26/10/11

“Una Admiradora”



He visto a mi madre. Curiosamente, vino con Valentín la otra noche, sin yo decirle nada.

Cuando el cocinero llegó a mi habitación, me dijo:

- Sé que quieres convencerme para que te traiga a la otra Serena… - Comenzó a hablar mi amigo, mientras intentaba esconder detrás suya a la mujer – Pero eso no es posible.

Después de esas palabras, aquella persona desconocida entró en el cuarto:

- ¿Quién es? – Pregunté.

- Tu madre – Dijo el cocinero asombrado ante mi reacción – Bueno… la madre de la Serena de esta época.

- Hola – Dijo con un grito la mujer.

- Hola – Respondí sin creer lo que me decían - No es verdad, ¿no? – Pregunté a mi amigo – Esta persona no sé parece en nada a mi anciana madre.

- ¿Anciana? – Volvió a gritar la supuesta madre – Yo no soy tan vieja – Dijo entre dientes.

Valentín no quiso saber nada más y se despidió:

- Mira Serena… A mí me da igual que no te lo creas… pero esta mujer es quién dice ser. Y yo he de 
regresar a la cocina… Vuelvo en una hora.

Nos quedamos solas, observándonos con sigilo:

- Entonces… - Me dijo – Tú eres la que llaman Serena.

- Sí… Yo era la única Serena que había, antes de irnos al Norte (de donde procedo).

- Ya lo sé… En eso si coincidimos… Toda mi familia es de allí. Bueno… menos mi hija y mi marido, que los conocí aquí en la torre.

Sin dar crédito a aquella conversación, fui directa:

- No eres la madre de Serena, ¿verdad?

La mujer agachó la cabeza.

- No pasa nada. Me lo puedes contar – Le dije en confianza.

- No soy quién digo ser, es cierto… pero nadie en esta realidad lo sabe.

Pasmada ante la confesión, me senté en mi cama con la mente en blanco:

- Hace años que digo ser la madre de Serena – Continuó la mujer – Llegué a esta realidad perdida de otras épocas, y me encontré con tu padre y contigo… Bueno, con tu otro yo. Serena era muy niña y tu padre… había perdido la memoria por completo. Lo único que recordaba es que en algún momento algo ocurrió y el cielo se oscureció.

Respiré profundamente y la interrumpí:

- De acuerdo… No eres quién dices ser… mi padre no tiene memoria… pero… ¿Cómo es posible que ni si quiera lo sepan los maestros más ancianos de la torre?

- Yo tampoco lo sé, Serena. Solo sé que conseguí ser un poco más feliz de lo que era en mi triste aldea… Tierra Opaca no es un buen lugar donde crecer – Me dijo casi en sollozos.

- ¿Somos de la misma ciudadela? – Pregunté extrañada.

- No creo – Dijo ella – Puede que se llamen igual, pero en mi aldea hubo unos tiranos que nos maltrataban… nadie podía salir de allí sin ser visto, ni capturado.

- ¿Y cómo escapaste? – Quise saber.

- Tuve suerte, imagino… - Dijo mientras recordaba lo sucedido – Una noche dejé la posada junto a un familiar que vino a vernos, y…

- Un momento – La interrumpí – Estás contando mi historia… ¿Dónde la has leído?

- No la he leído… lo que te cuento, me pasó a mí. Yo era una joven con muchas inquietudes y…

- Por favor, no sigas hablando. Está claro que algo no cuadra. Tú no eres la madre de Serena, pero tampoco eres yo misma… No continúes hablando… Dile a Valentín que venga. Es urgente.

Mi supuesta madre se fue de mi cuarto algo apesadumbrada:

- Lo siento Serena… Nunca quise hacerte dañó. Siempre te admiré.

Mi madre no es más que alguien que leyó sobre mí…

Cuando llegó el cocinero le pregunté si había visto a la Serena de la que hablan:

- No. Nunca la he visto. Sí lo ha hecho tu madre y tu padre… ¿Por qué?

Le conté al cocinero que esa mujer era una admiradora mía... Y que se lo había inventado todo.

- Pero yo vi a tu padre… - Me recordó mi amigo.

Aún no entiendo quién es la persona que se está haciendo pasar por mi anciano padre…

Lo descubriré.

Besos para todos.



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19/10/11

“Planeando”



- Recapitulemos – Me dijo Jeno anoche en mi habitación – Todas las Serenas de todas las realidades, tienen algo en común.

- ¿Sí? – Pregunté con ganas de saberlo - ¿Qué?

- En primer lugar, todas sois perseverantes – Asentí – En segundo lugar, no creéis nada que no experimentéis por vosotras mismas.

- ¿Estás diciendo que somos cabezotas e incrédulas? –  Observé mientras miraba fijamente a los ojos de mi amigo.

Jeno no se inmutó. Continuó tomando lentamente la sopa especial del cocinero.

