25/7/12

“A Unos Metros”


Hemos tenido que dejar la torre…

El grupo de hombres ha hipnotizado a muchos de los maestros y estudiantes. Los que aún vemos la situación claramente, nos hemos ido.

Será solo por un tiempo. Hasta que se nos ocurra algo para echarlos.

Mientras tanto, acampamos a pocos metros de nuestro hogar. No somos muchos, pero cada día se nos unen una o dos personas.

El Maestro Lorenzo, no ha querido abandonar su puesto:

- Es aquí donde tengo que estar. Esta tarde juzgan a la maestra Ana y no puedo ni debo dejarla sola.

Lorenzo tiene razón. Seguramente los que nos hemos ido, no deberíamos de haberlo hecho… pero la situación se estaba poniendo insoportable...

Todas las mañanas, un grupo de vigilantes me seguían en mis tareas diarias. Cualquier acción que hiciera, era supervisada y etiquetada por ellos.

Si hablaba, tenía que ser con su permiso. Si callaba también...

Por eso, cuando Jeno me dijo el plan, decidí irme con ellos:

- Tenemos que hacernos fuertes Serena – Me dijo mi amigo – Pero fuera de la torre. Si nos quedamos, nos convertiremos en una sombra de quienes somos.

Sin embargo, las dudas me acompañan casi todas las noches. No sé hasta qué punto, huir es lo adecuado.

Una chica de unos treinta años, ha estado dando discursos muy serios desde una de las ventanas de la torre. Nos quieren convencer para que volvamos. Se la ve afectada y con muchas ganas de hacernos entrar en razón.

- Sobre todo, Serena – Gritó hace una noche – Tú, que sabes tanto y que has vivido tanto. Tienes que entender que el orden y los sacrificios son importantes para la supervivencia – La joven parecía mirarme desde a alta torre – Estas personas solo intentan ayudarnos. Sin ellos, estamos perdidos. Necesitamos orden. Necesitamos gente como vosotros.

Nada de lo que dice, parece tener sentido. Sin embargo, me ha hecho pensar.

Si no encontramos pronto una solución al problema, no podremos regresar a la torre nunca más…

El grupo de sabias maestras, se han unido hoy a nosotros. Espero que nos ayuden a buscar respuestas.

Os seguiré contando.

Hasta luego. 


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18/7/12

"Manipulación"

Nada es como parece.
Lorenzo lo dice a menudo:
- Los corderos no son tan dóciles como aparentan… dentro de cada uno hay un lobo al acecho, esperando la ocasión para atacar.
Sus explicaciones a los acontecimientos recientes en la torre, no me convencen…
La maestra Ana ha sido encerrada por un grupo de hombres, que llegaron a la torre hace unos días.
Todos y cada uno de ellos, se creen los dueños de todos los demás…
Llegaron haciendo mucho ruido, gritando sin parar y obligándonos a obedecerles.
A pesar de que la torre es un lugar mágico, muchos maestros y maestras, se han dejado embaucar por ellos. Entienden lo que han hecho y lo que están haciendo:
- Es necesario… como cuentan que están las cosas fuera de la torre, es normal que tengamos que hacer sacrificios… Y poner orden… - Daniela, la joven maestra de Relaciones, estaba convencida de sus palabras.
- Nada ni nadie es necesario… pero, todos somos parte de la misma cadena y si se rompe una… nos caeremos sin remedio – Jeno quiso convencer a Daniela – Si atacan a algunos sin motivo…nos hacen un flaco favor al resto.
Las discusiones estos días, se han incrementado. El constante murmullo de voces, no ha parado desde que esos hombres, llegaron con su acusación falsa hacía Ana.
- Está mujer ha cometido miles de infracciones en el mundo real – Gritó el hombre más mayor del grupo – Ha gritado y manipulado a un pueblo entero. Tal vez a dos.
Ana no ha podido defenderse de esas falacias.
Lo curioso del asunto, es que esos hombres rudos y antiguos, actúan exactamente como dicen que Ana ha hecho: gritando, usurpando y manipulando.
La duda que me surge ahora, es si los habitantes de la torre, seremos capaces de expulsar a esos nuevos inquilinos.
Casi nadie quiere ir en contra de ellos… muchos permanecen callados, haciendo sus tareas sin rechistar y con algo de miedo:
- Déjalo Serena  -Me dijo el nuevo cocinero, mientras se llevaba los platos del desayuno – Es mejor dejar las cosas como están. Nosotros a lo nuestro y punto… que se encarguen otros de los problemas.
El estar apagados, no nos conviene… Los abusadores, sin embargo, están muy felices de la situación… cuantas menos quejas tengamos, mejor para ellos…
Por eso, esta misma tarde, Jeno, un grupo cada vez más numeroso de concienciados y yo, nos reuniremos en la sala gris. La unión hace la fuerza…
Conseguiremos echar a esos hombres de la torre…
Ana podrá defenderse…
En poco tiempo, lo conseguiremos.
Hasta luego.

