27/6/12

“Grandes Cambios”



Recuerdo un paraje solitario. Al fondo, se divisaba una montaña cubierta de nieve…
Yo aún no había nacido.
Miles de tribus caminaban por aquellas colinas agrestes.
El agua era lo que les daba la vida.
En la penumbra de mi habitación, todavía puedo distinguir el silencio de aquellas marchas hacia ninguna parte. Todo estaba por descubrir…
Las profecías se equivocaban. No soy la protagonista de la historia… de nuevo.
Las personas que viajaron en el pasado más remoto, me miran cada noche a mis ojos cerrados.
Los siento.
Sé que están muy cerca, aunque no los veo cuando despierto.
Ellos gritan con todas sus fuerzas. Quieren que seamos uno, que les conozcamos y les sigamos.
El ruido de la guerra se acalló durante décadas… nadie murió a causa de ningún arma humana. Los grupos se reunían y se unían en grandes círculos, dando cada uno lo mejor de sí mismo.

Lorenzo no quiere que siga recordando:
- No son tus recuerdos – Me ha dicho – Tienes que hacer caso omiso de esas alucinaciones, Serena… corres el peligro de enloquecer.
- No tengo miedo de eso – Le he respondido una y otra vez – Ya sé donde está la línea que separa la locura y la razón… apenas se distingue… es cierto… pero ya no tengo miedo.

Los chicos del patio han decidido salir de la torre.
- Aquí nos ahogamos – Me dijo Francisco antes de partir – Vente con nosotros.
- No puedo – Dije con algo de pena – Aún me quedan muchas cosas que hacer aquí… aunque no sea tan importante como las profecías y los eruditos decían… sé que hay algo que debo hacer… La torre tiene que despertar del todo.

Jota por su parte, ha emprendido una aventura nueva. Ella y Josué están esperando un hijo… Mi primo no quiere que crezca en la torre, aislado del mundo… Los dos son apasionados viajeros… como los nómadas de entonces, como aquellas tribus que atravesaban las montañas sin nada…
También se van… en cuanto se preparen. Ya han elegido el lugar donde nacerá su hijo. Y vivirán en todas partes, rodeados de nuevas gentes y nuevas experiencias.
Ha sido una semana tan larga y curiosa…
Veremos que me depara la siguiente.
Hasta luego.

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20/6/12

"Visitantes de Dormitorio”


- Cuéntame lo que te pasó de adolescente – Me dijo Francisco muy serio – Las profecías de las que hablan los expertos, se basan en que tú eres especial por algo… He escuchado…

El chico tragó saliva.

- He oído – Continuó – Que aquella persona que sepa predecir el futuro y encontrarse en el pasado, será visitada por aquellos que tienen el poder en todas partes… Esos seres eligen a unos pocos y les fomentan el don de la profecía.

Sonreí.

- No te lo creas… Pero tienes que contarme lo que te pasó… sé que ocurrió cuando vivías en tu ciudadela… Habla.

Cuando el chico calló, a mi mente, vinieron multitud de recuerdos enterrados en lo más profundo de mi mente.

- Es cierto – Le dije – Ahora lo veo… Aunque experiencias parecidas, las volví a tener hace un tiempo no muy lejano, no me dieron tanto terror como entonces...

Y comencé a relatarle, algo de mi adolescencia, que nunca le había contado a nadie:

El tiempo se paró.

No estaba sola en aquella habitación. Por lo menos, yo no me sentía sola, aunque no se veía a nadie.

Una larga sombra negra, se mantenía de pie cerca de mi cama.

En un instante, se sentó encima de mí, mientras yo permanecía inmóvil y tumbada en mi cómoda cama.

No podía hablar. No podía moverme. Apenas podía respirar.

No sé que quería aquel ser, y tenía miedo.

Mi garganta estaba seca y deseé beber un litro de agua.

La sombra, seguía presionando mi cuerpo y a mí cada vez me costaba más respirar.

Luché por moverme y lo conseguí. Con mucha dificultad y muy despacio, lo hice.

Hubo unos instantes, que creí que moriría ahogada.

A la noche siguiente y a la siguiente, aquello ocurrió de nuevo. No sé cuantos días duraron aquellas visitas. Solo sé que fue una época difícil en la aldea y para mí.

- Serena – Habló el chico – Por ahora, es suficiente. Sigue recordando. Es importante.

Francisco se alejó del centro del patio, donde nos encontrábamos y yo rendida, me senté en el suelo casi sin fuerzas.

Muchas imágenes se agolpan ahora en mi cabeza.

Sigo escribiendo.

Hasta luego.


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13/6/12

“Dentro del patio”


Los chicos del patio me están enseñando.

No es una asignatura como las que damos en las salas de la torre… es algo más que eso.

Saben mucho de la historia, del poder y de la guerra.

Comprenden como nadie a las personas más sencillas del lugar.

Me han recordado a mis ancianos padres. No necesitaban grandes cosas para ser felices… aunque hay algo que los chicos de la torre tienen y que mis padres no tenían… Ellos se mueven y son capaces de protestar.

Mis padres y la mayoría de la gente de mi aldea, decían que no querían problemas:

- Tú no te metas en líos – Me aconsejaban – No hagas mucho ruido y así no pasará nada malo.