- Es la mejor de todos los tiempos – Dijo, señalando a la comida – Si pudiera elegir, me llevaría a Valentín a cualquier época a la que fuéramos…

- ¿El cocinero no viene? – Indagué.

- Parece que no – Me respondió rápidamente Jeno – Ha convencido al Maestro… Yo sé como lo ha hecho… - Dijo con tono de suficiencia.

- ¿Cómo? – Dije entusiasmada.

Jeno me miró con una leve sonrisa en sus labios:

- ¿Sabes cocinar tan bien como Valentín? - Negué con la cabeza – Pues eso – Apuntilló el joven maestro.

Aún no nos hemos ido, y yo sigo averiguando como quedarme en esta realidad.

En unas horas, el cocinero ha quedado en venir a hablar conmigo:

- ¿Cómo eran mis padres? – Le digo todos los días cuando me trae la comida a mi cuarto - ¿Cómo son? ¿Los has vuelto a ver? ¿Puedo verlos?

Mis preguntas nunca tienen respuesta. Bueno sí… Un simple: “No puedo hablar de eso, Serena… Y lo sabes”.

Y lo sé, dice… Pues no lo sé. De tanto insistir, he conseguido que Valentín me cuente lo que sabe:

- No sé mucho amiga… Pero intentaré solventar tus dudas.

En realidad, no quiero que me cuente lo que no sé. Quiero verlos con mis propios ojos, hablar con ellos, abrazarlos…

Y sí… Tal vez Jeno tenga algo de razón en como soy… No me vale tan solo con escuchar algo de mis ancianos padres… Necesito verlos y preguntarles a ellos acerca de mi otro yo.

- ¿Sabes que eso es imposible, verdad? – Me ha preguntado Jota hace un rato, mientras leía un libro.

- ¿El qué? – Me he hecho la despistada.

- No vas a engañar a Valentín. No te va a contar más de lo que puede contarte. Y no creo que esté dispuesto a poner en peligro su estancia en esta realidad por ayudarte.

- Puede que tengas razón – Le he dicho - Pero por eso, he planeado como hablaré con él. Ya verás como consigo que traiga a uno de mis padres a mi habitación.

En poco tiempo viene el cocinero. Para entonces, estaré preparada.

Hasta luego.



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12/10/11

“La Piedra De La Luna”



- Una sirena – Me dijo Josué muy tranquilo – La he visto en sueños. Y me pareció tan real, que no puedes hacerte una idea lo feliz que me hizo.

- ¿Qué dices, primo? – Le pregunté ansiosa – No entiendo nada de lo que dices. Viste una sirena en tu sueño, y me dices que las sirenas viven en el mar y que tienen cola de pez… ¿Estás bien?

Josué no dijo nada, tan solo me miró sin expresión.

Jota estaba a su lado, y le cogía de la mano:

- No es para tanto amiga – Señaló – Cuando Josué dijo que te lo explicaría todo, se refería a este sueño real que tuvo… Te lo he dicho… Él no sabe nada de nada.

Que insensatos. No quieren que me quede en esta realidad. Dicen que el futuro depende de eso. Y para colmo, me han encerrado en mi habitación sola.

- ¿Y por qué soy la única que no puede salir? – Le dije a Lorenzo ayer – No es justo. Josué y Jota están todo el día en el patio (lo sé porque los veo y hasta han hablado conmigo)… Y…

El anciano fue más rápido que yo y me interrumpió:

- Las dudas que tienes son normales. Está bien Serena. Los demás no tienen que esconderse de su otro yo…

Pensé en mi primo y en Pablo. Parece que el Maestro me leyó la mente:

- No es lo mismo – Afirmó – Ellos son de realidades y épocas distintas.

- Claro… Y la supuesta Serena de esta realidad y yo, también – Respondí más confundida que convencida de mis palabras.

- ¿Estás segura? – Preguntó el anciano misteriosamente – Yo solo sé que desde que fuisteis al Norte, las cosas cambiaron… desde que tu verdadero padre apareció algo se rompió.

- ¿En el pasado? ¿En el futuro? ¿Cuándo? – Mascullé sin ganas.

- En el presente, Serena… En el presente. Recuerda, todas las épocas están conectadas. Algo hizo ese hombre…

Dejé de escucharle. En mi cabeza solo oía el relato de fantasía que mis queridos padres me contaban de pequeña:

Y una luz brillante, llego sobre el lago de las altas montañas. Sin mirar atrás, la afortunada muchacha de tez luminosa se dejó caer en el agua. Su pelo, su ropa, su cuerpo se mojaron, pero ella continuó con las estrellas bordadas en sus ropas. La chica magullada, agarró la piedra de la luna y la apretó fuertemente contra su pecho: “Las estrellas, la luna y el agua, son mi casa. A ellas regreso sin dudar. Sin miedo…”.

