27/2/13

"El Principio del Camino"



Las realidades alternativas, los pasados que nunca se produjeron, el presente que nunca pasó o el futuro imaginado por unos pocos,  eran una quimera para los antepasados...
Sin embargo, una vez que los mundos cambiaron, en el momento en que fuimos conscientes de nuestro gran poder individual y de grupo, esas diferentes realidades, dejaron de ser inalcanzables.
Como os conté, algunos vivíamos encerrados en poblados oscuros, alejados de toda magia y de todo avance.
Yo fui una privilegiada... Vivir en la posada, me permitió desde pequeña, descubrir grandes historias de viajeros, de ermitaños y de habitantes de los lugares más lejanos.
A pesar del silencio y de los días sin luna, muchos aventureros del norte, sur, este y oeste, aparecían en la posada, bien caída la noche...
Nos contaban o escuchábamos como relataban sus viajes y encuentros.
Algunos hablaban de ese lugar lleno de agua salada. Un paisaje azul y blanco, lleno de aves y de viento.
Una pintora de la torre, ha coloreado hace poco ese paisaje tan lleno de luz.
Unas pinceladas que comenzó el querido Maestro Lorenzo, hace mucho tiempo.
Desde que observé la maravilla de ese arte en lienzo, he sentido la necesidad de seguirlo y de  dibujar yo también las estelas de mis sueños.
Algunas noches, me quedó sola en la gran biblioteca, rodeada de los libros de los antepasados, y me sumerjo en esas láminas llenas de historia y de vida.
La vela se van consumiendo a cada hora que pasa, pero apenas noto ese paso del tiempo...
Cuando me quiero dar cuenta, ya es hora de acostarme.
A pesar de todo, me llevó a la cama esos dibujos mágicos, ya que los sueño por la noche y me iluminan las veladas en que no me puedo dormir.
Mi cabeza se llena de esa magia pintada. Puedo sentir y recordar aún sin haberlo vivido, miles de vidas y de horizontes ya desaparecidos.
Creo que mi intuición se está desarrollando a pasos agigantados...
Lorenzo lo sabía y comprendía la necesidad de irse, justo en ese preciso instante.
Yese ha cumplido muy bien su labor y me ha permitido colaborar estrechamente con él.
Me he sentido cómoda ayudando a mantener el equilibrio de la torre y de sus habitantes...
Ayer mismo, hubo una reunión sobre los designios del lugar.
Yese dio un discurso, donde el principal protagonista no era él ni su trabajo, sino todos los que le rodeábamos... Todos eran maestros de la torre, excepto por unos cuantos estudiantes. Todos hablamos y todos escuchamos. Supimos que había llegado el momento de avanzar hacia el futuro de esta realidad.
Estuvimos de acuerdo en hacer cambios en las clases y en la forma de actuar con cada uno de los residentes de la torre.
Es posible que este sea el principio del camino, pero está claro que en un futuro paralelo, el camino ya está marcado y trazado casi sin esfuerzo...
Tan solo nos resta seguirlo.
Voy a continuar con mis pinturas.
Hasta luego.


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20/2/13

"Los Antepasados"


Hace tiempo comenzó mi viaje hacía la torre.
Han pasado pocos años pero a mi me han parecido décadas.
La magia, a pesar de conocerla desde niña, no se hizo patente y real hasta que no salí de mi desaparecida aldea junto a mi primo Alex, María y Josué.
Los caminos del norte eran fríos. Las grandes montañas nos rodeaban por todas partes...
Cuando llegué al sur, dejé de ver ese paisaje inmenso, aunque los bosques estaban llenos de la misma energía.
Recuerdo haber andado descalza por el césped mojado, sin pensar en nada, sin saber lo que me depararía el camino.
Aún no conocía los viajes en el tiempo y en el espacio.
Todavía no había visto la muerte tan cerca ni tampoco había navegado en mis sueños.
Sin embargo, me acuerdo que era ya quién soy. Mis conocimientos no me definían como Serena...
Es curioso que en la época de los antepasados, eran los conocimientos los que marcaban las diferencias. También la edad...
No se tenían en cuenta otros aspectos de las personas y muchas cosas giraban alrededor de un papel normalmente sucio.
Creo que los que hablaban de telepatía, los tachaban de orates sin remilgo alguno.
Y se comunicaban con aquellos aparatos electrónicos tan curiosos que conocí cuando estuve en mi viaje al pasado...
Las tecnologías salvaron tantas vidas...
Y casi de la noche a la mañana, desaparecieron sin más...
Sé que avanzamos a pesar de todo, pero dejamos muchas cosas buenas en el camino.
La telepatía se desarrolló por necesidad y muchos de los que no se supieron adaptar, perecieron o enloquecieron rápidamente.
Otros se encerraron en pueblos oscuros, como mi ciudadela Tierra Opaca, y dejaron que unos pocos los gobernaran bajo amenaza de perderlo todo... Aunque ya estaba todo perdido...
La torre fue mi renacimiento.
Y el avance de muchos descubrimientos y hallazgos necesarios para continuar con la aventura.
La torre seguirá aquí aunque desaparezca.
Siempre estará presente.
Aquí y ahora.
Hasta luego.

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13/2/13

"El Ermitaño"

Cuando vivía en la posada con mis ancianos padres, todas las madrugadas olía a pan recién hecho.
Aún quedaban muchas horas para el amanecer, y ya mi padre amasaba sin descanso al lado del gran horno de la cocina.
Los hambrientos viajeros, devoraban el pan recién hecho, mientras escuchaban las historias y aventuras de sus viajes.
Recuerdo una época en la que los que venían a la posada, no paraban de hablar de seres fantásticos al otro lado de las gélidas montañas.
Seres de otra época, con largas barbas y sombreros puntiagudos.
Vivían en los bosques más frondosos y se llamaban a sí mismos ermitaños.