Pero se equivocaban… al final pasó… y creo que el estar callados por tanto tiempo, propició la desgracia.

El miedo en el cuerpo es un sentimiento que me inculcaron desde pequeña.

Aquel grupo de personas temerosas de todo, no gritaban si no les decían que lo hicieran.

Eran como esclavos de los que gobernaban en la alta montaña… eran sus sirvientes.

La lluvia no nos daba tregua y la oscuridad de las gentes, se fue apoderando de sus almas.

Nadie sonreía en aquellas calles. El ruido, la algarabía, el amor, se habían esfumado como humo entre las manos.

A veces, a mí me costaba respirar. Las presiones del silencio lo llevaba mal, y mis padres lo sabían. Tal vez por eso, fueron tan generosos en dejarme marchar hace ya más de tres años.

- Si quieres que las cosas cambien – Me dijo Francisco, uno de los chicos portavoces – tienes que hacer que tu mente y tú alrededor cambie.

- Pero… ¿Cómo? – Pregunté.

- Lo sabes… Nadie mejor que tú sabe lo que has de hacer en cada momento. Piensa, reflexiona y luego, lo más importante, actúa.

Miré la estantería, que tenían montada en el patio. Estaba llena de libros prohibidos en otras épocas.

- No hay que temer al cambio – Dijo Lucía – El cambio forma parte de la evolución. Sin él… no avanzamos.

Por momentos, me iba encontrando mejor, rodeada de aquellos chicos y chicas con tantas aspiraciones.

- ¿Y qué puedo hacer yo? ¿Puedo ayudar aquí?

Los estudiantes se miraron entre ellos, sonriéndose.

- Claro – Dijeron a la vez – Te esperábamos Serena. Hace tiempo…

Con un apretón de manos y un abrazo, terminamos sellando nuestro acuerdo.

Colaboro con ellos desde entonces.

Soy una más, intentando descubrir por qué soy tan importante en las viejas profecías.

Sin duda, lo descubriré.

Hasta pronto.
 


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6/6/12

“Profecías”


Un grupo de sabios de la torre han tenido una reunión. Dice mi primo, que son expertos en la era de nuestros antepasados… concretamente de la época de las guerras y las luchas sin sentido.

Lorenzo no ha querido volver a hablarme de su experiencia en el pasado. Creo que está algo trastornado por ello.

A pesar de todo, los estudiantes y en general, la vida en la torre, sigue siendo agradable y tranquila.

Tan solo, hay algunas personas que han decidido hacer una especie de paro en sus que haceres, y se han instalado en el patio central… me han recordado tanto a los chicos del patio…

Gritan y lanzan consignas al aire a favor del chico encerrado. Dicen que es una artimaña de los maestros más poderosos de la torre.

Aún no me he acercado a hablar con ellos, pero esta misma tarde pienso hacerlo.

De lo que sí me he informado, gracias a mi amigo Jeno, es de lo que hacen los llamados sabios:

- Son personas de todas partes. Norte, sur, este y oeste, se han unido para llegar a una conclusión o a varias – El joven maestro no parecía estar muy de acuerdo con aquellas conversaciones –Creo que quieren hacernos creer que lo que está pasando, ya lo habían predicho otros muchos, hace años.

- ¿Profecías? – Pregunté incrédula.

- Sí… Profecías… conjeturas sin sentido… - Jeno suspiró – Pero ellos encontrarán los lazos que unen a sus predicciones con la realidad.

Decidí acercarme a la gran sala de reuniones… quería verlos con mis propios ojos.

Sabía que pasaría, así que no me sorprendí, cuando un chico mayor que estaba en la puerta, me prohibió el paso:

- Solo autorizados – Dijo con voz ronca.

- Tengo que hablar con… - Titubeé – Me están esperando – Dije con tono serio, para que sonara real.

- Lo siento Serena – Dijo el chico – No puedo dejarte pasar.

- ¿Sabes quién soy? – Pregunté asombrada.

El chico tragó saliva.

- No he dicho nada… No puedes pasar – Se puso más erguido y serio.

- ¿Por qué me conoces? – Quise saber.

- No puedo decírtelo… solo te diré, que me han dicho expresamente que tú no entres…

Aturdida ante aquellas noticias, me recompuse.

- Bien… no pasa nada. Iré a ver al Maestro Lorenzo… seguro que él sabe quién eres tú y por qué vas en contra de sus ordenes…

El chico estaba cada vez más nervioso.

- Lorenzo… ¿Él te deja pasar? – Dijo en voz baja.

- Sé lo de las profecías – Mentí – Y sé que soy parte implicada en ellas – Inventé sin pensar mucho.

- Claro Serena – Respondió el joven – Pero no puedes pasar… primero hablaré con los sabios.

Mientras el chico entraba en la sala y hablaba con los ilustrados, pude escuchar:

“Esa chica es un peligro… lo dice más de una de las profecías que barajamos… No la dejes entrar… y que no te mienta… el Maestro Lorenzo hará lo que nosotros le digamos que haga…”.

Me fui corriendo antes de que el chico saliera de la gran sala.

Esta tarde me acercaré a los estudiantes que hay en el patio. Puede ser que ellos sepan algo…

Hasta luego.


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