el fin de los tiempos, está más cerca que nunca.


Habrás oído hablar mucho sobre el tema. Imagino que en tu vida, han aparecido muchas dudas y muchos miedos.


Hoy es el día, Serena. Hoy es el día de encontrarnos de nuevo.


Si tú quieres, claro.


Roberto me ha dicho que estás bien. Que eres una gran persona.


Yo no lo dudo. Pienso que hice lo mejor al dejarte en la posada.


Es posible que no me entiendas. Pero te aseguro, que es lo que tenía que hacer.


Desde aquel día, no hay noche que no llore tu ausencia.


Hoy es el día, hija.


Me repito, porque tengo la necesidad de saber que realmente vendrás a la cita.


Necesito verte, abrazarte y decirte que me perdones.


Nunca quise hacerte daño.


Los acontecimientos llegaron, casi sin darme cuenta.


Y hoy… hoy es el día, pequeña…


Es el día”.

Roberto ha regresado a la aldea. Ha traído consigo esta carta, y una hora y un día para el encuentro.

Mi verdadero padre quiere verme. Dice que nunca quiso hacerme daño y que tenía que abandonarme…

Le he preguntado a Roberto el porqué del abandono, y él con su peculiar alegría, me he respondido sin respirar :

- Serena… ese hombre… ese hombre no hizo bien al dejarte. Pero era necesario. Eres quién eres hoy, por lo que has vivido… y con tu verdadero padre, no habrías vivido…

Con desazón, miré al que creía desaparecido:

- He tenido una gran vida, es cierto. Y nunca eché de menos nada. Mis padres me ofrecieron toda su energía y su amor. He trabajado mucho… es verdad. Pero no tengo resentimiento a nadie. Ni a mis ancianos padres, ni a ese hombre, que tantas ganas tiene de verme… - Le dije también, sin respirar.

- Pues gracias – Respondió – Creía que te enfadarías si iba a buscar a tu padre. Por eso me fui sin decir nada.

- ¿Sabías donde estaba desde el principio? – Pregunté indignada - ¿Y por qué no me lo dijiste?

Roberto se escondió detrás de su capa y murmuró:

- Para mí el tiempo no ha pasado, Serena. Aún soy ese adolescente preocupado, que acompañaba a tu padre. Él seguía en la ladera del monte… muy cerca de aquí. Y yo lo intuía. De cierta forma lo sentía. No sé cómo explicarlo.

- Creo que no hace falta que lo hagas – Dije sin miramientos – No sé si fiarme de ti ni de esta carta – Apuntillé, mientras apretaba fuerte en mi mano el trozo de papel.

Roberto me miró con miedo.

- Tienes que ir a la cita, Serena. El tiempo y el espacio, se romperán si no los haces…

Con aquella misteriosa frase, el hombre se alejó con prisas, mientras mascullaba palabras como chicle:

- No dejes de ir… no dejes de ir… el tiempo y el espacio… yo mismo… la aldea… el norte… el miedo…

Cuando se alejó, tuve claro una cosa: ese no era el Roberto que yo había conocido días antes.

No sé quién es, pero no es la misma persona.

Voy a pensarme si ir a la cita, antes de irnos de la ciudadela.

Por fin todos hemos decidido algo conjuntamente…

En cuanto el norte se restablezca por completo, regresaremos a la torre.

Lo necesitamos.

Hasta pronto.


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