- Serena, ¿me escuchas? – Me alertó el Maestro – Llevas más de diez minutos sin hablar y creo que no me prestabas atención… ¿Me equivoco?

No se equivocaba, pero no se lo dije. Asentí, sin haber escuchado nada de lo que me había explicado.

Todas las creencias que tiene Lorenzo, parecen esa historia de fantasía que me contaban mis padres. No tienen sentido. Sin embargo, algo ha cambiado en esta realidad, porque no me dejan ver a la supuesta yo… Y me tienen encerrada como una fugitiva… Iba a ser maestra de la torre, era importante en otras épocas… ¿Qué ha pasado? ¿En qué parte del camino me quedé?

Estoy muy cansada. Voy a dormir y espero que a soñar con las respuestas.

Hasta pronto.



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5/10/11

“Perdidos En El Tiempo Y El Espacio”





- No sois de esta época – Así de firme fue el Maestro, cuando todos llegamos a su habitación – Y tenéis que iros.

Jota se quedó mirándome, con miedo:

- Y si no somos de esta época… ¿De dónde somos? – Preguntó mi amiga sin comprender.

- Yo sé que no soy de esta época – Dijo el cocinero.

- Y yo – Intervino Pablo.

- Ni siquiera tú lo eres – Le dije a Lorenzo mientras rodeaba con uno de mis brazos a Jota.

- De acuerdo… - Comenzó a hablar de nuevo el anciano Maestro – Me he explicado mal…

En esos momentos Estrella entró en la sala.

- ¡Estrella! – Gritó Jota con alegría - ¿Cómo es que estás aquí?

- Muy bien… Ya estamos todos – Concluyó Lorenzo.

- No lo sé… Ha sido todo muy raro. Ayer por la noche, algo dentro de mí, me empujó a regresar a la torre. Aún seguía en el camino y no recuerdo haber tenido sueños telepáticos…

- Estrella se ha explicado muy bien – Dijo el Maestro – Hay algo dentro de vosotros que no pertenece a este lugar ni a este tiempo. Valentín habla.

Lorenzo se giró hacía el cocinero que se mantenía calmado, sentado en una silla al fondo de la habitación:

- He visto a tus padres Serena – Dijo con intriga.

- No puede ser… Mis padres están muertos – Respondí.

- No lo están. Por lo menos, no en esta realidad.

Nos quedamos inmóviles.

- Vinieron a verme al comedor y me explicaron que eran maestros de la torre, desde hace años.

- ¿Mis ancianos padres? ¿Maestros? – Pregunté incómoda.

- Sí… y no solo eso. Conocían a Serena… pero no sabían quién era la Serena que había llegado estos días a la torre. O sea… no sabían quién eras tú, amiga – Valentín hizo un gesto de fatiga.

- ¿Y eso que significa? – Pregunté.

- Pues que vuestra realidad o ha sido modificada o es que no es la vuestra – Dijo el Maestro – Tenéis que iros.

Asustada y con la cara desencajada, a Jota le dio por reír a carcajadas:

- Claro… Y luego dirás que nunca hemos existido…

El Maestro no pestañeó:

- ¿Qué ocurre? ¿Es así? – Preguntó Jeno.

- Pues claro que no, amigos – Dijo casi en susurros el anciano – Pero no podemos desafiar a las leyes del tiempo y del espacio… Tenéis que iros esta misma semana. Cuando lo tenga todo preparado. 

Mientras tanto no quiero que salgáis de vuestras habitaciones. ¿Me habéis entendido?

- Yo no me quiero ir… - Se quejó Pablo, al fondo de la sala.

- Tú no te tienes que ir, pequeño – Le dijo Lorenzo tranquilo – Te necesitamos en esta realidad. Tienes una de las claves del futuro de tus amigos.

- ¿Tú no vienes, Maestro? – Le pregunté.

- No. He de quedarme. Tengo que hablar con tus padres. Es importante que comprendamos las conexiones entre las distintas realidades.

- Yo me quiero quedar entonces – Le dije convencida.

- No puedes… Te encontrarías con la otra Serena.

- ¿Y si la otra Serena es una farsante? ¿Qué haremos? – Indagué - ¿Y si el cocinero no es de verdad él y nos está engañando?

Valentín me miró con recelo.

- Soy yo, Serena – Me quiso tranquilizar, algo enfadado.

Ya no sé en qué ni en quién confiar. ¿Y si todo esto vuelve a ser una trampa de mi mente?

Llevo toda la semana encerrada en mi habitación, planeando con quedarme en esta realidad (si es otra realidad).

Esta noche iré a hablar con Jeno y con mi amiga Jota. Creo que están igual de perdidos que yo… El único extrañamente tranquilo con todo esto, es mi primo. Es como si ya supiera lo que iba a pasar.

Os seguiré contando.

Hasta luego.







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