Una noche tuvimos la suerte de conocer a uno.
Llegó a la posada cuando estábamos a punto de cerrar.
Los pocos clientes que quedaban, al verlo llegar, salieron corriendo como si les hubieran obligado a reaccionar ante la presencia de aquella persona.
Mi anciano padre le puso uno de los panes de la mañana, y una copa de vino:
- Es ya tarde - Dijo con la voz baja - ¿Va a tomar la sopa del día o prefiere algo con más sustancia?
El ermitaño levantó la cabeza, apartó su gran sombrero de la cara y lo miró mientras hacía un gesto afirmativo:
- Legumbres, entonces - Afirmó mi padre si pestañear.
Creo que aquella fue una de las primeras veces, que vi como alguien utilizaba la magia dentro de la posada.
La telepatía de aquel ser, me impactó, a pesar de que no sabía exactamente lo que había hecho.
El ermitaño se descalzó y se acercó a la chimenea.
Tenía los calcetines agujereados.
Se sentó en una silla y puso los pies en un taburete cercano.
- Llevo días caminando - Dijo, mirando al fuego - No he comido caliente desde que...
Guardó silencio...
Continuó hablando cuando observó a mi madre detrás de la mesa de vinos:
- Tampoco he bebido nada desde hace días...
Mi madre se acercó al hombre, que había dejado sus viandas en la mesa, y le ofreció otra copa de vino.
El ermitaño la cogió y olió su contenido:
- No bebo de esto - Dijo señalando la copa llena de líquido rojo - Hace años que dejé de beber estos menjunjes... - Suspiró - ¿Tenéis agua?
Mi madre salió corriendo a la cocina a por un vaso de agua, asombrada de que un hombre de su edad, no tomara la bebida más deseada por los pueblerinos.
Yo permanecí en un rincón de la sala, sin apenas respirar.
Aquel gran hombre, se volvió en su silla y me miró:
- Eres una elegida - Me dijo - No creas nada que no seas capaz de comprobar por ti misma.
Yo era muy pequeña y apenas presté atención a las palabras del ermitaño. Tan solo miraba su larga barba y su original sombrero.
Sin embargo el ermitaño, continuó hablándome:
- Cuando estés en tu destino, recuerda... Nada es lo que aparece. Ni tan siquiera cuando lo creas todo seguro...
Hablaba con galimatías y yo no dejaba de mirarle la barba.
Mi anciana madre entró en el comedor y le dio una gran jarra de agua.
El ser la cogió entre sus dos manos.
Bebió como si nunca lo hubiera hecho.
- Es el momento de irte de a la cama - Gritó mi madre con voz dulce - Venga señorita, que mañana tienes que madrugar.
Los recuerdos del ermitaño habían desaparecido de mi memoria.
Esta mañana me he despertado pronto y recordándolo todo.
Aquel ser grande y sabio se parecía mucho a Lorenzo.
Nunca regresó a la posada, pero yo nunca olvidé su presencia y sus ropajes.
Creo que decidí ser como él en algún momento de mi adolescencia...
Si él era un ser mágico, yo quería ser también un ser mágico.
Aunque sus palabras no las escuché hasta esta mañana, cuando mis recuerdos afloraron con la magia de la torre.
Voy a caminar hasta el bosque.
Hasta luego.

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6/2/13

“El Silencio de la Nada”


Vuelvo a ser quién era.
Aunque nunca dejé de ser yo…

Mi estado letárgico terminó y una mañana desperté con mucha hambre…

- ¿Huele a pan recién hecho? – pregunté nada más abrir los ojos.

Jota dio un grito de alegría y se abalanzó sobre mi cama:

- Serena – Respiró tranquila- Ya estás aquí.

Después de un largo abrazo, me ayudó a levantarme y a vestirme, ya que después de tantos días inmóvil, no me valía por mí misma.

Fuimos directas al comedor a paso lento, mientras mi amiga me contaba la experiencia de Jeno y de Yese:

- A los pocos días de que sus cuerpos cambiaran, dejaron de hablar y pasaban muchas tardes sentados en uno de los bancos del patio – Jota me agarraba con fuerza, como si pensara que iba a salir corriendo – Hasta que dejaron de moverse de sus habitaciones y de sus camas…

Jota sonreía a cada palabra que salía de su boca.

- Se hicieron ancianos… - Suspiró – Y tú también, ya lo sabes…

Llegamos al comedor.

No había casi nadie, y Jota fue a buscar al cocinero. Antes de irse, me miró y me dijo:

- Serena… Espérame aquí sentada. No tardo nada – Su mano rozó mi hombro y se fue canturreando.

Aquel día estuve comiendo tan solo pan. Era lo único que me apetecía y disfrutaba con cada bocado, como si nunca hubiera aprendido a comer.

El tiempo estaba como estático. Todo parecía estar enlentecido. No solo yo…

Había vuelto a ser joven y sin embargo, no me sentía así…

Ni anciana tampoco.

Sentía un profundo vacío en mi interior, que me confortaba y me hacía estar muy tranquila y feliz.

“Has conocido el silencio de la nada”, creí escuchar en mi cabeza. “Y se ha instalado en tu interior”.

Antes pensaba que aprender de cada experiencia nos hacía evolucionar hacía algún lugar… Hasta que he experimentado ese silencio de la nada. Ahora sé que no existe ese sitio, que no hay una meta a la que llegar… Solo un camino del que aprender.

Las luces de los viajes en el tiempo y el espacio, se han quedado dentro de mí. He estado en otra época, en otro entorno muy distinto a la torre, y he sido yo todo el tiempo…

Tal vez así ocurren las transformaciones.

Hasta luego.

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