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11/7/12

“Experiencias en el Mar”

Ana nos ha contado como descubrió el mar. Nos lo ha descrito con tantas señales, que nos ha dado la sensación a gran parte de la torre, de que por unas horas, estábamos inmersos en sus profundas y gélidas aguas con sal.
- Cuando llegué a la costa – Comenzó la sabia maestra a narrar – un grupo de niños me ayudó a llevar mis cosas al albergue. Era un pueblo muy pequeño y apenas veían gente foránea, por lo que yo era una diversión desconocida para muchos.
Alguien de la sala interrumpió a Ana, que moviendo la cabeza levemente de un lado a otro, hizo un rápido gesto de que no era el momento de preguntas.
Continuó con su historia:
- Había pasado días encerrada en una cabaña en las montañas más heladas, así que cuando llegué, la claridad del cielo y del mar, me perturbaron de una forma curiosa.
Deseaba  ir hacía donde se veían las olas. Poca gente se bañaba en el agua, ya que había mucho viento y la fuerza del mar era notable.
Pero yo me decidí y lo primero que hice después de acomodarme fue ir a la arena de la playa.
Respiré como si nunca lo hubiera hecho.
Mis fosas nasales se llenaron de ese líquido azul y me hizo estornudar varias veces.
Me desvestí y me adentré en el agua. Estaba fría pero era agradable sentir el tacto de las olas en mis pies descalzos.
Un chico rubio corrió hacia mí, me miró divertido y me cogió de la mano y comenzamos a profundizar en la gran masa de agua.
Poco a poco, otros niños y niñas del lugar, se unieron a nosotros. No se veían a muchos adultos por allí, por lo que me imaginé que eran huérfanos… Luego supe que no. Sus padres y madres estaban trabajando. Algunos en el mar, otros en el centro del lugar, o en sus casas. Era una aldea segura para todos. Nadie tenía miedo ni desconfiaban los unos de los otros. Me recordó a algunas torres que he conocido en mis largos viajes por el mundo.

Una chica levantó la mano. Ana frunció el ceño, pero la dejó hablar:
- Dime – Señaló - ¿Qué ocurre?
- Creo – Dijo la joven – Que yo he soñado con esa escena. Recuerdo haber tenido miedo y haberme bañado en un sitio repleto de agua. Había tanta agua que no se divisaba su fin.
- Así es – Apuntó la maestra – El mar es tan inmenso que no se ve su fin… - Cerró los ojos, respiró sonoramente una vez, y al abrirlos afirmó - Creo que has tenido un sueño purificador.
La estudiante se quedó paralizada, pero con ganas de saber de qué se trataba ese sueño.
- Has superado tus miedos y te has encontrado contigo misma. Has limpiado tus tristezas y desconfianzas…. Enhorabuena – Le dijo – Has dado un paso muy importante para tu desarrollo.
La joven sonrió feliz y aliviada.
Muchos se acercaron a ella, al finalizar la charla, formándose un corro a su alrededor. Querían saber más acerca de aquella experiencia curativa.
Está siendo muy refrescante tener aquí a Ana. Más desde que Jota y mi primo, se han ido de la torre. A pesar de echarlos mucho de menos, las clases con la nueva maestra, me absorben muchas horas.
Hasta luego.

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4/7/12

“Ana de las Montañas”

Hemos vividos rodeados de señales.
Desde el principio de los tiempos, los aventureros se han dejado guiar por ellas.
Los presentimientos eran parte de la vida cotidiana.
Aquí en la torre, los hemos aprehendido sin miedos.
Los mal llamados expertos, se fueron hace pocas horas.
Después de días y días de reuniones, han decidido escapar:
- No entendemos porque toda la torre defiende a esa chica – Les escuché decir – Ella no debería seguir entre estas paredes… sabe mucho más de lo que dice.
Es cierto que sé mucho… bueno, yo no… mis antepasados y mis yo futuros, saben mucho.
Yo solo sé que no sé casi nada. Lo que consigo incorporar a mi experiencia, lo atrapo y lo absorbo para que no se vaya. Soy una esponja llena de curiosidad.
Esta semana he tenido mucha suerte…
He conocido a Ana. Una mujer sabia del Sur, que ha venido a la torre a dar unas charlas. Es una persona de baja estatura y cabello blanco. Sus pequeños ojos, denotan todo lo que ha vivido.
Cuando Lorenzo me dijo que vendría una maestra nueva, quise saber mucho más de ella. Mis inquietudes, me decían que iba a ser alguien importante para todos nosotros.
- Vengo de un pequeño pueblo, escondido entre montañas – Comenzó narrando su primera clase magistral – Todas las mañanas las campanas de la torre principal de la aldea, sonaban con fuerza… a las seis de la mañana todos nos levantábamos y comenzábamos a vivir de nuevo.
Irradia felicidad por donde pasa. Sé que me quedan muchos escondites para terminar de conocerla, pero desde que llegó tengo la sensación de que hemos sido mucho más, que maestra y alumna.
- Uno de mis platos preferidos es el pescado crudo encima de arroz – Dijo Ana a viva voz.
La clase quedó en silencio. Todos se miraron con intriga…
¿Pescado crudo?
- Es uno de las comidas que he aprendido a cocinar. Esta misma noche, estáis toda la torre invitada en el comedor. He traído unos sabrosos pescados del sur – Dijo tranquila.
A pesar del revuelo inicial,  las personas que escuchamos a Ana, fuimos a cenar pescado crudo. Ella le dio un nombre al plato, que casi nadie supimos repetir.
Nos ha traído felicidad y una chispa de vida.
Os seguiré contando.
Besos para todos.

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